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La prostitución, un debate incómodo
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La prostitución, un debate incómodo

Por Mireia Ferré - Abogado

miércoles 18 de marzo de 2015, 06:41h
Trini es una prostituta de carretera. Pero no es de aquéllas de actitud provocativa, siluetas envidiables, faldas de infarto y tacones imposibles. No, Trini es una señora que debe rondar los 65 años, que desde que tengo uso de razón, veo en una carretera secundaria de los alrededores de Barcelona.


La he visto, esperando, con resignación y mirada baja, pasando frío y calor, año tras año, envejeciendo, encogiéndose, alargando sus faldas y tapando su escote.

Voluntariedad o violación de los derechos de la mujer

El trabajo sexual, es considerado aquél en el que hay un intercambio económico entre adultos, que actúan voluntariamente. Y actuar voluntariamente, con libre consentimiento y con autonomía, es tener la posibilidad de no hacerlo.

La clandestinidad, la poca visibilidad y la estigmatización de la prostitución, hacen muy difícil conocer el número real de personas que ejercen la prostitución, y en su caso, conocer si éstas verdaderamente lo hacen en libertad. Las estimaciones son de unas 400.000 mujeres dedicadas a la prostitución en España, y un sector en el que se mueven, según el INE, 10 millones de euros cada día, y supone el 0,35% del PIB, y según otras fuentes, de asociaciones de personas dedicadas a la prostitución, hasta 50 millones al día. La gran mayoría son mujeres, y un 90% son extranjeras, provenientes de los Países del Este, Latinoamérica y África Central, en situación de marginalidad y de pobreza, con poca formación, y sin apoyo familiar.

Muchas de las mujeres que ejercen la prostitución, lo hacen forzadamente, por haber sido engañadas y por estar amenazadas; otras lo hacen obligadas por las circunstancias, por su necesidad económica, por su situación irregular en el país, o por su adicción al alcohol, a las drogas o a relaciones tóxicas; y otras, entiendo que muy pocas, una pequeña minoría, lo hacen porque quieren, porque teniendo otras alternativas, han decidido libremente ejercer la prostitución.

El vacío legal de la Prostitución

La prostitución no es delito en España. El Código Penal establece penas para los proxenetas, por corrupción de menores y trata de seres humanos, pero no prohíbe la prostitución en sí.

Algunas ciudades españolas sancionan a través de sus Ordenanzas, la actividad de la prostitución en sus calles, principalmente al cliente y al proxeneta, aunque en algunos casos también a la prostituta, como Barcelona, Málaga o Granada. Aunque la prostitución ha seguido ejerciéndose en sus otras modalidades de prostíbulos o pisos de contactos. Las multas municipales, han demostrado no haber acabado con la prostitución, sino haberla trasladado a lugares menos visibles y alejados de los núcleos urbanos, es decir, más peligrosos para aquéllas que ejercen la prostitución.

Recientemente el Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, anunciaba que se iba a realizar una presión policial insoportable sobre los clientes de prostitución, en la lucha contra el tráfico de mujeres, sin más concreción.

Marco legal internacional

La prostitución es un debate incómodo. Naciones Unidas condena a aquéllos que organizan la prostitución o se benefician de las actividades, pero no prohíbe la prostitución como tal. La mayoría de países mantienen una actitud pasiva en la regulación de la prostitución, y pocos son los países que adoptan una política valiente, en sentido abolicionista o de su legalización. En la ambigüedad de la regulación, varios persiguen de facto, la prostitución, pero la mayoría no castigan a los clientes.

Derechos Humanos

El Estado, debe proteger los derechos y libertades, como el derecho a la dignidad y el libre desarrollo de la personalidad, establecido en el artículo 10.1 de la Constitución Española, y el derecho a la integridad física y moral, establecido en el artículo 15 del mismo texto.

Asimismo, debe asegurar la libertad (art. 17) y la igualdad (art. 14), de todas las personas, y garantizar las condiciones laborales necesarias, entre ellas, salud y seguridad en el trabajo, asistencia legal en los conflictos laborales y acceso a la formación.

