Sant Boi

Los obstáculos están para vencerlos

Edu Rodríguez | Miércoles 16 de septiembre de 2015
El santboyano Pedro Osuna, ahora con 71 años, ha cruzado en bicicleta países como Mongolia o Chile recorriendo sus desiertos o cimas más altas. Albañil de toda la vida, su jubilación le ha permitido disfrutar de unas de sus pasiones deportivas;Australia i el Gran Cañón ya esperan su paso

Naces, creces, te casas o no, tienes hijos, los crías, te jubilas y mueres. Paralelamente, desde que cumples la mayoría de edad hasta que te jubilas, trabajas; en otras palabras, te buscas la vida e intentas ganar suficiente dinero como para que tú y los tuyos puedan vivir mínimamente bien. Esta suele ser la vida habitual de una persona; las distintas etapas por las que suele atravesar.

A partir de ahí, cada uno puede conseguir, en cualquier ámbito (laboral, amor, hobbies…), lo que le dé la gana: si uno quiere y hace las cosas con determinación puede o, como mínimo, estará más cerca de poder lograrlo: nadie sabe de lo que es capaz hasta que no lo intenta y persevera en eso. Eso es lo que piensa Pedro Osuna, santboyano de 71 años, cuyo lema es que “el desánimo es el alimento del fracaso”. Si tú haces algo que sea porque te guste, no porque te lo impongan. Y es que si las cosas las afrontas como si de una obligación se tratase, el riesgo de que fracases es enorme.

Pedro ha trabajado de muchas cosas durante su vida, pero siempre han sido cosas que le han gustado. El motivo, muy sencillo: hay que disfrutar con lo que se hace, porque es muy duro levantarse cada día para ir a hacer algo que te desagrada. Una vez jubilado, tuvo que elegir entre la bicicleta y correr, dos de sus grandes pasiones, y se decantó por las dos ruedas.

Pedro no entiende como hay gente que le tiene miedo a la jubilación y defiende que con ella no se acaba la vida. Ni mucho menos. Tampoco se puede vivir anclado en el pasado: éste ha de servir únicamente de referente; lo que hay que hacer es vivir el presente en todo momento y plantear el futuro con ilusión. En este sentido, cree que no se pueden dejar pasar las oportunidades que la vida te ofrece pues nunca sabes cuál será tú último día.

No hay reto imposible
Mongolia, Chile, Tíbet, el campo base del Everest, Katmandú, Andalucía, el Camino de Santiago… son tan solo algunas de sus últimas víctimas. Todo ello una vez jubilado y es que, tal y como escribíamos al inicio, cuando se quiere y se hacen las cosas con determinación se puede o, como mínimo, se está más cerca de lograrlo. Pedro ha sobrevivido a todo tipo de situaciones: desde temperaturas inhumanas a la escasez de alimentos o agua pasando por problemas con el visado. El mejor ejemplo de esto es la Patagonia, donde, por ejemplo, en todo un día pedaleando tan solo se cruzó con cuatro coches y dónde fue a comer a un sitio en el que únicamente le servían estofado de res y un panecito. En sí, debajo de Santiago de Chile no hay nada, ya que todo lo que siembra se lo lleva el viento; un viento que curiosamente siempre va en la misma dirección, como si fuese una bandera: por ello, un italiano de allí le aseguró a Pedro que sale a ir en bici desde las 7 de la noche a las 12, dado que es cuando el viento se aplaca.

Estas aventuras le han ayudado, además, a abrir los ojos y tener una visión más amplia del mundo: darse cuenta que somos unos afortunados por tener lo que tenemos, ya que muchas de las cosas que usamos a diario no las tienen en África (luz en las calles, agua potable, aceras…) por ejemplo; por este motivo, Pedro ayuda con distintas ONG’s de las que él es socio como Médicos sin frontera o Cruz Roja, entre otras. También ha podido comprobar de su propia mano el hecho de que las condiciones de vida son muy distintas según el lugar en el que te encuentres: 20 euros en Mongolia sirven para vestir a niños y que una familia coma durante días, cosa que en Europa es imposible. Justamente, este extenso país entre las regiones de Asia Oriental y Asia Central es uno de los que más le fascinó: con 2,966,294 habitantes, pese a ser 3 veces más grande que España, destaca por ser un lugar sin apenas carreteras, lleno de pistas de tierra, sin fábricas ni contaminación acústica…


En un futuro, tanto Australia como el Grand Canyon, si la economía lo permite, le esperan. Y es que la vida está para disfrutarla, que al final solo la vivimos una vez. III