1 de junio de 2020, 23:38:36
Opinió


La naturaleza y la creación

Por Mossèn Pere Rovira


Durante algunos días hemos tenido en Madrid una conferencia internacional sobre las consecuencias que el cambio climático está ocasionando ya en el presente y sus posibles correcciones.
Grandes discursos, buenas intenciones, largas negociaciones, dialéctica catastrofista… en fin, una de tantas reuniones que pone en evidencia la falta de un consenso en cómo afrontar un presente herido y un futuro pesimista.
Que estamos atravesando un período en que el equilibrio natural se ve alterado por la mano del ser humano es evidente, que este cambio está ya mostrando su crueldad en la extinción de especies animales y vegetales es observable, que algunos pueblos del mundo (curiosamente, los más pobres) están siendo afectados en su normalidad cuotidiana… Muchos síntomas que ponen en evidencia la queja de la naturaleza ante la explotación salvaje y el consumo descontrolado de sus recursos. Aparecen discursos mesiánicos, personajes del espectáculo, políticos oportunistas que intentan sacar provecho mediático… Tan fácil en esta sociedad del escaparate. Mientras reduzcamos el análisis de la realidad a una pura especulación más o menos interesada ideológicamente, las soluciones parecen equidistantes de un juicio sereno, reflexivo y comprometido. No basta con denuncias y quejas infantiles, no basta con planteamientos de pancarta y panfletarios, no basta con culpabilizar al otro de forma excluyente, no basta con soluciones de manual, teóricas y lejos de la realidad, etcétera.
¿Estamos dispuestos a reducir, en nuestra sociedad opulenta e hiperconsumista, nuestro nivel de vida? ¿Estamos dispuestos a que las sociedades de mayor consumo y destrucción ecológico (mundo rico) prescinda de su estatus de bienestar?
Es fácil hacer diagnósticos catastrofistas y apocalípticos desde la perspectiva de aquél que vive, entre congreso y congreso, de viajes en avión, estancias en hoteles de alto nivel, coches de alta gama, un turismo ecológico de alto coste económico y natural… Somos una sociedad hipócrita, siempre estamos buscando culpables que oculten nuestra responsabilidad. Eduquemos en y para que esta responsabilidad comience por uno mismo.
El valor de la ecología es necesario hacerlo desarrollar entre los más jóvenes, con un consumismo ordenado y basado en la necesidad y no en el impulso de llenar nuestros vacíos más dolorosos, ejemplo: los móviles y la tecnología de alto coste ecológico. ¿Dónde se encuentra el auténtico equilibrio entre el hombre y la naturaleza, entre la criatura y el creador?
“Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra”.
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