20 de marzo de 2019, 18:19:15
Opinió


Que se queden en Bruselas

10 de enero

Por Jesus A. Vila

Los plazos aprietan y vuelven a moverse los escenarios. Pasan cosas, y más que pasarán. De momento, de ayer a hoy, las declaraciones de Mas, primero, y su dimisión como presidente del PDeCat después; las afirmaciones del abogado de los vigilados en Bruselas, asegurando que pese a que dos de ellos ya han recogido las actas de diputados, no se van a mover de Bélgica; la súbita dimisión de Carles Mundó por supuestos motivos personales y la propuesta mas o menos firme a los Comuns para que mantengan un puesto en la mesa del Parlament cedido por ERC. Propuesta desmentida esta mañana mismo. Cinco acontecimientos de peso en algo más de 24 horas no están nada mal.


Vayamos por partes. Mas declaró anteayer que no era partidario de repetir elecciones y sí en cambio de plantear una legislatura larga y necesariamente estable, en contra de lo manifestado por Puigdemont como resultado de la imposibilidad de ser nuevamente investido president y repetir el govern cesado en su día. El PDeCat había anunciado ya hace unos días que antes de aceptar una alternativa a la presidencia de Puigdemont preferiría la repetición de las elecciones.

Luego, ayer por la tarde, Mas anunció su dimisión como presidente del partido, en una pirueta poco creíble apuntando al desgaste de la formación por la previsible sentencia condenatoria del caso Palau que se espera para dentro de unos días. Lo cierto es que Mas se ha hartado de las infantiles pataletas del expresident, que no puede aceptar que nadie le substituya, pero a la vez tampoco está dispuesto a venir al país a afrontar la realidad. Probablemente a Mas, la alternativa de la investidura telemática le ha parecido una pantomima excesiva, imposible de soportar en el ámbito de la seriedad política en el que quisiera moverse.

La gente de ERC ha dejado que Puigdemont se cociera en su propia salsa e hiciera el ridículo en solitario, a la espera de demostrar la imposibilidad manifiesta de una investidura en diferido, sin garantía de continuidad, que pondría en bandeja la alternativa al vicepresidente o a cualquiera de los suyos. Mas lo ha visto claro y ha preferido marcharse directamente al congelador antes de poner en el salpicadero a su delfín, al que ya le ha comprobado las hechuras suficientemente y del que debe sonrojarse en privado.

Este mutis por el foro se hace con un sigilo ruidoso, lo suficiente para no romper piernas, pero dejando claro que hay que empezar a poner control, realidad y criterio en las decisiones.

Si no están, no votan

Pero las decisiones se complican porque los diputados vigilados en Bruselas pueden recoger el acta por persona interpuesta pero no podrán votar in absentia en el pleno. Quizás lo puedan hacer Junqueras, Forn y Sánchez si les dan permiso penitenciario, pero no lo podrán hacer los cinco “belgas”. Los 66 votos se convertirán previsiblemente en 61 frente a los 57 del bloque constitucionalista que votará en contra de una mesa del Parlament copada por los independentistas, y en contra de un posible —aunque no probable— govern tripartito entre JxCat, ERC y la CUP. Un govern que no podrá ser presidido por Puigdemont ni podrá contar con al menos cinco de los consellers destituidos por el 155, los 4 “belgas” y Carles Mundó, que ha dicho adiós tres semanas justas después de salir elegido diputado.

Mundó ha explicado que se va a ejercer la abogacía y que renuncia a la política activa pero no a su compromiso con ERC. Puede haber causas personales, que duda cabe. Pero la duda cabe, porque hace tan solo un mes, parecía tener mucho futuro en su formación y se llegó a hablar de él como un posible aspirante a la presidencia del Parlament y quizás más arriba en substitución de Junqueras, de Marta Rovira, de Raül Romeva y de Carme Forcadell. Junqueras lo tiene mal y Forcadell no quiere demasiada presencia activa. Marta Rovira ha sido puesta en entredicho en los pasillos de la formación, mientras que Romeva aparece como un valor en alza. Quizás Mundó ha sido consciente de ello y prefiere no hacer sombra.

O sea que podrá haber mesa (o todo lo contrario) y quizás govern —pero no el govern soñado por Puigdemont: el mismo govern con el mismo president anterior al 155— porque los números dan, pero para ello será imprescindible que los Comuns se abstengan. Si los Comunes no se abstuvieran y votaran en contra, ni siquiera los 4 diputados de la CUP serían suficientes para habilitar una mayoría: habría empate a 65 votos y según el reglamento del Parlament, la permanencia del empate impide la aprobación. Es decir, que el voto de los Comuns, en este escenario, es clave.

La denostada llave de los Comuns

De ahí la última propuesta de ERC. Renunciarían a uno de los dos diputados que le corresponderían en la mesa, a favor de un diputado de los Comuns. Esto supondría tres diputados del bloque JxCat-ERC, dos diputados de C’s, y uno del PSC y de los Comuns, y la llave de los Comuns en toda la legislatura haciendo buena su letanía electoral. Una decisión que comporta riesgos, que JxCat no estaría dispuesta a correr, previsiblemente, pero que resulta imprescindible si no obligan a los “belgas” a permitir que corra la lista; si no obligan a Comín y a Serret (en ERC) y a Puigdemont, Puig y Ponsatí (en JxCat) a dejar sus actas, permanecer en Bruselas durante tantos años como ellos quieren, y permitir que entren cinco diputados nuevos, libres de hipotecas.

Con la alternativa de los Comuns, las dos formaciones independentistas mayoritarias evitan algo que les desagrada profundamente y es: contar para todo con los cuatro diputados cuperos. La CUP sigue manteniendo la idea del mandato del 1-O, la idea de la implementación de la República y la idea de la confrontación directa con el Estado. Mas ya se encargó de decir en la ejecutiva de su partido que “no somos lo suficientemente fuertes” y ERC de afirmar “que se han acabado las prisas”.

Estos mensajes, que echan agua tibia sobre los rescoldos de la DUI de octubre, resultan insoportables para la CUP que podría estar dispuesta a incorporarse a un gobierno independentista, pero que va a ser convenientemente rechazada, con mucho cariño, por parte de ERC y JxCat. Pero para ello resulta indispensable cambiar la CUP por los Comuns. Los Comuns resultan mucho más maleables. Se les puede comprar fácilmente con una apuesta de política social, aunque resulte en la práctica algo tímida.

Aunque luego van Puigdemont y Rovira, se reúnen en un bis a bis incontrolado y deciden que a los Comuns ni agua. ¿Quién debe asesorar a estos genios?

Dentro de la inestabilidad, la estabilidad soñada por Mas y unos cuantos. Sobran, ya veis, los cinco de Bruselas y los tres de Estremera, aunque estos últimos podrían mantenerse refrigerados hasta que la Justicia los haga madurar. Lo que es impensable es contar con los 5 vigilados. Ellos se quieren quedar. Lo que no se imaginan es cómo les agradecerían los de aquí que se quedaran.

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