Solo acuando a través de las variaciones de los mitologemas algo se despierta en nosotros (…) alcanzamos el centro desde donde todos los detalles del mito adquieren transparencia”, escribió Károly Kerényi. Este filólogo nacido en la Timișoara austrohúngara dedicó buena parte de su producción intelectual a desentrañar la naturaleza y el sentido de los mitos. En su búsqueda, Kerényi acabó por identificar la persistencia de ciertas estructuras narrativas a lo largo de la historia. El fragmento de En el laberinto (1950) con que he abierto esta pieza vendría a afirmar que todas esas variaciones en torno a los mismos arquetipos y tramas nos acercarían a la comprensión de aspectos profundos sobre la experiencia del ser.
Esa hipótesis —la de un relato primigenio que se actualiza en variaciones históricas— no se limita a los mitos griegos, los ciclos heroicos o los textos fundacionales de distintas tradiciones religiosas. Resulta relativamente sencillo apreciar ese proceso de reescritura comparando historias como las de Osiris, Dionisio, Inanna Jesucristo, figuras sagradas cuya muerte, descenso o desmembramiento antecede a una forma de restitución iluminada; pero también opera en territorios culturales que solemos considerar estrictamente contemporáneos y, prejuiciosamente, banales, como el cómic de superhéroes.
Si vamos en busca de este mismo mitologema del elegido marcado por una herida, que desciende a los infiernos (o a la muerte) y regresa transformado, alumbrado por una nueva luz, quizá uno de los ejemplos más claros sea el de ese hito del noveno arte que es Daredevil: Born Again. Aunque buena parte de las historietas que narran el origen de los superhéroes de Marvel reproducen este esquema, pocas veces lo hacen de forma tan consciente como en este tebeo de mediados de los ochenta. Leído desde una perspectiva mitocrítica, el relato no solo cuenta la caída de un héroe urbano sino que reactiva, y además de forma muy referencial, una poderosa matriz narrativa: la de la pasión y la resurrección.
Ya con la sola aparición del título comienzan a escucharse sus ecos. El sintagma Born Again remite a ritos de la tradición cristiana como el bautismo o la conversión que, en última instancia, están conectados con la idea de renacimiento espiritual. La resurrección de Cristo es la última etapa de su via crucis. Y ese es precisamente el trayecto que Miller reescribe, casi estación por estación, sobre su protagonista.
La historieta comienza con una traición. En el evangelio de Mateo (26:15), Judas pregunta: “¿Qué estáis dispuestos a darme para que yo os lo entregue?”. En las primeras páginas de Born Again, Karen Page —antigua novia del protagonista— formula una pregunta análoga: “¿Cuánto me daréis si os entrego a Daredevil?”. En tanto que el cómic se desarrolla en un contexto urbano y los autores también aspiraban a reproducir los problemas sociales de aquella Nueva York de los ochenta tocada por el consumo de heroína, las monedas de plata que recibió el apóstol ingrato se convierten justamente en una dosis de droga; el gesto, sin embargo, cumple la misma función estructural: la historia se activa porque el héroe es entregado a sus enemigos por alguien de su círculo de afectos.
A partir de ahí, el relato se convierte en un proceso de desposesión. Kingpin, el gran adversario del héroe, una vez que recibe la información sobre la identidad secreta de Daredevil y lo tiene a sus pies, decide no ejecutar a su enemigo, sino someterlo a un martirio: congela sus cuentas, destruye su reputación, destroza su apartamento... En la tradición de la vía dolorosa, Cristo es despojado de sus vestiduras antes de ser crucificado. En Born Again, el hombre que protegía a la ciudad de Nueva York es despojado simbólicamente de cada una de las prendas que sostienen su identidad civil.
Miller escribe a su protagonista errático, febril, vagando por una Nueva York que se convierte en una reinterpretación contemporánea del Gólgota. En las viñetas dibujadas por Mazzucchelli, la ciudad observa con indiferencia, como la multitud que contempla el suplicio en el relato bíblico. Las viñetas insisten en la fragilidad del cuerpo: el héroe que antes surcaba azoteas y daba patadas voladoras aparece encorvado, necesita apoyos para poder seguir caminando, cae… Pero como en el texto cristiano, en estas viñetas también emergen figuras de auxilio que remiten a las estaciones intermedias del camino hacia la cruz. El siempre leal Foggy Nelson, compañero de universidad y socio del protagonista, y el periodista Ben Urich sostienen a Matt cuando se desmorona, como aquel Cireneo que ayudaba a Cristo a cargar con la cruz.
Aunque tal vez la alusión más indisimulada y evidente sea iconográfica. La encontramos en el tercio final de la historia, cuando la por tanto tiempo desaparecida madre de Murdock reaparece, convertida en monja, y sostiene el cuerpo exhausto de su hijo en una viñeta en la que Mazzucchelli reproduce la composición de la Piedad de Michelangelo.
¿Y qué hay de la penúltima estación de ese viaje del héroe? De nuevo es David Mazzucchelli quien se encarga de sugerirnos la crucifixión a través de la mirada en el momento de la historia en que el castigo infligido por el cruel Kingpin ha alcanzado su clímax: en una de las imágenes más elocuentes y recordadas del tebeo, Matt yace con los brazos extendidos, de manera que su silueta evoca la del Cristo crucificado —que podemos ver colgado en la pared, sobre su cabeza—. Ahora bien, como en el relato evangélico, la pasión no es el final. Tras tocar fondo, Matt recompone su identidad y regresa renacido de su muerte civil y espiritual.
Si adoptamos la perspectiva de Kerényi, el recorrido de Daredevil en este tebeo responde a la lógica profunda del mito heroico: descenso, aniquilación y retorno. Y estoy convencido de que si Born Again ha logrado conocer reedición tras reedición, traducción tras traducción, no es solamente por la calidad de sus diálogos o la fuerza expresiva de sus dibujos, sino que también se debe su capacidad para reactivar esa estructura arquetípica en un contexto contemporáneo. La historia protagonizada por el justiciero invidente del Universo Marvel se superpone a la del relato tradicional de la vía dolorosa. Y al constituirse como variación moderna de un mitologema antiguo se produce el fenómeno del que hablaba el filólogo: la intuición de que, bajo formas cambiantes, seguimos contándonos la misma historia sobre caída, sufrimiento y redención. Y nos sigue haciendo sentir concernidos. III