Miguel Garcia

La segunda transición

Miguel García | Miércoles 17 de febrero de 2016
El cambio ya ha llegado. El fin del bipartidismo significaba abrir una nueva etapa con un sistema multipartidista y, por eso, esta nueva etapa ha de estar marcada por el diálogo y la búsqueda de consensos.

Ya no se trata de ir alternando en el gobierno un partido u el otro y cederle todo el poder para que haga lo que quiera, facilitando que atiendan más intereses partidistas que los problemas de los ciudadanos. Ahora hay que dialogar y llegar a acuerdos, por lo que es preciso desterrar de una vez por todas el frentismo, la España de rojos y azules, que durante tantos años ha protagonizado la política española.

Asumir esta nueva situación les está costando a los viejos partidos y, sorprendentemente, a algún partido que, siendo nuevo, está reproduciendo las dinámicas frentistas y partidistas del pasado. En cambio, C’s, desde el principio, ha sido garante del diálogo y el consenso; siempre hemos mirado de poner en positivo lo que nos une frente a lo que nos separa. El consenso, eso sí, se ha de construir en torno a las políticas y no el reparto de cargos.

España necesita reformas profundas que hagan que nuestro país vuelva a merecer la pena. Son muchos los retos: hay que trabajar muy duro para lograr una economía basada en el conocimiento que nos permita ser competitivos y generar un crecimiento de calidad; es preciso luchar contra la desigualdad, la pobreza y la exclusión, todos los ciudadanos han de recibir un salario digno por un trabajo digno y se ha de generalizar la contratación estable e indefinida; hay que corregir las disfuncionalidades de la organización territorial y la degeneración democrática que representa la partidocracia y la corrupción institucionalizada, a través de reformas institucionales profundas para lograr un estado más eficiente, transparente y democrático al servicio de los ciudadanos.

Estos propósitos son ambiciosos e implican cambios constitucionales, por lo que es imprescindible que se forjen en torno a amplios consensos, ya que representan una verdadera segunda transición. III