Sin perjuicio de la opinión moral personal que podamos tener sobre la pornografía, los espectáculos eróticos o los espectáculos sexuales en vivo, lo cierto es que estas actividades son legales, y estas personas gozan de protección de sus derechos fundamentales y de sus derechos laborales, mientras que las personas que ejercen la prostitución, en España, se hallan hoy en día, despojadas de sus derechos y desprotegidas por el Estado.

Abolición versus Legalización

Hay quienes realizan campañas activas contra la industria sexual, exigiendo su abolición, porque consideran que degrada física y psíquicamente a las mujeres, y por estar relacionada con el maltrato sexual y el tráfico de personas.

Hay otros grupos feministas que han reevaluado el trabajo sexual, y consideran que muchas quienes ejercen, ganan un buen salario, y no encajan en el estereotipo de toxicómana pobre, sexualmente maltratada y forzada a prostituirse por las circunstancias (O'Neill, 2000), como la asociación de trabajadoras sexuales, Hetaira, que argumentan que la gran mayoría de mujeres ejerce voluntariamente y defienden su legalización, o como el Sindicato de Trabajadores Sexuales (IUSW), creado en Londres en el año 2000 y afiliado al sindicato de carácter general GMB, que considera la sindicalización como primer paso hacia la profesionalización del sector. En este sentido, según un estudio del Centro Investigación Sociológica de 2008, el 77,6% de los encuestados consideraba que la prostitución era un fenómeno inevitable y debía ser legalizada.

Experiencias de la abolición y de la legalización

Suecia, es el único país de la Unión Europa que tiene prohibida expresamente la prostitución desde 1999, habiéndola incorporado como delito para los clientes, en 2005, por considerarla una manera de explotación. Otros países nórdicos como Noruega o Islandia, la han prohibido también expresamente.

Suecia es un país destacado por sus políticas en defensa de la igualdad de la mujer, habiendo sido pionera en leyes como la ley contra la violación en el matrimonio en 1965, ley del aborto del año 1975, ley de violencia de género de 1998, derecho a un año y cuatro meses de baja de maternidad, derecho a una ayuda de más de 3000 euros mensuales durante 13 meses, así como ser uno de los países con mayor representatividad de mujeres tanto en el Congreso, con un 45% de los escaños, como en la alta de dirección de empresas, con un 36% de lo puestos.

Según el gobierno sueco, el número de personas dedicadas a la prostitución ha disminuido desde su prohibición a niveles residuales, así como también los casos de tráfico de personas.

Holanda, Alemania, Austria, Grecia, Hungría o Latvia, con algunas diferencias, tienen la prostitución legalizada, obligando a los trabajadores sexuales a dar de alta su actividad, con el consecuente pago de impuestos, cotización en la seguridad social y gozando de los derechos sociales.

Holanda fue el primero de los países europeos en legalizar la prostitución en el año 2000. Según una evaluación del propio gobierno holandés, en 2007, el 95% de las mujeres trabajaban sin contrato, con la consecuente ausencia de derecho a la seguridad social, el 60% no pagaba impuestos, y entre el 60% y el 70% se hallaban forzadas por grupos criminales. Frente a estos resultados, en 2009, se aprobaron medidas como elevar la edad de prostitución de los 18 a los 21, sancionar a los clientes de prostitución ilegal, y a las mujeres que no se registraran en el registro nacional.

Desde la legalización de la prostitución en Alemania, en 2002, la cantidad de trabajadoras sexuales que ha regularizado su actividad, han sido una minoría, por lo que la mayoría sigue ejerciendo la actividad clandestinamente, han aumentado los casos de tráfico de mujeres hacia Alemania, se han abaratado los servicios sexuales y ha incrementado el turismo sexual.

Por supuesto, estos pocos casos internacionales, no pueden servir para decantarnos por una u otra opción, pero sí indican ciertas tendencias, que son de difícil control, si no se abarca la prostitución como un problema global.

La violencia física o moral es incompatible con la dignidad

La jurisprudencia del Tribunal Constitucional establece que el alcance del derecho a la intimidad y la dignidad, viene marcado por el propio afectado, por el respeto hacia una mismo y hacia los demás. Y así, en este sentido, definir como digno o indigno un trabajo, dependerá de la propia persona.

