José Ángel Carcelén

Un planeta para las personas

José Ángel Carcelén | Viernes 06 de octubre de 2023
Este tiempo nuestro de ruido en las redes, instrumentalizaciones partidistas y escasa responsabilidad compartida es terreno abonado para el debate que nos ocupa.

Un debate que bien podría parecer surgido de un inocente comentario de café: ¿no será que nos estamos pasando con lo de la emergencia climática?

Al servicio de ese debate, los sofisticados modelos estadísticos actuales agitan la discusión sobre si los cambios que el clima está experimentando son o no significativos respecto al pasado reciente, al tiempo que se recaba la opinión de todo tipo de expertos y expertas... La polémica está servida y ese ruido mediático de unos y otros dificulta que las posturas se aproximen y la cuestión se pueda abordar desde el consenso.

Pero cabe la posibilidad de que el debate esté mal planteado o esté incompleto: no es únicamente la emergencia climática o la salud de nuestro planeta lo que está en liza, sino también la salud y el bienestar de las personas. Todo hogar, y nuestro planeta lo es, necesita reparaciones y mantenimiento para que continúe siendo habitable. Así lo entienden las agendas políticas progresistas cuando apuestan por el transporte público y la aplicación de las zonas de bajas emisiones; cuando subvencionan el acceso a las fuentes de energía verde y renovable; cuando fomentan un crecimiento económico inclusivo basado en la producción y el consumo responsables; cuando invierten en el reciclaje de residuos o cuando luchan contra la pérdida de biodiversidad.

Si ampliamos el marco del debate, descubriremos que si tales políticas son buenas para las personas también lo son para el planeta y viceversa. Son dos caras de la misma moneda. Dicho de otra manera, toda política que pone en el centro a las personas se hace automáticamente responsable del cuidado del medio ambiente.

Y de ello se deduce que cuestionar que se tomen medidas contra el calentamiento global es irresponsable en tanto significa poner en tela de juicio las políticas que velan por la salud de las personas. Por tanto, la mejor receta en este caso es dejar a un lado todo exceso de aroma populista y volver a la senda de un diálogo constructivo que aborde la cuestión desde una perspectiva amplia en la que planeta y personas sean parte de un mismo todo. III

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