19 de septiembre de 2019, 6:16:37
Cornellà


Hidalgo: “Los políticos de 1980 eran mucho más dialogantes y respetuosos con los demás”

Por Pere Ríos

"Formar parte de la patria catalana reconstituida fue un honor absoluto, jamás dejaré de estar orgullosísimo" | "Voté a favor de la primera ley de normalización lingüística porque era un texto aceptable"


Francisco Hidalgo nació en Posadas (Córdoba) en 1949 y llegó a Cornellà en agosto de 1974 para quedarse, porque antes solo venía a pasar las vacaciones y visitar a sus tías. Entonces ya era “maestro escuela”, como le gusta definirse, y siguió con el oficio hasta 1980.

Aquel año se celebraron las primeras elecciones autonómicas de la democracia que ganó Jordi Pujol y fue cabeza de lista del entonces Partido Socialista de Andalucía (PSA). En Cornellà se le conoce como Paco Hidalgo y es muy raro que alguien del tejido asociativo no sepa de quién se trata por sus más de cuarenta años activismo cultural, más de la mitad como director del Festival de Flamenco. Acabada la legislatura del Parlament volvió a la escuela seis años más y después estuvo ocho años como delegado de la Junta de Andalucía para las comunidades andaluzas de Catalunya, Valencia y Baleares.

-Ahora puede resultar impensable, pero en 1980 ya resultó insólito que un partido que se definía como socialista y andalucista se presentara a las elecciones catalanas. ¿Cómo lo explica?
-Sí, realmente fue un hecho histórico que un partido de una comunidad concurriera a las elecciones de otra comunidad y obtuviera representación parlamentaria. El PSA, que en mitad de la legislatura pasó a llamarse Partido Andalucista (PA), obtuvo 71.841 votos y dos diputados: Pepe Acosta y yo. Nos quedamos a poco más de 200 votos para que hubiera tres andalucistas en el Parlament. El partido venció todas las tentaciones que le tendieron y en ningún caso quisimos hacer una lista que se entendiera como un frente no catalán contra Catalunya. Si los comuneros de Castilla o los socialistas de Aragón querían presentarse, que se presentaran. El PSA quería ir con su propio y específico programa.

-Para entonces ya se había producido la unificación del socialismo catalán con la federación catalana del PSOE del que nació en 1978 el actual PSC. ¿Por qué no se integraron en esa lista electoral?
-Porque no hubo acuerdo y porque no se compartían los criterios de unificación del PSC. La posición del PSOE en Andalucía no era la misma que en Catalunya. Aquí se respetaba la especificidad y la idiosincrasia de Cataluña, pero en Andalucía no. EL PSOE no tomó una conciencia de la defensa de los intereses identitarios andaluces hasta más tarde. Inicialmente no consideraba el acceso a la autonomía ni tan solo por el artículo 151 de la Constitución, pero después siguió esa línea y reformuló su política. Aquella federación de partidos socialistas ibéricos que se pretendía había acabado un poco en fracaso.

-No deja paradójico que fuera otro partido socialista distinto quien defendiera el andalucismo en Catalunya porque el PSOE no lo hacía en Andalucía.
-No era exactamente eso, sino que el PSA consideraba entonces que podía producirse en Catalunya una política de inmersión lingüística que fuese en contra de los intereses de los trabajadores andaluces, que habían llegado obligados y por necesidad. Nosotros estábamos de acuerdo en saber catalán, pero había que poner los instrumentos para que las personas tuviesen acceso sin imposición.

-Pero hubo inmersión.
-Sí, la hubo después. Yo formé parte de la ponencia que redactó la primera ley de normalización lingüística y como PSA consideramos que había salido un texto aceptable y no coercitivo. El desarrollo normativo posterior es otra cosa de la que habría que hablar, pero el trabajo de la comisión de la ley fue muy riguroso y voté a favor. Entonces estaba solo, porque ya se había producido la escisión dentro del PSA y Pepe Acosta había pasado al grupo mixto e incluso se había ido Córdoba, aunque conservó el acta de diputado.

-¿Qué voto él?
-No votó, retiró sus enmiendas y dejó de venir al Parlament.

-¿Por qué se fue?
-Imagino que por cuestiones personales. Le ofrecieron la cátedra de Derecho en la Universidad de Córdoba y era una oportunidad que no debía dejar pasar y decidió irse a vivir, cosa que respeto. Pero podía haber entregado el acta de diputado para correr la lista. Él trabajó mucho y de manera brillante para que el grupo andalucista tuviera grupo propio en el Parlament con solo dos diputados, otro hecho histórico. Después de la escisión del PSA pasamos a ser diputados no adscritos, como hicieron Josep Benet y Pere Portabella, del PSUC.

