Begues

El Castell de l’Eramprunyà se edificó sobre ruinas de la Edad de Bronce

Laura García Martínez

Domingo 03 de julio de 2022

Desde lo alto de una colina, entre acantilados, el Castell de l’Eramprunyà salvaguarda las tierras de Gavà, Castelldefels, Begues, Sant Climent y Viladecans desde que era un baluarte defensivo en la frontera sur de la Marca Hispánica con los territorios de Al-Andalus, allá por el siglo X



Hasta hace bien poco se creía que el origen del castillo, del que todavía se mantienen en pie parte de sus imponentes edificaciones, tenía un origen medieval pero nuevas investigaciones lo sitúan más allá en el tiempo: primero como asentamiento ibérico (datado entre los siglos VI y I antes de cristo) y, según excavaciones arqueológicas más recientes, casi en el albor de la humanidad, en la Edad de Bronce (1.500 años antes de cristo), en plena prehistoria.
El bastión de l’Eramprunya, una de las joyas culturales e históricas de Gavà, se mantiene impertérrito como mirador privilegiado desde el parque natural del Garraf. Se tiene constancia de que la fortaleza está documentada en el año 957 pero se empezó a levantar, muy probablemente, al menos unos cien años antes.
En el año 801, los francos echaron a los sarracenos de Barcelona y los empujaron más allá del Llobregat. Para asegurar el nuevo territorio, se construyeron diversos castillos cristianos en la margen derecha del río: los de Cervelló, Castellví de Rosanes, Sant Boi, Corbera, Castelldefels y, por descontado, Eramprunyà. De esta forma controlaban el acceso a la capital, por tierra y por mar. El primer señor del castillo, en pleno despuntar del feudalismo, se cree que fue Mir Geribert, vasallo de los condes de Barcelona, quien también hubo de hacer frente a las primeras revueltas sociales contra el asfixiante régimen feudal en el siglo X.

Linaje y levantamientos
Pero los auténticos dueños de la fortaleza hace un mileni eran los propios condes de Barcelona. Hasta el año 1323, cuando el rey Jaime II de Aragón la vendió a su tesorero, Pere March. El nuevo señor de l’Eramprunyà formaba parte de un linaje que dominaría el castillo hasta 1590, justo su época de máximo esplendor. En el año 1375 se empezó a levantar el muro del castillo bajo órdenes de Jaume March, según reza en una inscripción grabada en la roca delante mismo del portal de la capilla. Más tarde, en 1469, estalla la guerra civil entre la Generalitat y Joan II de Aragón,y son múltiples los levantamientos en los que el fortín se ve envuelto.
En 1469, durante la guerra civil catalana contra el rey Joan II, el castillo se vio dañado tras un ataque militar del que nunca máa se acabaría recuperando en su totalidad. Durante la contienda, algunos nobles se mantuvieron fieles al rey, entre ellos Pere March IV, que se refugió en su fortaleza durante los ataques de las tropas de la Generalitat que prácticamente la acabaron destruyendo. Tras el asalto, el castillo vuelve a reconstruirse y queda simplemente como torre de vigilancia.
Tras la debacle, los herederos de Jaume March vendieron el castillo en 1897 al banquero, negociante e industrial barcelonés, Manuel Girona. El prohombre se ilusionó con la restauración de su flamante adquisición y llegó a trazar un plan de obras junto a Ramon Soriano, pero finalmente abandonó el proyecto y prefirió restaura el castillo de Castelldefels.
Finalmente, en 2007 el castillo pasó a manos del Ayuntamiento de Gavà que lo adquirió de manos de la familia Girona. Desde entonces, el consistorio ha trabajado por su recuperación con el objetivo de “reivindicar” un patrimonio cultural e histórico de la ciudad, del Baix Llobregat y de Cataluña. Por ello, actualmente el Castell d’Eramprunyà es objeto de trabajos de consolidación y de estudio, fruto de un acuerdo entre el consistorio y el Servicio de Patrimonio Arquitectónico Local de la Diputación de Barcelona,
Durante décadas los excursionistas podían campar a sus anchas por el castillo pero desde que se trabaja en su recuperación, el acceso no es libre y está regulado por un servicio de visitas con guías del Museo de Gavà y otros voluntarios de la Unió Muntanyenca Eramprunyà, que a la vez protege a los visitantes y al castillo. Una vez al mes (exactamente el segundo domingo entre los meses de octubre y junio), se organiza una visita gratuita guiada al castillo, con plazas limitadas que debe reservarse previamente en el Museo de Gavá.
Los vestigios que siguen en pie de la fortaleza de Eramprunyà son lo suficientemente sólidos como para vislumbrar cómo era la arquitectura y la distribución de la construcción, Así, se reconocen dos recintos, “el sobirà i el jussà”, separados por un valle y conectados mediante una pasarela de madera que sustituyó, en el siglo pasado, a un antiguo portón de piedra.

