19 de marzo de 2019, 21:55:36
Dietario de un catalán perplejo


12 de marzo. El payaso de las bofetadas

Por Jesus A. Vila

Los Mossos se rebelan, todo se complica y nadie sale beneficiado. Este podría ser el resumen de lo que vienen diciendo estos días los comisarios del Cuerpo llamados a declarar como testigos.


Lo más importante de lo que han dicho hasta ahora es que avisaron con tiempo al govern que la convocatoria del 1 de octubre debía suspenderse para evitar males mayores porque ellos tendrían que actuar como policía judicial y eso “era incompatible” con el referéndum ilegal. Lo otro interesante que han venido a decir es que era imposible satisfacer la demanda de la judicatura para impedir el referéndum con esa premura de tiempo, porque cualquier operativo tenía que contar con un número de fuerzas desplegadas muy superior al previsto. Y, en fin, otro dato interesante es que han sido capaces de recriminar en público a algunos de los condenados, Forn en primer término, y de manera genérica a los máximos responsables de mantener la convocatoria en su día: Puigdemont y Junqueras.

Con esa postura vienen a decir, a quienes quieran oírlos, que el Cuerpo de ME no le hizo el juego al gobierno, pese a que parece evidente que los Mossos no estuvieron a la altura, ni en los sitios donde eran necesarios, ni con la determinación requerida. Su queja parece evidente: no se puede estar en medio, sobre todo cuando estás en contra de unos y otros, porque es segurísimo que recibes. Te conviertes en el payaso de las bofetadas. Es la manera que tienen de descargar su responsabilidad y su palmaria amargura.

Afirmando que la dimisión del anterior director general de los Mossos se debía a que no se sentía cómodo con el relevo en Interior, los comisarios hablan por boca de ganso. Ellos no dimitieron, pero era evidente que no se sentían en absoluto cómodos con las órdenes que iban recibiendo por todos lados. Ignoro si los mandos policiales pueden dimitir de buenas a primeras, pero si pueden, debieran haberlo hecho y si no pueden, debieran haber evidenciado su malestar, no solo interiormente sino también hacía el exterior. A ver que dice el mayor Trapero —si es que dice algo— que debe declarar el jueves…

Luego han ido llegando los testimonios de los directivos de Unipost (que han explicado que no se llegaron a enviar las cartas que la Generalitat tenía preparadas, y con nombres y apellidos, porque nadie se hizo cargo de las órdenes de envío) y el del CETTI (que se ha negado a dar testimonio porque se encuentra procesado), por lo que las incidencias del juicio se mueven ahora por otros derroteros. Mientras esto se producía, se conocían los últimos movimientos de Puigdemont para retorcer todavía más la dinámica. Eliminando a los diputados del PDeCAT menos proclives al “cuanto peor, mejor”, ha conseguido dos cosas: enlodar todavía más un sumidero que está imposible y poner en la línea de salida a todos aquellos que le van a decir basta en el momento en que puedan hacerlo. Este “cuanto peor, mejor” le va mal a todo el mundo, pero lo que es incapaz de percibir es que, en el enorme plantel de damnificados, se va a tener que poner él mismo, y es posible que en muy breve tiempo.

La verdad es que esas listas llenas de procesados presos o en rebeldía no auguran nada bueno. Si les cae alguna condena no van a poder ejercer pero eso no es lo peor. Lo tremendo es que con esa persistencia lo único que van a conseguir es que cualquier gobierno central considere imposible el mantenimiento de esta situación en el tiempo. Desde luego, si ganan las derechas, lo del 155 será cosa de horas. Pero incluso si gana el PSOE va a tener que instalarse en la pura realidad y la pura realidad es que el independentismo no tiene ganas de negociar nada y se encamina hacia la hecatombe final, que pasa por la victoria definitiva o por la derrota sin paliativos.

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