6 de junio de 2020, 5:57:02
Opinió


La salud de las personas en el aire

Por Manuel Reyes

Durante estas últimas semanas hay un tema que abre y cierra cada telediario. Los informativos, digitales, periódicos y en general todos los medios de comunicación están reportando información minuto a minuto sobre la expansión del coronavirus por todo el mundo, y ahora también, a lo largo y ancho de nuestro país.


Está más que claro que el tema de la salud es un tema muy sensible y que, obviamente, nos debe de preocupar a todos. Las Administraciones se deben volcar en poner los mecanismos necesarios para evitar la expansión del virus, dar la mejor atención sanitaria a las personas que lo están padeciendo y ofrecer una información veraz, sin alarmismos, pero tampoco descafeinado la realidad.

El virus a Barcelona ha llegado importado seguramente por la principal puerta de entrada que tiene nuestra capital con el resto del mundo, el aeropuerto del Prat. Sobre dicho aeropuerto, y totalmente al margen de la situación provocada por el virus, podemos hablar largo y tendido sobre las intenciones presentes y futuras de AENA para incrementar el número de pasajeros que hay actualmente, unos 53 millones al año hasta llegar a la cifra de los 70 millones de personas que anualmente pasarían por dicha instalación.

Ese crecimiento que pretende el operador de la infraestructura, podría convertirse en una amenaza para los vecinos de Castelldefels y Gavà, que desde hace años, están soportando el ruido de los aviones, la contaminación acústica y medioambiental que tanto impacta en la salud de las personas que residen allí.

En los últimos días, hemos visto como AENA se reunía por separado con los gobiernos de los municipios cercanos al aeropuerto ya que tiene previsto comenzar la construcción de una nueva terminal satélite. Sin embargo, nos preocupa mucho que el bienestar de las personas, la salud, sea un tema secundario para los poderes económicos, y que se ponga por delante la rentabilidad monetaria y otros intereses espurios.
Somos muchos los que pensamos que el aeropuerto debe ser un motor de la economía, pero no a cualquier precio. Existen alternativas que pasan por mejorar la eficiencia, aprovechar más las horas valle, trabajar de forma coordinada con otros aeropuertos cercanos (Girona y Reus) mejorando la conexión ferroviaria de alta velocidad con ellos. Si el aeropuerto del Prat mantiene y blinda la configuración de pistas segregadas que es lo que queremos los vecinos, entidades y los ayuntamientos, estoy convencido que todos ganaremos. De lo contrario, si AENA impone las pistas independientes estará condenando a miles de ciudadanos a sufrir de manera exponencial las afectaciones de la contaminación acústica y medioambiental tan nocivas para la salud de las personas. Ojalá que por el bien de todos, se encuentre una buena solución. III

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