Las bodas siguen siendo uno de los acontecimientos sociales y económicos más potentes en la vida de muchas parejas, también en el Baix Llobregat y L’Hospitalet. Pero la forma de celebrarlas, los servicios que se contratan y, sobre todo, los precios que se pagan por ellos han cambiado radicalmente en los últimos años. Desde Viladecans, la historia de Lorena Moreno, una joven que decidió organizar su propio casorio y acabó convirtiéndose en influencer de decoración nupcial, ilustra bien el giro que está experimentando un sector donde coexisten la emoción y la calculadora. Su experiencia se completa con el testimonio de otros dos testigos de excepción de esta nueva realidad de los enlaces maritales: Juanjo Vega, un fotógrafo de casamientos residente en Begues, y un atelier de Esplugues especialista en vestidos de novia.
Lorena Moreno (@unaweddingsinplanner en Instagram), comenzó su aventura en redes sociales pocos meses antes de casarse en 2024. Lo que nació como un proyecto personal de organización se convirtió en una comunidad que aúna ya a más de 80.000 seguidores y con colaboraciones con grandes marcas. “Yo decía: cuando me case lo quiero organizar yo, pero no por la parte económica de ahorrarte dinero, que ahorras mucho, sino porque era algo que me gustaba”, recuerda.
El ahorro, sin embargo, fue palmario. Mientras la mayoría de bodas que ella conoce oscilan “entre 40.000 y 45.000 euros, y algunas llegan a los 80.000”, Lorena consiguió una celebración de nada menos que tres días por 27.000 euros, gracias a encargarse personalmente de la decoración y otros detalles. “Hoy en día es imposible que una boda te cueste menos de 40.000 si la contratas íntegramente”, explica. La clave reside en comparar precios y en atreverse a comprar en lugar de alquilar: un sofá de terciopelo rosa le costó a la influencer 220 euros frente a los 200 (más la fianza de 1.200) de alquilar. “En la parte de la decoración te ahorras mucho porque no es solo el alquiler, es pagar transporte, fianza y riesgos”, explica.
Sus primeros vídeos y reals eran sencillos, mostrando compras pequeñas para la boda: “Los primeros vídeos me acuerdo que fueron de unas sandalias del Primark para un rinconcito de invitadas o cubretacones para que no se hundieran en el césped”. Poco a poco, esas publicaciones comenzaron a atraer la atención de novias en busca de ideas prácticas y asequibles. Hubo incluso momentos divertidos: “Había invitados que me decían: ¡Ay, pero no lo cuentes todo, que si no no va a haber sorpresas!”, comenta entre risas. Pero su objetivo nunca fue arruinar la magia del momento, sino mostrar cómo se podía personalizar una boda con creatividad y sin arruinarse.
Su estilo boho chic, con tonos pastel, pampas y madera, encontró abrigo en miles de followers. En apenas unos meses superó los 40.000 fans y desde ese instante empezó a colaborar con grandes marcas. “A partir de los 40.000 empezaron a salirme colaboraciones. IKEA me envia material a casa y Leroy Merlin me mandan cada mes entre 2.500 y 3.000 euros en herramientas y decoración”, explica. Para ella es un hobbie, aunque ahora le esté sacando cierta rentabilidad.
Más allá de la decoración, su mayor aprendizaje ha sido la gestión de una boda como un proyecto complejo. “Yo fui muy consciente desde el primer momento. Me hice mi propio drive con pagos, proveedores, decoración… porque sabía que me iba a exigir muchísimo”. Y aun así, admite que hubo situaciónes de mucho estrés. Para sobrellevarlas, recurrió a su carácter metódico: “Cuando una semana se me acumulaba todo, me decía: Bueno, Lorena, lo has decidido tú, tira para adelante, la semana que viene será mejor”, asiente.
Para la ya reputada influencer de Viladecans lo esencial sigue siendo meridiano: “Lo que no puede faltar en una boda es un buen catering, un DJ y un fotógrafo”. El resto, desde fotomatones a toros mecánicos, son extras que las parejas actuales no dudan en añadir aunque se les dispare el presupuesto.
