No, no es una pregunta. Es un sentimiento. Léanlo así, por favor. No es el destino deseado. Pero lo peor es que no es un destino imaginado, aunque si podría ser claramente imaginable.
Es simple: por profesión y vocación me he pasado casi toda la vida ayudando a otros. Y mi esposa igual, por no decir mucho más todavía. Un montón de días, meses… un montón de años de nuestra vida.
No me quejo: hemos sido muy felices con ello. Hemos intentado ayudar a crecer a nuestras hijas en la medida que hemos podido y sabido, con grandes errores, lo sé, pero también con una pequeña parte del gran acierto que es verlas quienes son y como han llegado a ser; en lo laboral la directriz siempre ha sido el apoyo a quien nos ha consultado, hasta la mejora de su situación personal o familiar, también, por supuesto, en la medida de lo factible; quiero creer que nuestros amigos siempre han encontrado un hueco a nuestro lado para reír o llorar, para desangustiarse o desarrollarse o simplemente vivir. Vecinos, conocidos, amigos de amigos u otros múltiplos y de múltiples variantes.
Pero ¿a dónde ha llevado este planteamiento vital, esta ayuda? Puedo estar equivocado, pero creo que a una situación que se resume en un concepto: si tú estás ahí para ayudarme tan solo estás ahí como mi apoyo y mi pilar. Entendedme: los apoyos y los pilares son muy importantes y siempre los buscamos con ansia cuando los necesitamos. Pero con el tiempo, normalizamos su existencia; ya sabemos que están y que tenemos acceso a ellos en función de nuestras necesidades. Todos lo hacemos en todas las facetas de nuestra vida. Y entonces, sin quererlo, sin darnos cuenta, pasan a ser una cosa de uso. No hay maldad en ello, solo costumbre. Pero es entonces cuando deberían aparecen unos interrogantes en la frase anterior: si tú estás ahí para ayudarme ¿tan solo estás ahí como mi apoyo y mi pilar?
¿Supone esto un problema conceptual? No lo parece en los demás, pero podría llevarnos a una pregunta que, igual estoy equivocado, no se suele hacer nadie: ¿precisa también de apoyo el apoyo? Sin discusión: sí.
Las relaciones humanas se basan en las emociones. El vínculo mutuo arraiga estas emociones. Y la ayuda es una de las relaciones humanas más íntimas, que produce más ligazón. No se precisa que sean equiparables, equidistantes o equilibradas. Solo que sean. Del verbo ser, con significado de existir. Solo que existan. A ser posible, bidireccionalmente.
Vamos, que también existan las llamadas de los otros y que esa llamada solo quiera saber cómo estás; que un quedar a comer solo sea con la única intención de reírse un rato; que un buscar al otro solo busque el sentimiento de la amistad o la relación; que un solitario yo pueda ser sustituido por un nosotros; que un deseo individual se pueda convertir en un anhelo grupal.
No me quejo. Bueno. Sí: me quejo.
Pero no por lo que he hecho sino porque, supongo, espero una cierta, aunque sea mínima, reciprocidad.
Y aquí alguien podría decir que no debo esperar nada cuando todo lo llevado a cabo ha sido porque se ha querido. Y no le voy a quitar la razón porque así ha sido. Pero la esperanza, en este caso de la reciprocidad, también es un sentimiento humano, muchas veces frustrante, que te puede llevar al título del escrito: estar o sentirte en soledad cuando ayudas.
Se seguro que esto no va a cambiar mi actitud vital, pero si espero que otros puedan llegar a sentirme diferente.
Y sentir al otro es lo más humano que un humano puede sentir.