11 de agosto de 2020, 14:15:08
Opinió


Imposturas

Por Lluis M Estruch

Enric Marco nació el 01 de abril de 1921 en el manicomio de Sant Boi. Mecánico jubilado, presidió la Amical Mauthausen (elegido en 2003), antes fue vicepresidente de la FAPAC ( Asoc. Padres de alumnos) y secretario general de la CNT catalana y española. Era un hiperactivo divulgador de la memoria histórica en escuelas y activista eficaz; en el barrio de Camps Blancs hay un monumento a la Amical Mauthausen, entre otros logros. ¿Un bravo luchador antifascista?


El historiador Bermejo le desenmascaró días antes de que hiciera un discurso en Auschwitz con Rodríguez Zapatero. Era un impostor. Sanboyano de ida y vuelta, Marco “un pico de oro” ha fascinado a todos los medios, cineastas y escritores, y como reconoce él mismo, “las mejores mentiras deben tener un poco de verdad”, aún hoy tras ser descubierto, considera de gran utilidad haber mentido para impulsar un fin noble: la memoria histórica en las nuevas generaciones y demuestra poco arrepentimiento

Javier Cercas, el escritor dedicado al post-franquismo residual, ha escrito “El impostor”, basado en Marco. Las revelaciones son jugosas, porque resulta que no fue un deportado, fue un trabajador voluntario en Alemania, tuvo tres familias que se desconocían entre sí, y no fue ni combatiente, ni resistente, simplemente como demuestran los documentos, siguió a la mayoría. Y es en este punto cuando el escritor nos razona sobre el contexto de la muerte en la cama de Franco y el afán de la mayoría de ciudadanos de reinventarse; añadiéndose detalles de opositor político y represaliado a las nuevas biografías de una gran mayoría de dirigentes políticos. ¿Disculpa eso a Marco?

No, pero se le entiende mejor. Aunque lo que no se disculpa, usando el eslogan de Marco y tantos otros - “Perdonar sí, olvidar no”-, es que para ingresar en la Amical robara la identidad de un deportado muerto, hasta el punto de modificar con lápiz el apellido Moner por el de Marco en el propio archivo alemán. Inicuo personaje.

Tras Pastor, Marco y muchos más… Vayamos al 1979 donde un concejal comunista sanboyano explicó años después que recibió la propuesta inmediata de cambiar las placas callejeras de un industrial. Hay en toda ocasión histórica, negocios, monumentos, reinvenciones, currículos falsos y personajes turbios.

Hace años se creó una industria de la memoria histórica y toda industria lo que necesita son encargos y tareas. Bueno será que en toda revisión histórica que sea necesaria se obre con tiento y prudencia, porque de lo contrario, negaremos que E. Marco era sanboyano de nacimiento o afirmaremos que Colón era de Palamós.

Por todo ello, ahora algunos Ayuntamientos y organismos arrancan las placas con el nombre de Jordi Pujol, todo un santo laico que dejó de serlo tras sus revelaciones andorranas. ¿Un simple impostor, nada más? III

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