También insiste en que hay que valorar si merece la pena contratar a una wedding planner o no: “Para bodas grandes de más de 200 invitados lo aconsejo. Yo invité a la mía a 90 personas y lo pude controlar todo, pero a partir de cierto punto es una barbaridad intentar gestionarlo sola”, reconoce. La lista final de asistentes es otro elemento disuasorio ya que los menús nupciales oscilan entre los 100 y los 250 euros por persona.
Su feedback con la comunidad digital también ha sido revelador. Muchas seguidoras le piden plantillas, consejos y hasta replican sus rincones decorativos. “Al principio cogí ideas de Pinterest y ahora hay chicas que se inspiran en mí. Y no me molesta, al contrario: para eso comparto”, dice. Eso sí, confiesa que empieza a plantearse profesionalizar su proyecto.
El futuro lo ve claro: bodas cada vez más caras, más cargadas de extras, pero también más conscientes de la importancia de personalizar. Y su mensaje final para las parejas es directo: “Haced lo que sintáis, porque lo vais a pagar vosotros. Opiniones siempre habrá, pero al final es vuestro día”, insiste.
Si la decoración marca el tono de la boda, la fotografía asegura que perdure en el tiempo. Juanjo Vega lleva más de diez años dedicándose a inmortalizar enlaces en la comarca, en la Costa Brava y también en destinos internacionales. Ha visto de cerca cómo están cambiando las prioridades: “Antes había más tendencia a seguir formatos tradicionales, ahora las parejas buscan reflejar su personalidad en cada detalle”, afirma.
Los precios también han evolucionado. “Hace unos diez años era habitual encontrar fotógrafos de bodas en España con tarifas de entre 1.200 y 1.800 euros. Hoy las coberturas más básicas pueden situarse entre 2.000 y 3.500 euros. Y en el segmento alto, con más preparación previa, cobertura completa y un trabajo de edición muy cuidado, es fácil que los precios partan de 4.000 euros o más”, confirma Juanjo. Lejos de frenar la demanda, el interés ha crecido, asegura: “Cada vez son más conscientes del valor de la fotografía y el vídeo. Al final, se trata de crear recuerdos que permanecerán toda la vida”.
Además, los servicios se amplían. Ya no se limitan a la ceremonia: se cubren welcome parties, se incorporan drones, fotografía analógica o incluso content creators para redes sociales. La consecuencia es doble: mayor personalización y, de nuevo, más gasto.“La popularización de las wedding planners también ha ayudado mucho a elevar la estética y el estilo. Además, se percibe una clara influencia internacional y de las redes sociales, especialmente Instagram, que inspiran y ayudan a definir un estilo”, relata Vega. Y este anhelo por la estética repercute directamente en el incremento de la minuta.
El tercer vértice -restauración aparte- del negocio nupcial lo aporta el vestuario. Óscar Tudela y Encarni Espejo, de Atelier de Bodas, en Esplugues, lo resumen así: “Vestir a los novios supone entre un 10 % y un 15 % del presupuesto total del evento. En una boda promedio de 25.000 euros, esto equivale a más de 3.000 o 3.500 euros. Nuestros clientes tienen la posibilidad de fraccionar el pago en cómodos plazos, lo que facilita que las parejas puedan financiarse el vestido o el traje”.
Los emolumentos en los ateliers han subido, como en todo el sector, pero la apuesta de Tudela y Espejo está clara: “Mantenemos margen apostando por optimizar procesos y, sobre todo, por ofrecer una experiencia completa: asesoramiento, calidad, cercanía y servicio post-venta que justifican la inversión”.
El cliente actual está mucho más puesto en todo. “Hoy las parejas llegan a la tienda con un nivel de información muy alto: han visto cientos de ideas en Instagram, Pinterest o TikTok, comparan tendencias y traen una idea bastante definida de lo que buscan”, asegura Espejo. Eso exige mayor personalización y una oferta que oscile entre lo exclusivo y lo asequible. “En Atelier de Bodas ofrecemos colecciones completas con opciones de adaptación, desde modificar mangas hasta combinar tejidos para que cada prenda sea única.” Aunque el alquiler ha ganado terreno en lo relativo a las invitadas al enlace, la compra aún es la opción mayoritaria para novios y novias. Y es que el valor simbólico pesa más que el ahorro.
