L’Hospitalet

Laura del Río: “En Alemania, lo que aquí es el fútbol allí es la música”

Francisco J. Rodríguez | Viernes 07 de diciembre de 2018
La soprano de L'Hospitalet comparte un rato con El Llobregat para repasar su carrera en la música y las perspectivas de futuro.

Hoy entrevisto a una soprano arquitecto.
Sí. Arquitecto técnico.

¿Cómo es eso?
Siempre me había gustado tanto la arquitectura como la música. Pero la música era más un hobby, y me decanté hacia la arquitectura, aunque siempre llevando la música en paralelo. Supongo que es la cultura que tenemos aquí: de la música no se puede vivir. Pero sí que es verdad que mis padres siempre me han apoyado para que hiciera lo que más me gustara.

¿Y qué pasó para que dieras el salto?
Estuve trabajando de arquitecto técnico unos años, y cuando llegó la crisis me planteé si seguir con la arquitectura o lanzarme a la música. Y dije, ¡adelante!

Y te salió bien.
Sí. Piensa que la carrera de música son 14 años. Empecé con piano hasta grado profesional. Luego hubo otra época que hice en paralelo canto hasta que decidí dejar el piano y lanzarme con el canto.

De hecho, tus inicios en la música son con un teclado que te regalan tus padres, ¿no?
Siempre me había gustado la música. Como me regalaron uno y me pasaba las tardes con él, mis padres me apuntaron a una escuela de música. Ahí comenzó todo. Aunque en un principio no pensé que acabara siendo mi profesión.

¿Cómo se pasa de tocar el piano a ser soprano?
Te tiene que ayudar tu profesora. Si destacas, vas formándote y vas evolucionando, entonces es cuando te planteas el salto.

No solo hay talento, sino también trabajo.
El porcentaje es mucho mayor de trabajo que de talento, porque el talento, si no lo trabajas, te quedas igual que al principio. En cambio, si ese talento lo trabajas con esfuerzo y dedicación, es cuando puedes aumentar tu nivel.

Y todo esto también lo compatibilizabas con un grupo de pop rock llamado ‘La Oveja Negra’…
¡Era la teclista de la banda! Luego pasé a cantar. No tengo estudios de canto moderno, lo hacía autodidacta, y se necesita una técnica específica. Pero llegó un momento que mi profesora me planteó que, si quería dedicarme seriamente, tendría que escoger.

Y elegiste la ópera. ¿Por qué?
La ópera te da todo. Las composiciones tienen un nivel muy alto. No digo que sea mejor o peor, pero una canción pop de 3 minutos no es lo mismo que una sinfonía que se ha tardado 10 años en componer. Y el poder cantar eso, que tiene una riqueza musical muy alta, es lo que me pide el cuerpo. Es exigente. Y quieres más.

Ahora que hablas de exigencia, ¿cómo es tu día a día?
Tenemos que formarnos como actores y cantantes, estar en buena forma física y saber idiomas. Has de estudiar cada día, calentar para ensayar arias u óperas e ir al gimnasio para tener el cuerpo en forma. Porque cuando subes al escenario has de hacer acciones complicadas. Hace poco hice de Violeta en La Traviata, y todo el tercer acto estoy tumbada, porque se supone que me estoy muriendo.

¿Cómo es cantar ópera tumbada?
Colocarte, coger la posición y proyectar el sonido. Y no solamente es la posición, ya que continuamente te estás moviendo. En otra ópera hice de hombre travestido y tenía que correr por encima de una mesa, bajar a cuatro patas… Mientras tanto tienes que cantar.

Ahora entiendo lo de ir al gimnasio.
O estás en buena forma física, o no cantas.

Ya no es solo salir a escena y demostrar un torrente de voz.
Ahora el director de escena te pide que actúes. Hoy en día has de ser 50% actor y 50% cantante, no vale simplemente con salir al escenario, plantarte, cantar y volver. Y los cantantes de ópera cantamos sin micro.

¿Cantáis sin micro?
Tienes que cantar súper fuerte para que te oigan en todo el teatro. Por eso nos entrenamos tanto en la técnica para proyectar la voz. Piensa que tenemos que cantar por encima de una orquesta con muchos músicos.

Y llenar todo un Liceu solo con la voz…
Hay que saber colocarla y amplificarla.

Madre mía. Pero volviendo a la vertiente más de interpretación, he leído alguna crítica que dice que te mueves en escena “con soltura y simpatía”.
[Ríe]

En octubre participaste en el espectáculo ‘Mans a l’òpera’ en el Liceu, que iba mucho en esta línea.
Aquí se explica cómo se monta una obra desde el primer día de ensayo. Estás todo el rato actuando. Además, yo interpretaba a una soprano que hacía selfies: me pasaba toda la escena haciendo fotos a todo.

Es más teatro con ópera, que ópera con teatro.
Sí. Y eso está muy bien para acercar al público al género.

Entiendo que cuesta, sobre todo entre los jóvenes.
Sí que es verdad que cuando no estás habituado a este tipo de música, tampoco sabes por dónde empezar. Si te inicias con un Wagner, que es brutal pero cuesta más, no vuelves. Entonces has de saber poner una Traviata, un Barbero de Sevilla…

De todas maneras, ¿crees que se le da el apoyo necesario ya no solo a la ópera, sino a la música en general, desde las administraciones?
Hace falta un empujoncito. En Alemania, lo que aquí es el fútbol allí es la música. Pero aquí en España cada vez hay más gente con inquietudes culturales.

Ciertamente, una luz de esperanza y un motivo para seguir trabajando duro. Vienes de interpretar a Violeta en La Traviata, en Fuerteventura y en el Palau de la Música. ¿Es el mejor papel que has tenido?
[Piensa] Traviata es ‘el personaje’. Lo bueno que tiene es que está cantando toda la ópera, con la dificultad de resistencia vocal que comporta. Además, empieza la obra con una tesitura más aguda, muy enérgica; luego pasa a más dramático y en el tercer acto muere, y es grave.

¿Cómo acabas después de las óperas?
Hay que entrenarse bien antes para aguantar. Y aunque tienes la adrenalina a tope y te apetece hablar con todo el mundo al final, has de descansar. Porque si no, no rindes.

Cambiando de tema, en los últimos tiempos has recibido diversos premios: el María Orán de Tenerife, el Ciudad de Sevilla, el Ciudad de Logroño… ¿Con cuál te quedarías?
No es uno, lo bonito es que vas haciendo un camino. Todos tienen algo que me han aportado.

El mejor reconocimiento, sin embargo, es el que te hacen tus paisanos. En septiembre actuaste en el Centro Cultural de Bellvitge. ¿Cómo fue?
Yo allí estoy en mi casa. Siempre se llena e intento llevar un repertorio que sé que gusta mucho.

¿Hay afición en Bellvitge?
Sí, sí, un montón. Se hacen colas muy largas. De hecho, toda mi vida he estudiado en Bellvitge y San José.

¿Sueles actuar a menudo en L’Hospitalet? ¿Te gustaría hacerlo más?
He actuado en el Palau de la Música o el Liceu, pero no lo he hecho nunca en el Barradas y me encantaría poder hacerlo.