22 de febrero de 2020, 10:27:16
Opinió


El envejecimiento de la población

Por Fernando Martín

El progresivo envejecimiento de la población en las sociedades modernas es un fenómeno globalizado. La prolongación de la esperanza de vida refleja la presencia de unos hábitos saludables, y de una mejor sanidad y educación.


Estos factores convierten a los ciudadanos en sujetos más productivos, con mayor posibilidad de aportar al conjunto de la sociedad, y en consecuencia, les permite disfrutar de una vida feliz y plena.

La incorporación de la mujer al mercado laboral y el reconocimiento de la igualdad de género han contribuido especialmente a conseguir aumentar la esperanza de vida.

Asimismo, en una sociedad desarrollada, los hijos ya no representan la principal fuerza de apoyo laboral a la familia, sino que se convierten en fines en sí mismos, lo que contribuye a su propio beneficio.

Las repercusiones de lo expuesto anteriormente se traducen en una menor natalidad y un incremento de la longevidad. Ahora bien, si esta realidad se percibe como un problema, se debe a que no hemos adaptado la estructura económica e institucional a dicha situación.

A nivel institucional, se requieren reformas a través de la adopción de decisiones políticas, a nivel laboral, fiscal o en el tema de las pensiones, con el fin de evitar la conflictividad social e intergeneracional.

Los aspectos fundamentales que en la actualidad habrían de abordarse sin más dilación consisten en el mantenimiento de las pensiones, el carácter universal y gratuito de la asistencia sanitaria y la financiación de las situaciones de dependencia.

Si de los principales objetivos a nivel estatal observamos la problemática en las familias, los asuntos no son de menor calado, como el problema del cuidado de los mayores, el injusto desequilibrio de esa carga en perjuicio de las mujeres, el trabajo que se impone a los mayores en la atención de los nietos, en beneficio de unos hijos con escasas ayudas sociales; el gravísimo problema de la soledad y el coste psicológico que conlleva, y la condición de víctima del anciano y su vulnerabilidad.

En cuanto al tratamiento, la estabilización de la pirámide demográfica mediante el fomento de la natalidad y el flujo ordenado de la inmigración resultan prioritarios.

Dada la disparidad de criterios entre los diferentes estamentos involucrados en el tema de esta nueva realidad social, resulta imprescindible generar foros de discusión, combinando distintas perspectivas especializadas, que permitan generar ciertos consensos, con la finalidad de trasladar los resultados a las decisiones políticas vinculadas a los mismos. III

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