Cornellà

“Algún indepe de ahora no iba a reuniones clandestinas por miedo a la guardia civil”

Pere Ríos | Viernes 09 de abril de 2021
Manuel Campo Vidal nació en 1951 en Camporrells, un pueblo de Huesca situado en la franja con Catalunya, y llegó al barrio de Almeda de Cornellà con nueve años. Allí creció y vivió las inundaciones de 1962 y 1971, tomó conciencia social y política y se involucró en la lucha antifranquista como líder vecinal y del PSUC.

Fue el representante de la ciudad y del Baix Llobregat en la Assemblea de Catalunya, el movimiento unitario de la época en favor de las libertades y con la llegada de la democracia podía haber hecho carrera política, aunque optó por continuar ejerciendo el periodismo. Seguramente habría sido el primer alcalde democrático de Cornellà tras las primeras elecciones municipales de 1979, pero renunció a encabezar la lista del PSUC, que lideró Frederic Prieto, y años después rechazó diversas propuestas de varios partidos. Se fue de Catalunya a los 30 años para continuar con su carrera profesional en la radio y la televisión, pero asegura que acude a Almeda, Cornellà y el Baix Llobregat siempre que le llaman y para cualquier cosa.

A estas alturas se hace difícil entrevistarte porque de ti se ha dicho y se ha escrito ya todo. Repasando tus orígenes y tu trayectoria quizás sí se pueda afirmar que eres un ejemplo del llamado ascensor social.
Sí, es una expresión que, aunque soy sociólogo, no la he visto en el resto de España, pero que en Cataluña sí que se utilizó. Otra cosa es que me parece que el ascensor está parado desde hace algunos años y hay que subir por las escaleras.

¿Por qué está parado?
Yo viví 20 años de mi juventud en Catalunya y entonces el juego estaba más abierto. Tengo la sensación que Catalunya está más cerrada, a la vez que más polarizada, y tengo la impresión, por testimonios de hijos y amigos míos con las que tengo relación, de que tienen más dificultades de las que tuvimos nosotros.

¿El procés es la causa de esta situación?
Creo que el procés ha “provincianizado” Catalunya. Barcelona no es una gran ciudad que pueda competir con. Madrid, Londres, Milán o París, porque en el año 1987, con la mayoría absoluta de Jordi Pujol, se aprobó una ley de ordenación territorial que limitaba las posibilidades de que Barcelona se convirtiera en una gran capital metropolitana. Entonces empezamos a ir para atrás, pero eso se cortó gracias al gran alcalde Pasqual Maragall, que fue mejor alcalde que presidente de la Generalitat, y Barcelona volvió a proyectarse con los Juegos Olímpicos y tantas otras iniciativas. Pero después el procés ha paralizado muchas cosas, y la foto en la factoría de Seat de Martorell, en la que había una gran alianza internacional de capitales, con el jefe del Estado, el presidente del Gobierno español y la ausencia de la Generalitat ejemplifica bien esta historia, que a mi juicio marca que lo identitario y la soñada república van por delante, y la economía y todos los problemas sociales quedan a la cola.

Llegaste a Almeda en 1960 y entonces no había ningún equipamiento cultural ni social. Todo pasaba por el Centro Social ¿Qué representó aquello?
El Centro Social Almeda fue fundamental para muchos de nosotros, pero tenía un antecedente, que eran los seminaristas que venían los domingos por la mañana y que no solamente nos llevaban de excursión, sino que nos transmitían valores. Recuerdos los apellidos de Farràs, Rovirosa, Carles, Caminals y otros. Y después nos constituimos como Centro Social, del que yo fui presidente de manera fugaz. Fue un centro de debate, formación y también de antifranquismo. Podíamos desarrollarnos en un ambiente sano, establecer relaciones entre nosotros y darnos cuenta del país en el que vivíamos y convencernos de que podíamos ayudar a cambiar. De ahí surgieron muchas personas comprometidas, porque el Centro Social Almeda era un punto de referencia de Cornellà, pues en aquel momento el Patronat no jugaba ese papel. Y después estaba el microclima de Sant Ildefons en torno a esa gran persona que fue el jesuita Joan García Nieto, al que todos le debemos tanto.