El diagnóstico de los tres protagonistas de este cuento de hadas coincide: las bodas se han vuelto más caras, pero también más diversas. Y todavía irá a más, insisten. Lorena Moreno lo anticipa: “En cinco o diez años las bodas van a costar una barbaridad, porque todo sube: catering, flores, servicios”.
Juanjo Vega secunda lo dicho. Los precios en fotografía van al alza, pero las parejas lo asumen porque es algo esencial. Y desde Atelier de Bodas apuntan a una estabilización en el número de enlaces, aunque con un gasto mayor por pareja. “Lo relevante es que las parejas actuales están dispuestas a invertir lo que sea en una experiencia especial”, señala Tudela. La fiesta final, la hora loca, los drones, los food trucks o la moda de personalizar cada rincón son síntomas de una tendencia imparable: las bodas ya no son solo un mero trámite, son un espectáculo vital en que se gasta más que nunca.
Las bodas ya no se entienden solo como ritos familiares. Son proyectos personales y colectivos que movilizan a proveedores, redes sociales y grandes marcas. Desde la creatividad de una chica de Viladecans que ahorró miles de euros organizando su enlace, hasta el trabajo de un fotógrafo que puede llegar a cobrar más de 4.000 euros por reportaje, pasando por lo que cuesta el símbolo de la boda, el vestido de la novia. Sin duda, los casorios son más caros, más personalizado. Los novios y su entorno son muy conscientes de su impacto económico. por eso existen alternativas y consejos para intentar ahorrar, como los que ofrece Lorena en sus redes. Lo que no cambia es el trasfondo de la historia: celebrar el amor verdadero envueltos en belleza para hacer de la boda un día inolvidable. III
| Se impone el formato XXL: un día ya no basta |
|
Casarse se ha convertido en algo más que dar un simple “sí, quiero”. Ahora, cada vez más parejas prefieren un “sí, quiero… y seguimos mañana”. Según el último Informe del Sector Nupcial 2025 de Bodas.net, un 38 % de los novios alarga la celebración durante dos días, un 28 % la estira hasta tres y un pequeño pero entusiasta 2 % organiza auténticas maratones de amor de cuatro jornadas o más. Es decir, 7 de cada 10 novios optan por bodas de dos o más días. Muy al estilo de las tópicas ‘bodas gitanas’, que no tienen fin. No es capricho: cenas previas, postbodas, escapadas casi turísticas con amigos y familiares. Todo vale para multiplicar los abrazos y dar tiempo a los invitados que llegan desde el extranjero. “Se trata de un nuevo estilo que permite compartir más momentos únicos y reforzar el vínculo con los seres queridos”, explican desde el blog para nupcios Spin Genie.
Claro que tanto festejo tiene un precio. El informe recuerda que en 2024 el coste medio en España superaba los 24.600 euros, un 3,8 % más que el año anterior. El fotógrafo sigue siendo el profesional más buscado, seguido del vestido, los accesorios y los servicios de belleza. Y el perfil de los cónyugues también cambia: la edad media de los novios ya es de 36 años, y uno de cada cuatro llega al altar con hijos. La tendencia rompe moldes también en lo creativo. Atrás queda el banquete previsible. Hoy se llevan las bodas con sello propio: desde ceremonias temáticas inspiradas en viajes o películas hasta trivials sobre la pareja, gymkanas personalizadas o incluso un Escape Room la víspera del gran día. Tampoco faltan food trucks convertidos en coctelerías vintage, sorpresas inesperadas en mitad de la fiesta y dress codes que van del boho al aclamado outfit de los años 80. El mensaje es claro: las bodas ya no son solo un evento o un enlace entre los contrayentes, sino una experiencia inmersiva donde autenticidad y emoción mandan. Y donde los recuerdos, como la celebración, también se alargan. Quizá por eso los expertos en nupcias hablan ya de un “nuevo romanticismo social”, donde el rito del matrimonio trasciende la ceremonia y se convierte en una especie de festival íntimo y colectivo a la vez, en el que se cruzan tradición, espectáculo y creatividad. En definitiva, una excusa perfecta para celebrar el amor… sin prisas y a lo grande. Pero que sale cara, muy cara. III |