Juan C Valero

Alcaldeando para naturalizar personas y humanizar ciudades

Una imagen sobre "naturalización" publicada en Twitter por Emilia Briones, teniente de alcalde de Innovación Urbana y Presidencia del Ayuntamiento de Cornellà.

Joan Carles Valero | Viernes 01 de junio de 2018
Nuestras ciudades y pueblos están literalmente en obras, hasta el punto de que los meses que median hasta el 26 de mayo, fecha de las elecciones municipales, vamos a tener que sortear más obstáculos que en una pista americana. Todo con el objetivo de que, a la hora de votar, la imagen de nuestros barrios luzca como una patena para que, como ocurre cada 4 años, los ciudadanos olviden el pasado reciente y concedan la reválida a quienes ahora mandan, a pesar de que se comporten como los malos alumnos, que solo estudian-ejercen en vísperas de exámenes.


Los alcaldes y alcaldesas tienen encomendada, que no delegada, la fundamental tarea de dirigir la gestión y la promoción del bien común en su doble vertiente de proporcionar bienestar individual y cohesión social. Nuestros políticos locales gestionan entidades mucho mayores que cualquier empresa: tienen más personal (funcionarios), más presupuesto (dinero de sus vecinos) y, sobre todo, tienen una mayor exigencia de responsabilidad pública. Ahora encaran la recta de los exámenes finales de su mandato. Pero no todo el mundo está preparado.

Colocar al ciudadano en el centro de la estrategia debería ser la obligación de cualquier alcalde, guiado por el deseo de un legado real en la búsqueda de respuestas a los retos. Lo ideal sería que las preguntas surgieran del trabajo común con todos los agentes que conforman la sociedad para aprovechar el talento de los profesionales que operan en el territorio. Un talento que debiera florecer del debate alrededor del papel y la legitimidad de los emprendedores innovadores y las administraciones comprometidas en la generación de un cambio positivo en las ciudades. Empresas como por ejemplo las periodísticas, que bien conozco, y en las que sus profesionales intentan entrever cómo pueden incorporarse al espacio público de una manera positiva para todos, suelen encontrarse con muros de recelos e incluso rechazo. Porque las propuestas de co-creación provocan alergia a los mediocres.

No todo el mundo se siente preparado para aprobar los exámenes de las urnas, y por eso las maquinarias de propaganda municipales ya han lanzado eslóganes con los que enmarcar un relato que vender a los votantes. Eslóganes que pasan por exclamar el amor inconmensurable que sienten por su ciudad, porque “se hace querer” dicen desde L’Hospitalet, donde se proclama un enamoradizo “We L’Hove” mientras su ayuntamiento está regando las calles con nada menos que cien millones de euros en obras para renovar el asfaltado, ampliar aceras, sustituir farolas y nuevos equipamientos.

Marcos mentales positivos
Gavà ha dado en el clavo al elegir su lema Natural-Ment porque esa población que goza de mar, parque agrario y montaña, se ha comprometido a reforzar los valores de su medio ambiente, de su entorno, en una clara y definitiva apuesta por la sostenibilidad. Una sostenibilidad en todos los frentes: urbano, económico, social y democrático y que son los ejes de las políticas transversales que impulsa Raquel Sánchez, su alcaldesa, que en este mandato ha crecido políticamente.

Naturalizar Cornellà es otro de los marcos mentales propuestos en esta recta final. Sobre el mapa, se han pintado de verde una serie de micro intervenciones urbanísticas que intentan crear cinco ejes para ligar los escasos parques existentes a través de minúsculos espacios y plazoletas en la ciudad más densamente poblada de la comarca, con permiso de L’Hospitalet. Aún tardarán diez años en acabar de “naturalizar” esa ciudad con un presupuesto para este año de 6,3 millones de euros, lo que se antoja poco para toda Cornellà, a no ser que sea a base de colocar macetas. Tanto verde que te quiero verde y los ciudadanos siguen valorando más en las encuestas la existencia del centro comercial Splau, que no lo ha hecho su ayuntamiento y que encima está en terrenos de El Prat.

Boom del comercio electrónico
El urbanista Oriol Bohigas definió la ciudad como edificios de viviendas con bajos comerciales. El individualismo sin ataduras, sin vínculos duraderos y los cambios en los hábitos de los consumidores están modificando la fisonomía de las ciudades, hasta el punto de que empresas de distribución y logística están comprando locales comerciales en el área metropolitana para destinarlos a centros de distribución del comercio electrónico. Otros propietarios de locales cerrados tramitan su conversión en viviendas, dado que nadie quiere dedicarse al comercio de proximidad.

La última milla del reparto de las compras por internet obliga a una logística de transporte intensivo, no sólo para llevar la mercancía a los hogares de los consumidores, sino porque devolvemos muchos productos, sobre todo del sector textil. El fenómeno de las compras por internet, que ya suponen el 2,1% del PIB, va a crecer exponencialmente, con la consiguiente ocupación masiva del espacio público. Ya no solo son las terrazas de los bares, permanentemente instaladas todo el año para los fumadores; nuestras calles van a ser cada vez más invadidas por motocicletas, furgonetas y todo tipo de camiones de reparto y reposición de mercancías.

Relaciones políticas frágiles
Además del individualismo exacerbado, la piedra angular de la contemporaneidad es la fragilidad de las relaciones humanas: estrechamos lazos pero los mantenemos lo suficientemente flojos para poder deshacerlos rápidamente y sin esfuerzo cuando las circunstancias cambian. Un cambio que, por otra parte, es lo único seguro que tenemos, porque se ha convertido en inevitable. La fragilidad en las relaciones humanas, carentes de suficiente compromiso, afecta a las relaciones comerciales y también al vínculo de los ciudadanos con su entorno, especialmente con sus políticos locales. Frente a un modelo de convivencia que lo está definiendo el consumo, el individualismo y la batalla identitaria, los alcaldes deberían pregonar más humanismo y evitar la colonización del espacio público, que desgraciadamente ahora no es de todos. III