26 de agosto de 2019, 6:39:07
Editorial


Vuelve el ladrillo. Estemos alerta



“Puede que tengamos que lamentarnos otra vez”. En medio del ruido generalizado y de las informaciones sin tregua, a veces se hace necesario parar a escuchar la voz de la experiencia. El entrecomillado que encabeza este texto lo pronunció Vicenç Capdevila, exalcalde de una de las ciudades más densamente pobladas del continente, L’Hospitalet. El antiguo edil hacía referencia al rebrote de la construcción que, sin llegar a niveles previos a la crisis, ha vuelto a colocar a la grúa como elemento característico del skyline de nuestras ciudades. Y sabe de lo que habla, puesto que él contribuyó, junto con los vecinos, a que no se construyeran más edificios en Bellvitge.

El Baix y L’Hospitalet, tierra de acogida
En esta edición abordamos este fenómeno desde diversos puntos de vista, con el testimonio de inmobiliarias, constructoras y activistas de la vivienda, como los miembros del Sindicat de Llogaters. Un resurgir del mercado inmobiliario paralelo a otros movimientos, como el de muchos vecinos de Barcelona que, ante los precios de la capital, están mudándose a L’Hospitalet y el Baix Llobregat, erigiéndose este territorio como una especie de ‘far west’ del área metropolitana.

Un lejano oeste que ha de ser entendido como una tierra de oportunidad y no como una zona sin control alguno. No obstante, tanto constructoras como inmobiliarias coinciden en opinar que los precios están estabilizados y que, al menos de momento, no esperan volver a la escalada previa a la crisis. Además, consideran que las condiciones para acceder a un crédito han mejorado y que las familias pueden hacer frente a hipotecas “razonables”. No lo ven igual desde el Sindicat de Llogaters, que ponen el acento en la población joven, cuyas expectativas de firmar una hipoteca se ahogan en un mar de precariedad laboral y salarios bajos. Es importante destacar las cifras que aporta el Consejo de la Juventud de España (CJE): para el 80% de los menores de 30 años es ahora mismo casi imposible acceder a una vivienda, ya sea comprando o alquilando, si no lo hacen en pareja o con compañeros de piso. Y algunos de ellos lo llegan a hacer con el apoyo de sus padres, ya sea satisfaciendo las cuotas de un alquiler o bien contribuyendo a la entrada necesaria para una hipoteca.

Calidad de vida para las ciudades
Sea como sea, y tal y como avisa Jesús Vila en un artículo de este número [página 55], es perentorio plantearse nuevas estrategias que hagan ganar calidad de vida en nuestras más que exhaustas ciudades, muchas de las cuales carecen de más terreno para edificar. Además, la llegada de nuevos pobladores al Baix Llobregat y L’Hospitalet tiene otros efectos, como la saturación de unos infradotados servicios de atención primaria, auténtico referente para los ciudadanos, un tema que también tratamos en esta edición.

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