¿Qué representó para ti García Nieto?
Fue un ejemplo de honestidad, de compromiso y de liderazgo. Había personas que estaban en Cristianos por el Socialismo con él, no es mi caso, pero otros lo seguíamos y teníamos amistad. Yo tengo un agradecimiento doble: como un joven inquieto de Cornellà de aquellos tiempos, como todos, y luego de forma particular, porque cuando fui a solicitarle ayuda porque tenía la posibilidad de coger un año de excedencia en el Telexpress para irme a estudiar Sociología a París, aunque solo fuera un año, él me ayudó a conseguir una beca con la Fundación Jaume Bofill. García Nieto murió pronto y es verdad que le hicimos un homenaje en Cornellà en el que participé cuando todavía vivía, pero creo que ni Cornellà, ni la comarca, ni yo fuimos capaz de agradecerle todo lo que había hecho por nosotros.

Otra de las personas que más influencia tuvo en aquella época en los jóvenes antifranquistas fue Alfonso Carlos Comín, que intervino en 1968 en la llamada Semana de la Juventud de Cornellà.
Sí, yo tenía 17 años y recuerdo que asistí a su conferencia, que se hizo precisamente en el Centro Social Almeda. Los organizadores eran Ignasi Doñate, Emilio García, Ignasi Riera y otros mayores que nosotros. Yo quedé fascinado con Comín y creo que aquella noche muchos nos hicimos “comín-istas”. Los seguimos, a él, y a su gran amigo García Nieto, allá donde fueron. De manera que si ellos entraban en un partido y nos llamaban, pues nosotros íbamos. Comín es uno de los líderes políticos más interesantes de aquella época.

Tu compromiso político y esa admiración por Comín deriva en el ingreso en el PSUC en 1974 y eres elegido responsable político. ¿El partido lo era todo entonces?
No, nosotros teníamos vida propia en la ciudad. El partido era el que te encontrabas, porque el partido socialista apenas existía y no había otras fuerzas de oposición. A mí me sorprende que algunos que ahora son súper independentistas de mi edad de Cornellà, y no voy a dar nombres, cuando los invitábamos a una reunión clandestina de la Assemblea de Catalunya no venían por miedo a la Guardia Civil. Yo estuve en el PSUC, nunca lo he escondido, pero cuando se aprobó la Constitución en 1978 consideré que ya había hecho mi recorrido y si quería seguir siendo periodista tenía que pasar a una posición independiente, aunque todo el mundo sabe que soy una persona progresista. El PSUC fue un barco que recogió a comunistas, a socialistas, incluso a independentistas. Un compañero mío de célula era Joan Tardà, con el que sigo manteniendo una excelente relación. Ese sí que ha sido siempre independentista y una persona comprometida.

Los meses previos a la muerte de Franco y los posteriores son la etapa de mayor activismo político. Eres el representante de Cornellà y el Baix en la Assemblea de Catalunya hasta su disolución y uno de los organizadores de la histórica Diada del 11 de Setembre de 1976 en Sant Boi. ¿Qué recuerdos te quedan de aquello?
La Assemblea de Catalunya fue una gran escuela, no solo política, sino también de aprender a moderar debates, con el gran Pere Portabella, que era el coordinador de todo aquello. Yo propuse al secretariado de la Assemblea que la Diada se hiciera en Sant Boi y casi se rieron, pero en la negociación en casa del gobernador civil, Salvador Sánchez Terán, dijo que autorizaba la manifestación fuera del término de Barcelona. Y entonces se acordaron de mi propuesta de Sant Boi. Al cumplirse los 25 años me invitaron a participar en el acto desde la tribuna y fue un episodio extraordinario.

