24 de septiembre de 2020, 9:23:12
Economia


El cierre de Nissan es compatible con la llegada de una nueva marca

Por Redacción

El know-how que atesora la plantilla de la multinacional nipona en sus plantas de Barcelona es un aliciente para otros fabricantes. La marcha de los japoneses podría favorecer el desembarco de la automoción china en Europa aunque el sector sigue en crisis.


La marcha de Nissan es un mazazo para la economía catalana y en especial para la de L’Hospitalet y el Baix Llobregat. Unas 32.000 familias podrían pasarlo muy mal cuando se consume el desmantelamiento de las tres factorías del gigante nipón y las cadenas de montaje dejen de producir vehículos de automoción, después de no haber dejado de hacerlo desde 1967, entonces como Motor Ibérica y su emblemática marca Ebro.

La historia de la factoría que va dejar vacíos tres estratégicos solares en la Zona Franca, Montcada i Reixac y Sant Andreu de la Barca es también la de una sucesión de marcas. Antes de ser asimilado por Nissan, el nombre de Motor Ibérica estuvo ligado al de otros fabricantes del sector como Ford (que fue su primer compañero de viaje), Avia o Massey Ferguson. Así que no sería descabellado pensar en que alguno de las actuales alianzas empresariales de las cuatro ruedas pudiera estar interesada en adquirir el potencial humano, técnico y el know-how que quedará huérfano con la marcha de los japoneses.

Si con las ayudas que hicieron falta en su momento, Seat encontró a Volkswagen para que le cogiera la mano cuando estaba a punto de precipitarse al vacío, no hay que descartar que una presión bien dirigida por parte del Gobierno de España y del Govern de la Generalitat pudiera fructificar y alguien recogiera el testigo que Motor Ibérica dejó a Nissan.

Seis gigantes desde Pekín
El sector de la automoción no atraviesa por su mejor momento, asi que el futuro de Nissan no se prevé demasiado halagüeño. Pero no debe olvidarse que las cadenas de montaje de Nissan en Barcelona han sido capaces de fabricar desde furgonetas a todo-terrenos, pasando por los coches eléctricos, y que podrían adaptarse a cualquier propuesta y eso siempre es un buen aliciente. Tampoco es baladí que en Europa lleva años esperándose el nunca descartable desembarco de alguno de los seis gigantes chinos del motor, como SAIC, Dongfeng, FAW, Changan, BAIC o Geely. Y tal vez, la vieja fábrica de Motor Ibérica pueda ser la puerta para que Pekín, seguramente a un buen precio, ponga su primera pica en unos de los pilares fundamentales de la industria europea a los que todavía no ha puesto cerco: la del automóvil. III

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