-Ahora eso resulta impensable y se necesitan un mínimo de cinco diputados para formar grupo parlamentario.
-Sí, en aquel momento también parecía impensable. Entonces hubo mucho entendimiento y se pensó que todos los grupos debían tener los mismos derechos, no lo que viene sucediendo recientemente. La clase política catalana de 1980 era muchísimo más abierta y dialogante, más respetuosa con las posiciones de los demás, aunque no se compartieran. Seguro que hubo análisis político de la mayoría y pensaron que era mejor tenernos dentro del corral que no cacareando fuera.

-En 1980 el PSUC preconizaba que Catalunya era “un solo pueblo” y el PSC decía representar a todos los catalanes, al margen de cuál fuera su origen.
-Ese planteamiento era bonito y asumible desde el principio, pero no era tan real ni enraizado y verídico. Un solo pueblo si se tiene voluntad y se facilita que personas que se sigan sintiendo parte de otro pueblo se integren en Catalunya. No puede ser que para tú formes parte de una sociedad nueva tengas que aculturalizarte, dejar tus sentimientos y tus tradiciones. Yo he trabajado muy decididamente para la interrelación cultural o para el mestizaje. Afortunadamente la pureza no existe, somos una mezcla de aportaciones, somos hijos de mil leches, como ha dicho algún cantautor y poeta.

-En 1984 no repitió como diputado y en esas elecciones Pujol logró su primera mayoría absoluta y consolidó sus políticas. ¿Cómo se sintió?
-Yo pensaba que se había entendido que la sociedad no era tan uniforme como los eslóganes programaban, pero enseguida se vio que el objetivo era ponerse la capa y aplicar políticas de dirigismo, de no permitir el diálogo, de imposición, aunque sabe mal decirlo. Luego vimos que en la etapa de Los tripartitos se hizo una política cultural más abierta a las expresiones no propias de Catalunya, pero cuando volvió a ganar CiU se volvieron a las antiguas políticas. Eso va en contra de lo que se decía que “catalán era todo el que vive y trabaja en Catalunya”. Si eso es así, ¿por qué no se le trata como a cualquier otro catalán y no como inmigrante cuando tiene que expresarse culturalmente? La inmigración, problema y esperanza de Catalunya, ese libro nefasto que escribió Pujol [en 1958] es el planteamiento que han tenido siempre y que sigue.

-¿Qué recuerdo le queda de aquella etapa y de la relación con Pujol?
-De la etapa del Parlament todos los recuerdos que me quedan son hermosos. Ahora que ha pasado el tiempo no se mitifica e idealiza tanto la etapa de juventud. Formar parte de la patria catalana reconstituida fue un honor absoluto, jamás dejaré de estar orgullosísimo de haber estado en el primer Parlament de la democracia. La relación con Pujol la recuerdo…. cortés.

-Parece que la izquierda sí que tiene asumidos ahora esos planteamientos culturales que hace usted.
-Habría que hablar primero de qué izquierda. Hubo una etapa en que el PSUC que después fue Iniciativa y ahora no sé cuántas cosas más sí asumió esos planteamientos y se dio cuenta que su posición no era tan clara como cuando nosotros nos presentamos. El PSC sí que lo ha asumido y lo puedo certificar porque me afilié unos años después de dejar el Parlament. Dentro del PSC mi trabajo ha estado siempre dirigido a ese ámbito de integración cultural, de luchar y defender que la cultura de un pueblo no la hace el territorio, sino las personas. Y que unos hemos nacido en Córdoba, Berga, Extremadura o Girona.

-O en Pakistán.
-O en Pakistán, ahora con el tema de la inmigración.

-Sin embargo, algunos partidos siguen intentando patrimonializar la inmigración cuando llega una campaña, como hemos visto hace unos días con el discurso de la candidata de Ciudadanos. ¿No le parece demagógico?
-Me lo ha parecido siempre. Y además sería una contradicción si no pensara así, porque en el año 1980 nosotros no nos dirigimos a la inmigración, sino a un sector de la ciudadanía. Que ahora la señora Inés Arrimadas se dirija a los andaluces para pedirle el voto porque ella nació en Jérez no me parece bien. Eso ya pasó en 1980 con algunos candidatos del PSC y tampoco me parece que la señora Pilar Rahola recurra también a la inmigración de vez en cuando. Como me dijo un humorista andaluz, la señora Arrimadas no tiene ángel. Es andaluza de nacimiento, pero de feria y de caballo, cuando va.

-Pero desde Andalucía también se sigue agitando el fantasma de una supuesta opresión que vive el inmigrante el Andalucía.
-Cuando hacen esta campaña lo siento con dolor. A veces se utiliza la desinformación, se agita la desigualdad, la no convivencia y eso es peligroso y se puede entender que salga la tentación para responder a las frases como que los andaluces no trabajan, pero es un peligro usar los tópicos del norte en el sur.III

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