18 de febrero de 2020, 16:49:14
Opinió


Apagar el fuego, todos somos responsables

Por Mossèn Pere Rovira

Estas últimas semanas, hemos sido testigos de escenas que invitan a la preocupación. No sólo por la extrema violencia de algunos grupos de jóvenes, sino también por el trato mediático y político ofrecido.


Los políticos están siendo incapaces en dar respuesta a los numerosos puntos de fricción que se están generando. Hay un descontento y decepción muy generalizado en el ámbito social, laboral, familiar, económico, etc. Parece que la esperanza en un futuro mejor se desvanece con rapidez.

Es lamentable las diferentes presentaciones que sobre los hechos acaecidos se han suscitado. Para unos era simplemente una expresión de libertad, para otros era un acto terrorista; para unos era una respuesta ante una injusticia, para otros era una provocación al orden y la convivencia,… ¿Dónde está la verdad? ¿Quién defiende el “Bien común”? ¿Quién podrá abandonar la prepotencia y la soberbia e introducir cordura y sentido común? ¿Quién facilitará la reconciliación y curará las heridas que se han generado?

Según el medio o el político de turno te presentan una misma realidad como si de una ficción subjetiva se tratase. Cada uno impone su ideología en detrimento de la búsqueda de un punto de convergencia, de encuentro.

Sin ser del todo conscientes, hay muchos medios de comunicación y gran número de políticos que están preparando un caldo de cultivo altamente incendiario. Parece que sólo les interesa su negocio particular. Focalizar la insatisfacción de parte de la población en el odio y el enfrentamiento es una tarea de todos y para todos.

¿Quién, dónde y cómo podemos cambiar esta inercia de crispación, en una cultura del encuentro? Los ruidos que nos rodean no facilitan ese camino. Puede ser que el acento de estos problemas este desenfocado, puede ser que en vez de mirar tanto al exterior, deberíamos mirarnos a nosotros mismos; puede que en vez de culpabilizar de todo a los demás, deberíamos tener una cierta actitud autocrítica.

El origen de muchos conflictos, a lo largo de la historia, se ha debido a la imposición, a la intransigencia y los intereses particulares. Es decir, que el ser humano ha tropezado tantas veces en la misma piedra: exigir y culpabilizar al diferente.

“Respondió Jesús: «… Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.» (Juan 18, 37)”.

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