Tras la legalización del PSUC Manuel Campo es un líder que aparece en numerosas fotografías junto a Antonio Gutierréz Díaz o a Gregorio López Raimundo, pero en 1979 rechazas encabezar la lista del PSUC en Cornellà en las elecciones municipales en favor de Frederic Prieto. ¿Por qué?
Creía que Frederic Prieto iba a ser un buen alcalde y lo fue. Mi recorrido era seguir en el periodismo. Acepté ir en los últimos puestos de la lista para que no pareciera que me había enfadado. Creo que tenía un desarrollo profesional y que podía seguir apoyando al movimiento ciudadano con el periodismo y las publicaciones. En cualquier acto que me han llamado siempre me han encontrado, es igual que sea del Ayuntamiento, de la Asociación de la Memoria Histórica o la Peña Barcelonista Almeda.

¿Alguna vez te has arrepentido de ser periodista y no hacer carrera política?
Tuve la oportunidad de ser diputado años después. En 1980 me lo propuso el PSUC para el Parlament de Catalunya y Adolfo Suárez se empeñó en que fuese el número 1 del CDS por Barcelona después de que rechazara la oferta el teniente general Gutiérrez Mellado. Al final fue Fernández Teixidó, que salió elegido. Pero tiempo después, Txiki Benegas [entonces secretario de organización del PSOE], como había nacido en la provincia de Huesca, me propuso ser diputado independiente encabezando la lista de Zaragoza. Yo le dije: “Estoy haciendo Hora 25 en la Cadena Ser, abro el micrófono y me escuchan un millón de personas todas las noches. Yo creo que hago más política así que en el escaño”. Y me dio la razón.

Antes has dicho que Prieto fue un buen alcalde. ¿Qué piensas del mandato de José Montilla?
José Montilla es un hombre pragmático, de otro estilo, pero que tenía una categoría política muy por encima de lo que era la alcaldía de Cornellà. La prueba es que fue presidente de la Diputación, ministro de Industria y presidente de la Generalitat. A veces converso con él sobre aquellos episodios.

“Un militante prosoviético de Cornellá me diagnosticó que yo era un socialdemócrata de mierda. Creo que tenía bastante razón. Ahí sigo.” Eso dijiste en 2005 en una entrevista. ¿Sigues ahí en 2021?
Sí, sí, yo sigo estando donde estaba. Si hoy se perdieran las libertades en España, porque hay algunos empeñados en que sí, volvería a militar en el movimiento democrático, y probablemente me encontraría con mucha gente. El PSUC fue un aluvión de antifranquistas y había de todo. Y cuando esa persona de Laforsa me dijo que era un “socialdemócrata de mierda” me sentí muy identificado y le di la razón.

¿Cuándo fue la última vez que estuviste en el que fue tu barrio?
Tú me llamaste ayer, te contesté a los pocos minutos porque eras del Baix Llobregat, y al día siguiente estamos haciendo la entrevista. Eres testigo de que siempre respondo. Ahora hace tiempo que no voy por Cornellà, porque voy menos por Catalunya. He de confesar que me produce cierta tristeza, porque aquel ambiente de unidad y de ilusión está más polarizado. Hay algunos amigos de juventud que se han radicalizado mucho. Hablo con mucha frecuencia con Miquel Salas, que estaba en el Patronat. A veces nos damos algunos paseos por Almeda con mi amigo Manolo Flores, no necesariamente porque haya algún acto. Por suerte pudimos volver al barrio antes de que falleciera mi padre, que había sido muy importante en el movimiento vecinal de Hostafrancs e incluso tiene una medalla de honor del Ayuntamiento de Barcelona, y también fui a la presentación del documental El cinturón rojo, de mi hermano Luis.

¿Qué hace ahora Manuel Campo Vidal, recién cumplidos los 70 años?
Yo siempre he sido una persona muy activa. Hace tres años me llamaron para empujar mediáticamente todos estos movimientos que hay de la España despoblada. Acabo de publicar un libro que se llama precisamente así y que pasa por mucho Cornellà y hay muchas descripciones de Almeda y la familia Flores. Es un ensayo sociológico, pero con rasgos biográficos míos y de otros. Hace dos años hubo una manifestación en Madrid con 150.000 personas llegadas de 22 provincias, redacté un manifiesto y me pidieron que lo leyera. Creo que fue un punto de inflexión. Yo tengo un compromiso democrático, nada orgánico, en intentar mejorar el país allá donde haya una oportunidad y estoy dedicando bastantes esfuerzos a esto. III