19 de marzo de 2019, 22:33:31
Dietario de un catalán perplejo


13 de marzo. Tiempo y energías malgastadas

Por Jesus A. Vila

Los delitos más graves a los que se enfrentan los acusados son la rebelión y la sedición en grados distintos, pero la abogacía del Estado, principalmente, y también la Fiscalía, persiguen el dinero que la Generalitat supuestamente gastó para unos quehaceres que estaban prohibidos y que consumieron muchas más energías, horas de trabajo y preocupaciones, que recursos.


Pero ni las energías ni los esfuerzos dedicados se tipifican como delitos, a diferencia de lo que ocurre con la malversación de caudales públicos que, sin embargo, cuesta probar. Al menos ante la Sala segunda del Supremo.

Unos cuantos testigos han ido declarando sobre la cuestión: impresores, grafistas, comerciales de envíos… Nadie piensa cobrar un duro por su trabajo, que fue mucho y complicado, en medio de aquella vorágine de encargos rápidos, tensión en la calle y registros de la Guardia Civil. No habían órdenes concretas, ni papeles de encargo, ni gente con tarjeta que se responsabilizara de nada, según lo que los testigos declaran reiteradamente. Los carteles tenían los logos de la Generalitat, las cartas iban dirigidas mediante base de datos a personas concretas, los encargos procedían de creatividades que alguien hizo, pero ningún departamento oficial requirió nada, ningún responsable político se comprometió públicamente, ni siquiera las furgonetas que trajinaban los materiales iban logotipadas. En fin, no parece que se gastará un duro de recursos públicos pese a que hubo miles de carteles, decenas de miles de cartas y sobres, grafistas que hacían y comerciales que deshacían, en un trasiego de papelería y órdenes contrapuestas sin responsable alguno que asumiera nada de nada.

Horas de trabajo que nadie cobrará… de momento, porque, a ver cúal es la empresa que es capaz de intentar cobrar una factura por trabajo realizado a un cliente de la envergadura de la Generalitat de Catalunya. Lo que no se cobre hoy, ya se cobrará mañana, cuando las aguas bajen calmas y nadie controle el dinero, como suele pasar cuando no pasa nada. Como ha ocurrido tradicionalmente en los organismos oficiales…

Así que, acusar de malversar recursos públicos, está complicado. Si se tratará de malversar tiempo y energía, la cosa sería distinta, porque dinero no se habrá gastado, pero el tiempo y la energía que hasta ahora llevan empleados miles de catalanes en el desbarajuste del 'procés', resulta incalculable y lo que es peor, con resultados más bien estériles.

Llevamos años donde la actualidad catalana no tiene otra dimensión que el enfrentamiento con el Estado y sus consecuencias inmediatas y a más largo plazo. Ahora, de nuevo, polémica sobre los lazos y las esteladas que la Junta Electoral ha obligado a sacar de las dependencias oficiales y que amenazan con otra pérdida de tiempo y energías manifiestas. De nuevo, otra vez el debate sobre el candidato Puigdemont al parlamento europeo. ¿Cuánta gente ha estado estos dos últimos días pensando cómo darle la vuelta a las órdenes de la Junta Electoral? ¿Cuántos esfuerzos se acumulan para descubrir si el expresident tendrá o no inmunidad parlamentaria europea cuando salga elegido eurodiputado en mayo?

Y a todo eso, es fácilmente constatable el malestar interno en el PDeCAT después de que Puigdemont determinara, sin dar lugar a votación en el Consell Nacional de su partido, quienes van a estar en el Congreso y quienes no. Y van a estar, naturalmente, los suyos, los que jamás votarán una investidura de Pedro Sánchez, y han acabado su carrera en Madrid, aquellos que se hicieron los huidizos en la pasada moción de censura que se llevó por delante a Rajoy. La prensa ya empieza a decir que hay crisis y que las bajas no paran de aumentar tras la cacicada, con el añadido de las críticas al secretario general, el joven Bonvehí, que hace aguas por todas partes. Puigdemont se piensa que nada de esto le va a perjudicar, que el partido es él y que la mejor estrategia es la radicalidad… y todo eso en un partido que ha sido desde su fundación, cualquier cosa menos radical. Ya lo dijo Durán en su momento, que Mas había regalado el gobierno a un “eixalebrat” que tenía más de cupaire que de convergente. Un pseudo cupaire muy tozudo, con un aroma autoritario que espanta…

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