Un anuncio del Pussy Club, en Stuttgart, rezaba “Sexo con todas las mujeres, durante el tiempo que quiera, las veces que quiera, de la manera que quiera. Sexo. Sexo anal. Sexo oral sin condón. A tres. En grupo. A una tarifa plana de 70 euros durante el día, y de 100 euros durante la noche.” Según datos policiales, 1700 clientes aprovecharon el ofertón, pero después en las redes sociales, hubo quejas de los clientes, porque tras algunas horas de sexo, las chicas ya no estaban a la altura.

En el hipotético caso que alguien escogiera voluntariamente, satisfacer a múltiples clientes por día, con penetración oral, vaginal, anal, teniendo que ser sometida y fingir placer, aún con todos los derechos que pudieran garantizarse, y mucho dinero que pudiera ganarse, no es un futuro muy prometedor para nadie.

Pero además, existen varios estudios que reportan la existencia de violencia en el ejercicio de la prostitución, tanto en el acceso a la prostitución, por tráfico de personas, como violencia física y moral, por los proxenetas, por los clientes, e incluso por fuerzas de seguridad, de las que hay algunas condenas en sentencias firmes.

Un estudio de la Asociación, española, de Mujeres de Noche Buscando el Día, realizado entre 450 mujeres de la prostitución, afirma que el 82% habían sido inducidas a la prostitución por proxenetas, y manifestaba que la mayoría tenía una visión distorsionada de la realidad, al haber tenido entornos de abusos sexuales y violaciones por parte del padre o familiar cercano en un 86%, agresiones físicas y psíquicas y verbales, y carecer de apoyo familiar en un 99%.

Un estudio oficial de Alemania, de 2007, tras la legalización, constataba que el 92% había sufrido abusos sexuales, el 87% violencia física, y el 59% violencia sexual. Una de cada dos mujeres sufría depresión y una de cada cuatro, había pensado en el suicidio, el 41% había consumido drogas en el ultimo año, y el 43% había sido victima de abusos sexuales en su infancia.

En España, entre 2010 y 2012, 20 prostitutas fueron asesinadas, en la mayoría de casos con brutalidad extrema. El 83% son consumidoras de sedantes, el 73% de antidepresivos, y el 66% de cocaína.

¿Qué debemos hacer con la Prostitución?

Francamente, me gustaría tener la solución, pero es tal el grado de complejidad, que reconozco que no la tengo. Sólo sé que debemos abordar el complejo problema de la prostitución, porque escondernos debajo de las sábanas, no hace que el monstruo desaparezca.

Necesitamos hallar una solución que no sólo efectiva, sino más humana.

Está claro, que en un mundo ideal en el que las mujeres adultas voluntariamente, libres de violencia física o moral, decidieran vender sexo, legalizar la profesión, les ofrecería una mayor protección en sus derechos. Pero ese mundo, hoy por hoy, creo que no existe. Por otro lado, aceptar la prostitución como forma de ganarse la vida, ¿Contribuiría a hacer nuestra sociedad un lugar mejor? ¿Fortalecería los valores de respeto, igualdad, y compasión? ¿Permitiría el desarrollo profesional de las implicadas?

Legalizar, me parece, es aceptar un mal menor, mejorar la situación de las mujeres dedicadas a la prostitución, en teoría, porque las experiencias internacionales no parecen demostrarlo, pero no es atajar el problema de raíz.

Nadie desearía para los suyos, la dedicación a la prostitución. Por ello, creo que la solución más humana, tiene que pasar por tratar a las personas como tales, y no como objetos sexuales, por proteger sus derechos, y respetar sus sentimientos, ilusiones o aspiraciones, y eso sólo lo veo posible, tipificando la compra de sexo, y adoptando medidas reales para acabar con ella, a la vez que ofreciendo salidas profesionales a las personas dedicadas a la prostitución.

Y mientras, Trini sigue ahí

Y mientras cada día miles de mujeres salen a vender su dignidad, yo, desde la seguridad y comodidad de un despacho, sigo elucubrando, sin tener la solución definitiva, sobre un tema que no me toca de cerca. O quizás más cerca de lo que crea, porque Trini, a su edad, sigue ahí. No porque sea una pervertida o una ninfómana, sino porque no ha tenido una vida de opciones. Y eso, no es vivir en libertad.

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