Manuel Reyes

De l’estaca a l’estacada

Manuel Reyes | Jueves 04 de mayo de 2017
Parece a veces increíble lo que está sucediendo en la actualidad política catalana. Hemos pasado de lo que algunos podrían haber titulado como un sueño utópico o una reivindicación regionalista, a una triste pesadilla donde llevamos inmersos unos cuantos años.

Estamos sufriendo una verdadera parálisis institucional del govern, que habiendo perdido el norte sobre lo que deberían ser sus prioridades, se encuentra empecinado en llevarnos hacia ninguna parte y sembrar frustración y división entre sus ciudadanos.

Y es que no podemos decir que palabras de personajes como Lluís Llach, antes un destacado cantautor, ahora transformado en el censor mayor del Principado, estén contribuyendo a resolver esta situación ante estupor de unos ciudadanos que asisten atónitos a la descabellada y reiterada actuación de los líderes separatistas.

Como alguien como Llach pretende amedrentar a los funcionarios, amenazando con que pueden ser sancionados si no se saltan las leyes, y no obedecen a pies juntillas lo que el govern les dicte incluso en el caso de que no sea legal. Puede parecer una broma de mal gusto, pero no lo es. De hecho, sus palabras lejos de ser rectificadas por algún conseller o el propio president, sólo encontraron el aplauso de sus acólitos en la propia sede parlamentaria.

El govern parece que quiera dejar en la estacada a cientos de personas que cada día trabajan en nuestra comunidad autónoma velando por los ciudadanos, ayudándonos en nuestro día a día en innumerables funciones. Usted se imagina que nuestros mossos d’esquadra que no hagan caso a los delirios independentistas fueran separados y apartados del cuerpo, o lo mismo con los docentes de los centros públicos, médicos, personal de servicios sociales, y un largo etcétera. O estas con el pensamiento único o serás perseguido será la máxima bolivariana que tendremos en Cataluña, más propia de estados opresores comunistas o nortecoreanos.

Reclamo que vuelva el ‘seny’, que la cordura impere en aquellas personas que tienen una gran responsabilidad. Cataluña no es el cortijo de nadie, y los catalanes somos plurales. No podemos consentir que nos arrebaten lo que es nuestro, nuestra libertad y nuestro estado de derecho.
Muchos seguiremos trabajando incansablemente para defender todo lo que hemos construido juntos durante cientos de años. III