Una antigua residencia de estudiantes
Al castillo se accedía desde un camino ancho que conectaba primero con el recinto sobirà, tras superar una torre y un muro. Uno de los edificios del conjunto sobirà, del que aún resisten los muros y la distribución de las estancias en torno a un patio, fue en su día una residencia de estudiantes, En este sector, se conservan partes de un gran aposento con arcadas de medio punto, de dos cámaras, de una cisterna y de otra sala.En el otro recinto, el jussà, y después de sortear el muro exterior, se encuentra la capilla castral románica, dedicada a San Miguel, junto a su cementerio configurado por una serie de sepulturas antropomorfas, y una cisterna. La iglesia es uno de los lugares mejor conservados de la fortificación. Entre las ruinas se pueden distinguir rocas con forma de silueta humana donde se enterrabaa los fallecidos, ya que el perímetro alrededor de la iglesia era un símbolo de tierra sagrada.
Debido a la falta de documentación, se desconoce qué había dentro del recinto, cómo se vivía, cuáles fueron las fases y etapas del castillo a lo largo de la historia o qué había en la montaña antes de que se levantara el castillo. Sin embargo, ya está empezando a desenterrarse parte de ese pasado remoto.
El cierre forzoso por la pandemia (el castillo reabrió al público en septiembre de 2021) ha permitido avanzar en las investigaciones y las excavaciones arqueológicas han dado con hallazgos de gran valor, como herramientas, platos o vajillas y otros restos de un asentamiento ibérico de entre los siglos I y VI A.C. Pero eso no es todo. Lo más sorprendente que es se han descubierto en el sector oeste del recinto fragmentos de cerámica que apuntan a un asentamiento más antiguo aún, de unos 1.500 años antes de cristo,en plenala Edad de Bronce. Todos estos valiosos objetos -convenientemente documentados, medidos, examinados y con sus características detalladas- se guardan en el Museo de Gavá, que sigue investigando, excavando en busca del origen más remoto del Castell de l’Eramprunyà.

Bastión contra los piratas
El lugar de rehabilitar el Castell d’Eramprunyà Manuel Girona optó por el de Castelldefels, que adquirió en 1897 y que está a 59 metros sobre el nivel mar, La fortaleza, que data del siglo X, es un icono de la ciudad y está construido sobre ruinas ibéricas y romanas,. El castillo ecuenta con una iglesia en su interior. La gran misión del fortín fue controlar el territorio y defender la ciudad ante invasiones árabes entre los siglos XVI y XVII y contra los ataques de piratas berberiscos. Durante la Guerra Civil el bastión fue utilizado como centro de instrucción militar por parte de los republicanos y, la iglesia se convirtió en un cuartel de los brigadistas internacionales y en prisión preventiva de desertores e indisciplinados. El castillo ofrece actualmente visitas guiadas que incluyen , la iglesia, la sala de maquetas, a la planta noble, sus jardines y un espectacular mirador,