Opinió

¡Ánimo, Manuel!

Lluis M Estruch | Lunes 30 de abril de 2018
¿Por qué no Manuel Valls Galfetti (55 años), un barcelonés nacido en Horta, no puede ser el alcalde de Barcelona, de una gran Barcelona?

En el 1982 un bus lleno de intelectuales barceloneses se trasladaba a Madrid a visitar una exposición oficial del pintor catalán Xavier Valls Subirá ( Barcelona,1923.2006) sin mucha suerte en su ciudad natal, secuestrada por la corriente abstracta de Tàpies y cía. Este boicot entre muchos dio pie al mito decadentista cultural (Titanic) de una ciudad abierta y europea que se encerraba en sí misma, en un sectario localismo a ultranza para hundirse en la irrelevancia.

Han pasado años y hechos para que aquella tal vez exagerada denuncia haya tomado cuerpo ya verdaderamente; Barcelona farfulla, retadores discursos excluyentes: mientras tanto coleccionistas y mecenas extranjeros retiran sus fondos y buscan nuevos lugares más cosmopolitas. Qué decir de los inversionistas y turismo de calidad, en franca retirada. La ciudad preferida de los “Erasmus” se enreda en huelgas y tensas manifestaciones que ralentizan su salud económica y cívica. Colau una pésima alcaldesa decae en su último año de desgobierno hasta lo nunca visto en otros alcaldes. Al otro lado del ineficaz Ayuntamiento de Colau, una Generalitat masoquista se aplica sin prisas la disciplina del 155. Una doble crisis y con vasos comunicantes de pura toxina está servida.

La débil política cultural de ambos poderes (local y autonómico) ha acentuado su sesgo particularista hasta extremos peligrosos y poco rentables. Barcelona es capital mundial de la edición en castellano desde los tiempos de Cervantes, pero empieza a perder esta influyente industria. Ante todo ello se producen manifiestos, lamentos y se intentan reacciones políticas y hasta un incipiente rearme ideológico y cultural vía clubes, fundaciones y sociedades privadas, no muy coordinadas entre ellas. Tras las múltiples e inútiles votaciones con DUI incluida, muchos historiadores hemos repasado el concepto de ‘Independencia’ y, excluyendo semanas, días y horas de altisonantes declaraciones, solo hemos encontrado el corte siempre mal explicado del período de dependencia francesa (1641-1652) y al que se sustituyó con alivio vergonzante de nuevo por Madrid.

Entre Cataluña y Francia siempre ha existido por proximidad una gran afinidad cultural e histórica y que diversos “Pirineos” han impedido profundizar. Borges, Mistral, Mandiargues, Genet… han cruzado la frontera y se han referido a esta “Marca Hispánica” de lengua singular, un mal latín como el castellano y bien afines los dos.

Así que cuando la noticia de que el político ex socialista hispano-francés Manuel Valls (Barcelona, 13.8.62), de impresionante currículo se estaba “pensando” optar a la alcaldía de Barcelona por Ciudadanos, lo cual me pilló leyendo las memorias de su padre -con dibujos de hijos y esposa italo suiza-, y que en el despacho de un familiar lucía un póster de la exposición del padre en Madrid de 1982, me dije premonitorio: “Adelante, Manuel que nos haces falta…”.

En una Europa unida los detalles administrativos tienen escasa importancia, y como muestra Anne Hidalgo Aleu, (58 años) gaditana de San Fernando, que es la alcaldesa de París. Así que, ¿por qué no Manuel Valls Galfetti (55 años), un barcelonés nacido en Horta, no puede ser el alcalde de Barcelona, de una gran Barcelona?