25 de mayo de 2019, 23:26:03
Opinió


El freno al progreso del Partido Socialista

Por Miguel García

Al Partido Socialista se le presuponía un carácter progresista, pero de un tiempo a esta parte vive de la fama y los gestos, pero es más un freno que un motor de los avances que necesita la sociedad española actual.


L’Hospitalet es un ejemplo claro de su degradación. Tras gobernar 40 años la ciudad, se les ha agotado el proyecto y lo único que les motiva es que han hecho del poder su modo de vida. Han acabado confundiendo el Ayuntamiento con su propiedad y no destinan los recursos pensando en lo que necesitan los ciudadanos, sino en lo que le conviene a la alcaldesa para su promoción personal o para beneficiar a su amplia red clientelar.

De esta forma destina 1.250.000 euros para poner un solar municipal al gusto de una famosa multinacional del espectáculo, compra una nave por 700.000 euros para que una conocida sala privada de música en vivo amplíe sus instalaciones (habrá que ver lo que nos cuesta la reforma, que entre una cosa y otra nos pondremos en los 2 millones, a lo que se le suma los 70.000 euros al año que se les da de subvención) y va cediendo los escasos edificios públicos disponibles en la ciudad a empresas privadas, como es el caso de los antiguos juzgados o la antigua Godó i Trias.

L’Hospitalet necesita un proyecto renovador que traiga aire fresco al Ayuntamiento y haga políticas progresistas que pongan a las personas en el centro. Priorizando políticas sociales como los bancos de libros de texto gratis para que ningún niño se quede atrás porque su familia tiene problemas para llegar a final de mes, destinando los edificios municipales a equipamientos sociales tan necesarios en la ciudad como guarderías o residencias para personas mayores. En definitiva, hay que centrarse en hacer de l’Hospitalet una ciudad amable para las personas, que atienda a los estándares de confort del siglo XXI. Durante este mandato hemos intentado orientar al gobierno de Núria Marín para que siga la senda del progreso más allá de los gestos, pero no ha habido manera. Ha procurado pastelear con quien hiciera falta –desde ERC hasta el PP, pasando por tránsfugas– para aferrarse al inmovilismo. Solo queda sacarlos del poder; los vecinos lo tienen en sus manos, mayo está cerca. III

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