Pere Rovira

Adormecer la conciencia

Mossèn Pere Rovira | Domingo 04 de febrero de 2024
Hace unos días vi un documental que no me dejó indiferente, se trataba “misioneros por el mundo”, un programa de “Trece TV”. Un recorrido por diferentes misiones católicas y el servicio que ellas ofrecen.

En esta ocasión, el programa se dirigió a Filipinas. Un país con enormes desigualdades en todos los ám

itos, asistencial, médicos, educativos, viviendas, etc. Yo lo estaba viendo desde mi sofá, bien acomodado. En la medida que surgían las situaciones de extrema marginación y pobreza, comenzaba a sentirme más incómodo. Describo brevemente algunos ejemplos:
* Unas religiosas habían fundado un hospital básico para tratar a enfermos que ni los medicamentos podían costear. Situaciones que para aquí serían puramente rutinarias, allí se convierten en extraordinarias. Niños y adultos, de cualquier etnia o religión, acudían a ese centro para recibir el tratamiento indispensable, en ocasiones paliativos.

* Estas mismas religiosas acudían a la visita domiciliaria de algunos enfermos incapacitados de desplazarse al centro sanitario. Muchas de estas familias vivían en condiciones extremas: chabolas construidas sobre fango y bolsas de basura.

* Posteriormente, el programa se dirigió al “Cotolengo” donde residían niños, jóvenes y adultos desahuciados por sus familias debido a discapacidades intelectuales o motrices. Bebés que habían sido abandonados en la entrada de este centro. Personas que no cuentan para la sociedad y sí para un sacerdote que los atendía junto a un grupo de voluntarios. Se desprendía una atmósfera de amor y ternura indescriptible. Su sonrisa contagiaba y denunciaba al mismo tiempo.

Todos ellos, las religiosas y el sacerdote, vivían esta miseria con dolor por compartir sus penurias y gratitud por la oportunidad que recibían de transmitirle un amor gratuito. Habían encontrado un lugar donde poder expresar y compartir todo aquello de lo que habían sido depositarios.

Yo desde mi sofá, me preguntaba: ¿qué sociedad estamos construyendo para convertir a tantas personas en excluidas de un mínimo de dignidad? ¿por qué silenciamos tanto dolor e injusticia? ¿qué nos ha llevado a clasificar y etiquetar a las personas por su origen económico? … Sólo desde la gratitud, la compasión y la solidaridad dejan de ser palabras.

Nuestra evolución o progreso, ¿hacia dónde se dirige? Una sociedad que se construye de espaldas a estas desigualdades, ¿puede ser sólida y permanente?

“Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.” (Mateo 10, 42)

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