Miguel Garcia

¿Política o negocio?

Miguel García | Jueves 15 de octubre de 2015
La credibilidad y la confianza son fundamentales para que los políticos puedan cumplir con su función de representación en los órganos democráticos. En España ha habido una crisis de representatividad tal y como ilustró el surgimiento del movimiento 15M. Los partidos políticos hegemónicos se habían alejado de la sociedad, representando más sus intereses partidistas y particulares que los del conjunto de la sociedad.

Los ciudadanos están reclamando una nueva forma de hacer política, creíble, transparente, con las manos limpias, que permita rehacer los vínculos de confianza entre representantes y representados. Los viejos partidos parecen no enterarse y persisten en sus comportamientos de difícil justificación que facilitan que los ciudadanos se cuestionen si se presentan a las elecciones para hacer política o negocio. Así, por ejemplo, la alcaldesa de L’Hospitalet, Núria Marín (PSC) y el portavoz municipal de ERC, Antoni García, han renunciado a su dedicación exclusiva en el Ayuntamiento para asumirla en la Diputación. Implica que se comprometen a darle una dedicación marginal al Ayuntamiento, ya que es lo que establece la jurisprudencia del Tribunal Supremo.

¿Cómo puede la alcaldesa dar una atención marginal al Ayuntamiento? Es difícil de justificar, especialmente si cabe la interpretación de que hay un interés económico, al pasar Núria Marín a cobrar 15.600 euros más al año de los 73.500 que cobraba como alcaldesa y Antoni García 13.800 euros más de los 65.500 que ganaba como portavoz municipal. Y esto al poco más de un mes de que el pleno del Ayuntamiento acordara una rebaja del 5% de la retribución de los cargos electos. La alcaldesa ha tenido la dignidad de al menos renunciar a las dietas, pero no así el portavoz de ERC, que reconoció en el último pleno que no renunciaría a los 19.800 euros anuales por asistencia a los plenos del Ayuntamiento, con lo que sumado a los 13.800 euros, su sueldo llega a 98.800, 33.600 más de lo que cobraba como portavoz municipal. Con estas prácticas es difícil recuperar la credibilidad en la política. III