15 de agosto de 2020, 3:24:47
Opinió


¿Desespañolizarse?

Por Lluis M Estruch

La crisis económica del 2008 fue negada por la perfecta dicción de Rodríguez Zapatero largo tiempo, hasta que el 26.9.2011, en una apresurada votación, el PSOE, PP y UPN sumaron el 90% de los votos necesarios de diputados y senadores, procediendo a una súbita reforma constitucional -para asegurar el pago de la Deuda y la estabilidad presupuestaria- sin que el 10% de los representantes opositores solicitara referéndum.


Dicho y propuesto por Obama, Merkel y Hu- Jintao y ejecutado por José Luis R. Zapatero con prontitud y discreción, sin importar sus soflamas anteriores de que “íbamos a superar a Francia e Italia…” (consultar hemerotecas).

Tras el cumplimiento parcial de lo acordado, en cada votación presupuestaria tanto el PSOE como el PP, siguen “transaccionando” derramas y propinas para los partidos regionales. La fórmula ha llegado al colmo este año: el “cuponazo” vasco y el “volcado” de millones canario: ambas regiones tienen las mayores autonomías financieras de Europa.

Esta aprobación provocó la dimisión de expertos de la Comisión de Reforma de la financiación autonómica porque el nuevo pacto “compra-votos” hacía irrelevantes sus propuestas reformistas. A todo esto, Cataluña se hacía a un lado, en expresión de moda del Sr. Mas y aún estando en quiebra técnica, desdeñaba el “propineo” y “calderillas” que conseguían 5 vascos y 2 canarios en Madrid, a costa suya.

En Cataluña, se aspiraba a una nueva Arcadia, pero un aroma corrupto inundaba tanto Madrid como Barcelona, incluso con tramas de presuntos enemigos.

En Bilbao y las Canarias, “limpios” de estigmas y corruptelas se reían y se permitían consejos: “En un mundo global, la independencia es imposible”, decía Urkullu.

A pesar de todo, en Cataluña, una región del noroeste peninsular basculante entre el poder mesetario y la presión francesa, fracasada en su proyección marítima, no como Venecia, se agitaba una nueva bandera que lo arreglaría todo; ya no se trababa de imitar a Portugal, no, Cataluña sería Dinamarca u Holanda… y por supuesto no sería Kosovo, Bosnia o Montenegro.

El deseo de ruptura ¿parcial o total? se expandía por el éter, por los medias… Entre la opinión pública era fácil creer en la nueva “repartidora” ácrata; para ello la gente de todas las edades se enardecía y manifestaba, las iglesias vacías y las masas descreídas pero se había hallado un nuevo credo. Adelante con ello. En estos días, se enterraba pobremente en Larache a Juan Goytisolo un literato heterodoxo, renegado del nacionalismo hispano, gay y amigo del Islam. Y ya sobre el 26 de setiembre de 2017, se celebrará en pleno choque de trenes el 65 aniversario de George Santayana, un gran filósofo americano y madrileño, agnóstico y sereno materialista, que vivió entre USA y España, muriendo exilado en Roma.

Ambos individualistas y librepensadores, el talante más adecuado para desespañolizarse y no recatalanizarse, en una etapa de confusa y vacua retórica, mientras tanto Europa, o ¿Alemania? coordina el anti-terrorismo, liquida al Banco Popular y nuestra agua es francesa, la energía italiana, también el aceite y pronto las autopistas. ¿Ser independiente, para qué?

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