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    30 de abril de 2017

Opinió > Pere Rovira

La necesidad de descanso o desconexión de nuestro ritmo de trabajo o doméstico se están convirtiendo, en la sociedad actual, en una terapia cada día más obsesiva. Las vacaciones o el “finde” son deseados y programados con enorme interés y grandes desembolsos económicos.

El deseo de inmortalidad está impreso en la conciencia del ser humano. A lo largo de la historia ha aparecido mucha bibliografía con una orientación ideológica-racional y espiritual-esotérica que así lo confirma.
Durante las fiestas de Navidad, ha sido mucho más fácil expresar los buenos deseos de paz, amor y felicidad entre los amigos y los seres queridos.
Hace escasos días hubo un encuentro interconfesional en Assís (Italia). Se reunieron las principales confesiones religiosas del planeta, con un único y claro objetivo: LA PAZ. La Comunidad de San Egido fue la encargada de organizarlo en un lugar tan emblemático para la cristiandad.
Los jóvenes son las primeras víctimas de esta sociedad hiper-competitiva y sin escrúpulos para excluirlos. Observo con preocupación como la mentalidad consumista y hedonista se convierten en valores en alza (ej.: los móviles, la diversión sin control, el placer sin responsabilidad, la ausencia de sacrificio…).
La campaña electoral del pasado mes me ha confirmado una verdad que a menudo constato: la incapacidad de muchos políticos y de la sociedad en general (nosotros en particular) de la autocrítica.
El clima preelectoral nos acompañará durante varios días. Escucharemos a las diferentes opciones políticas en su afán de conquistar el tan preciado “voto” de los electores. Las tácticas serán diversas según la dirección que tomen les encuestas y el momento que respiren sus diferentes líderes.
Después de celebrar la Semana Santa como católico, con sus celebraciones y procesiones, me pregunto, ¿toda esta demostrtación tan generosa de amor, tiene sus frutos y sus consecuencias en lo cuotidiano? ¿Los cristianos expresamos con nuestra vida lo que ha significado y significa para la humanidad la Vida.
La historia nos ha demostrado en muchas ocasiones la capacidad dual del ser humano para ser un monstruo o un santo.
A lo largo de la historia el ser humano ha demostrado en muchas ocasiones su inclinación a apropiarse de todo, de sus méritos y logros, de sus conquistas y triunfos, del orden natural y todo aquello que hemos recibido como administradores.
Cuando se avecinan las fiestas navideñas, deberíamos preguntarnos sobre su significado y lo que ha representado y representa para nuestra sociedad de fuertes raíces cristianas.
El año pasado hubieron más de 105.000 divorcios. La información refleja una dura realidad, más allá de la cifra. Unos los justifican de una forma: el amor no es para siempre; otros apelan a la modernidad de la sociedad, otros la envuelven con el maquillaje de la libertad, etc. Me gustaría invitaros a una reflexión más profunda y menos estadística.
Es evidente que la sociedad contemporánea se encamina a una moral relativista, subjetiva y siguiendo los modelos y las modas ideológicas. Van despareciendo las verdades sólidas y permanentes en detrimento de las verdades utilitaristas y hedonistas. Todo es objeto de revisión y de replanteamientos interesados. Y cuando alguien se posiciona con voz crítica u opositora, surge la descalificación o la etiqueta condenatoria.
Las palabras expresan algo más que una mera comunicación interpersonal, nos sirven para conocer la cultura o el pensamiento predominante en la sociedad.
Cada día y con más frecuencia, las noticias sobre la inmigración y los refugiados copan los medios de comunicación.
Cada día aparecen noticias que manifiestan el desprecio más absoluto al derecho fundamental de la vida del ser humano. Desde las guerras más sangrientas y despiadadas hasta la muerte por hambre o insalubridad de amplias zonas del mundo, siendo los niños las víctimas más desprotegidas.
El pasado día 24 de febrero leí con cierta sorpresa en el diario ABC la siguiente noticia: “Las juventudes del partido liberal sueco defienden la legalización de la necrofilia (previo consentimiento del difunto) y del incesto (entre mayores de 15 años con su pertinente consentimiento)”.
¿A quien sirven los políticos?
Se avecina un otoño caliente en materia política. Ahora el verano es un buen momento para reflexionar sobre qué entendemos de esta materia y que podemos exigir a aquellos que nos representaran.
Las catástrofes humanitarias acontecidas en este último mes: el barco hundido de inmigrantes en el Mediterráneo y el terremoto en el Nepal despiertan las conciencias de nuestro mundo, ricos y autosuficiente.

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