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El CRAM, ubicado en El Prat, permite apadrinar una tortuga para proteger el medio marino

Patricia Barajas | Miércoles 18 de marzo de 2015
El Centro de Recuperación de Animales Marinos ofrece sus servicios en El Prat desde 2011. Servicio clínico, investigación y sensibilización: ejes fundamentales de este centro defensor del mar

En el año 1991 una epidemia vírica provocó la muerte de centenares de delfines en las costas catalanas. Se puso en evidencia que había una carencia en la asistencia a fauna marina salvaje y no había ninguna infraestructura para asistir a los animales que llegaban enfermos o con lesiones al litoral. Tras esa experiencia, muchos de los voluntarios se ofrecieron para dar respuesta clínica a los animales en ocasiones específicas. En 1994 se inauguró oficialmente el Centro de Recuperación de Animales Marinos de Cataluña, el CRAMC. Ubicado en Premià, era el primer centro dedicado a la recuperación de animales marinos de todo el mediterráneo.

El centro disponía de un equipo de voluntarios y de un presupuesto simbólico para dar asistencia a esos animales. Los recursos eran escasos y eso impedía apostar por la investigación. Por ese motivo, en 1996 se creó la Fundación para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos (CRAM). En el 2011 la Fundación inauguró el Centro de Recuperación de Animales Marinos y las instalaciones fueron trasladadas a El Prat de Llobregat. El terreno donde se encuentra el CRAM actualmente fue cedido a causa de unas medidas compensatorias que se aplicaron a AENA por la construcción de una pista nueva que invadía espacios naturales.

Las instalaciones actuales son las primeras a nivel europeo diseñadas para el tratamiento de cetáceos, tortugas marinas y aves marinas. La fundación tiene tres ejes principales de trabajo: clínica y rescate, investigación y conservación y la tercera línea es educación, sensibilización y formación.

El edificio de educación está dedicado a la difusión y sensibilización de los retos globales que afectan al medio marino. Con la exposición “A favor de la biodiversidad: por un mar de esperanza” pretenden mostrar a los visitantes las amenazas al medio marino. También se hacen talleres más específicos. En el edificio de la clínica es donde se encuentran los animales. En estos momentos hay cinco tortugas residentes, que por las lesiones que presentan no pueden ser reintroducidas, y una paciente. Esta última será reintroducida cuando se cure. Las residentes participan en un programa de reproducción asistida para en un futuro, si la especie va en regresión, poder reproducirlas en cautividad y reintroducirlas en su hábitat. El edificio cuenta con una cocina, para preparar los alimentos de los animales, una sala de electro medicina, un laboratorio, UCI de aves y tortugas y un quirófano. En la zona exterior hay una piscina para poder asistir a cetáceos y tanques para cada tortuga.

El edificio de investigación es un espacio especializado en biología y veterinaria dónde crean y transfieren conocimientos en torno al medio marino. El espacio de estudios “postmortem” permite a los científicos realizar necropsias cuando se necesita aclarar los motivos de la muerte de algún animal. El centro ofrece plazas para aquellos estudiantes de veterinaria que quieran hacer prácticas.

Hay un cuerpo de 5 trabajadores en plantilla y unas 12 personas que se encargan de la parte educativa. De entre los 600 voluntarios se distinguen dos tipos: los que van directamente al centro (que son rotativos) y los que participan en la red de rescate directamente desde su municipio cuando hay una operación de asistencia en la playa. Elsa Jiménez, directora de la Fundación, asegura que “la relación con los pescadores es fundamental”, ya que muchas tortugas se quedan enganchadas en sus redes. Al ser unos colaboradores esenciales para el CRAM, éste les imparte formación cada año para explicarles la amenaza y las directrices que han de seguir si capturan a una tortuga.

El CRAM ofrece la posibilidad de “apadrinar” a una tortuga. Asignan una tortuga residente y el “padrino” recibe una ficha con fotos del animal, un carnet que le permite ir a verla siempre que quiera y un peluche. Los que renuevan un segundo año, tienen la posibilidad de darles de comer. La Fundación está financiada a través de patrocinios de empresas, las ganancias de las visitas, donaciones particulares y proyectos europeos. III