Juan C Valero

Muros entre vecinos

Joan Carles Valero | Jueves 01 de septiembre de 2016
Donald Trump quiere levantar un muro entre EEUU y México. En Europa, el Mediterráneo es el muro natural para los que sufren, junto a las alambradas de los campos de refugiados. Entre nosotros hay también muros, algunos más visibles que otros. El más evidente es el “cajón de Sants”, la rambla elevada que cubre las vías del tren desde la Riera Blanca hacia el interior de Barcelona. La rica ciudad de Ada Colau ha levantado un muro de agravios frente a L’Hospitalet y el resto de poblaciones del Baix que las vías férreas dividen. Nada ha cambiado entre la capital y su periferia.

Barcelona ha inaugurado en pleno mes de agosto su primera rambla elevada, al estilo del High Line neoyorkino pero en pequeño. Se trata de un paseo ajardinado de 800 metros de longitud sobre el cajón de hormigón que cubre las vías del tren a su paso por Bordeta y Badal, en el barrio de Sants. Los cronistas barceloneses han subrayado que lo más llamativo de esta original franja verde es su abrupto final. La frontera entre el vergel y las vías que dividen Santa Eulalia y La Torrassa es brutal. Porque en la Riera Blanca, la calle donde una acera pertenece a Barcelona y la otra a L’Hospitalet, se ha levantado un verdadero muro de desigualdad. En la boca del Metro de Santa Eulàlia arranca una escalinata para subir al paseo, aunque también está la opción del ascensor para acceder a la high city desde su periferia.

L’Hospitalet no tiene tanta capacidad inversora como Barcelona, o quizá administra de forma diferente el dinero fresco que obtiene de las nuevas empresas que se instalan en el Districte Econòmic, esa tierra de promisión alrededor de la plaza Europa. Lo cierto es que Barcelona ha cerrado con verde la cicatriz a cielo abierto de sus vías con una original cirugía estética, aunque haya levantado ante su vecina L’Hospitalet un muro físico y de agravios comparativos. Mientras, al otro lado de la frontera capitalina, la alcaldesa Núria Marín sigue reclamando el soterramiento de las dos líneas férreas que cruzan y dividen la segunda ciudad catalana, actuando de históricos muros interiores entre sus barrios y vecinos.

El arquitecto del “cajón de Sants”, Sergi Godia, acaricia la idea, casi el sueño, de que algún día, por puro sentido común, su obra se prolongue a través de L’Hospitalet hasta el parque de Can Mercader, en Cornellà. El Área Metropolitana de Barcelona (AMB) es el segundo presupuesto municipal de Cataluña, el más rico después de Barcelona, y en esa institución comparten poder Ada Colau, su presidenta, Nuria Marín y el alcalde de Cornellà, Antonio Balmón. Si se ponen de acuerdo, podrían prolongar la rambla elevada de Sants y extender la ruta verde barcelonesa 5 kilómetros que atravesarían todo L’Hospitalet hasta un poco más allá de la Ronda de Dalt, en Cornellà. Veremos si estos vecinos se ponen de acuerdo.

El muro con Esplugues
Otro ejemplo de dificultad para que dos municipios fronterizos aborden una mejora común lo tenemos en el retraso de décadas para abordar el adecentamiento de la avenida Torrent (Esplugues) con la calle Severo Ochoa (L’Hospitalet). A pesar de ser una frontera municipal muy transitada, porque es el acceso a los populosos barrios de Can Vidalet y de Pubilla Casas, históricamente ha sido una zona olvidada para ambas administraciones. Menos mal que desde hace 37 años gobiernan alcaldes socialistas en las dos ciudades, porque aún hubieran encontrado una excusa de haber sido de diferentes partidos.

Ha sido precisamente en el marco del AMB donde las dos alcaldesas vecinas, Núria Marín y Pilar Díaz, han acordado con el dinero metropolitano impulsar unas obras muy esperadas en décadas. Empezarán a principios del año que viene; costarán 1,2 millones de euros; durarán ocho meses y con ellas se eliminará la chapucera rambla de la isleta central, ampliando las aceras y renovando el alcantarillado, el arbolado y el mobiliario urbano, además -cosa importante- de soterrar el cableado. Como colofón, se construirá una rotonda que facilite la distribución viaria en ese nudo de comunicaciones intermunicipal.

El muro de la desigualdad
Hay muros menos evidentes que actúan de límites de las aspiraciones. Son los que se levantan cuando no funciona la teoría del ascensor social. Por las desigualdades, que las padecen los más débiles, que suelen ser los hijos de los más pobres. Nuestros menores viven una época fascinante con muchas posibilidades, pero también muchos problemas. Loable es la iniciativa de Cornellà de reclutar maestros para impartir las clases de refuerzo que no pueden pagar los padres.

Otra buena iniciativa arrancará este nuevo curso en L’Hospitalet. Los estudiantes de cuarto de ESO de los centros públicos tendrán profesores auxiliares de conversación en inglés para reforzar su educación trilingüe. La medida se complementará a medio plazo con una escuela internacional de negocios, un centro universitario y otro de formación online en el edificio de los antiguos juzgados de L’Hospitalet, frente a la estación de cercanías de Renfe.

Aprobar la asignatura de la Formación Profesional dual es otro gran reto de nuestro territorio, aunque exista un buen y solitario ejemplo en la Escuela de Aprendices de Seat. La figura del aprendiz está muy enraizada en nuestro país. En la Edad Media había gremios y los especialistas enseñaban a sus discípulos a cambio de comida y alojamiento. Al cabo de unos años, el maestro extendía un documento al aprendiz en el que certificaba su formación. Hasta que en la Transición española nos olvidamos de la FP y todas las familias apostaron por llevar a sus hijos a la Universidad, cuando en otros países, como Alemania, la potenciaron y ahora tienen el 60% de sus jóvenes en la FP dual, cuando en España no llegan al 3%.

Necesitamos una alianza para introducir la FP dual en nuestras empresas y para analizar las titulaciones que ahora ofrecemos, porque no puede ser que Suiza y Alemania tengan 160 y 152 especializaciones más que nosotros. ¿No necesitamos esos empleos o es que no hemos pensado en que nos hacen falta? Para reducir el paro juvenil también debemos indicar a los jóvenes cuáles son los empleos que nuestra comarca y el país necesita para así casar mejor oferta y demanda. Podrán estudiar lo que quieran, pero como sociedad tenemos la obligación de informarles de las necesidades y que ellos elijan. De esta forma evitaremos que tengan que salir fuera, con la frustración que ello implica y el dispendio económico que supone para nuestra sociedad haberles formado para que otros países se beneficien. Solo así derribaremos el muro del acceso al trabajo para nuestros jóvenes. III