Nuestro personaje tiene la zancada larga, lo propio de su elevada estatura y de sus 45 años. Algo encorvado, tal vez por el estudio y cierta aparente timidez.
Es extremeño y ejerce de tal, como el escritor Luis Landero. Ha evocado su vida y familia del Valle de la Serena (1.600 ha) en numerosas ocasiones, donde se dice que cuando va frecuenta los bares sin darse importancia. Por ello no ha de extrañar que cuando fue nombrado ministro jurara su cargo en zapatillas, un sutil e inicial distingo frente al protocolo Real. O que vaya barbado o descorbatado como un podemita.
Habla y escribe sobre su abuelo Pablo: con padre fusilado, fue un niño forzado a trabajar desde los 9 años, con vida precaria y al que la euforia breve de las minas de wolframio le abrió los ojos para desear, ya tendero, que sus descendientes mejorarán su suerte con la educación. De su abuelo paterno guardia civi, no suele explayarse tanto. Como tampoco, ya divorciado, de su primera mujer, madre de una hija de 11 años a la que se refiere ocasionalmente, y a la que se abrazó, tras su toma de posesión. Su nueva pareja, Marta Morano, es una compañera de trabajo, que casi inmediatamente fue promocionada tras ser ministro Carlos Cuerpo. Ambos suman sueldos de 170.000 euros/año. Casualidades, como que todo ello coincidió con su divorcio. Los especialistas en borrados de datos debieron intervenir con el perfil de la madre de su hija. No consta.
Sus frecuentes autorreferencias incluyen a sus dos padres profesores de secundaria, que opositaron para ser profesores de hijos de emigrantes en Suiza. Allá los chicos aprendieron, francés e inglés y cataron la disciplina helvética que impregna para bien a la sociedad suiza. Casi arraigados ,tras cinco años, sus padres decidieron volver a Extremadura, con pena para sus dos hijos. Cuerpo estudió en la Universidad de Extremadura, de un nivel de “ranking” intermedio/.bajo, donde dio clases. De su doctorado en Madrid han surgido dudas sobre su completa autoría a través de un experto alemán. Sin embargo, sí realizó un master en la prestigiosa London School of Economics, donde sus intereses giraban alrededor de la economía monetaria, una materia dura y abstracta.
Siguiendo el ejemplo familiar (guardia civil, profesores de secundaria…) Cuerpo preparó oposiciones a “Técnico comercial y economista del Estado”, un cuerpo de élite (A1) funcionarial un tanto desconocido, mal pagado inicialmente (con 35.000 euros/año) y un duro temario, que muchos evitan. En 2008, con 28 años Carlos Cuerpo, ganó la oposición.
Su hermano mayor se consolidaba como cirujano cardiovascular en Madrid. Su padre muerto a los 50 años, pasó el testigo a su esposa Manuela Caballero, una verdadera matriarca que impulsó y animó las carreras de sus dos hijos, dos perfectos y ambiciosos meritócratas. Sin llegar por supuesto al nivel de las obsesivas madres japonesas, exigentes supervisoras de la conducta y estudios de sus hijos. Carlos Cuerpo, la tiene en cuenta en sus evocaciones. “Mi madre no se creía que yo era ministro…” Se cumplían así los deseos de los abuelos de mejoría social de sus hijos y nietos, en una progresión confuciana, de bienestar material conseguido en esta familia por las vías funcionariales. Tal vez las habilidades de Carlos Cuerpo con el japonés y el chino y también su interés por la cultura de ambos países, provenga de esta simpatía por el método asiático que hoy se alaba y reconoce en todas las clasificaciones de calidades educativas.
Cuerpo entra con su primer empleo en el imponente edificio de Paseo Castellana, sede de Economía y recalará en diversos departamentos. Desde allí se trasladará a Bruselas, donde colaborará con Nadia Calviño, una “independiente” proxy al PSOE, como el mismo Cuerpo. Sin embargo en la AIREF (creada en el 2023 tras la crisis financiera) protestó al Gobierno por sus medidas para regular el mercado inmobiliario de alquiler, reduciendo la oferta. También con el Covid-19 colaborará para reducir la crisis. Con el retorno de Calviño a la esfera UE, Cuerpo asciende a ministro de Economía. Se hablará de él para presidir el ECOFIN y el Banco Central Europeo. Sin embargo, falto de apoyos, se retirará. Ambición no le falta.
Como ministro son conocidos sus enfrentamientos con Yolanda Díaz que le ha considerado “mala persona” por mantener una política económica ortodoxa. Hasta ahora no ha cedido.
Tras la salida de María Jesús Montero; Pedro Sánchez, lo ha nombrado vicepresidente primero de Economía, pero sin concederle Hacienda, otorgado a Arcadi España, un grisáceo funcionario valenciano. En una situación económica complicada por venir, apuesto (y no soy el único) a que la figura del experto Carlos Cuerpo ganará influencia y poder en un gobierno de poca pericia técnica.
Su figura va ganando altura política y pública. Ya vicepresidente, nos habla sobre el “sueño americano versus el sueño español” porque en seis años ha pasado de técnico comercial y economista a número dos del Gobierno, sorprendiendo de nuevo a su madre, según su confesión pública. Le queda poco tiempo para emplearse en salvar la previsible recesión por las consecuencias de la guerra de Irán.
Sin embargo, inspira más confianza que muchos elementos disruptivos del actual Gobierno, mal preparados y demagógicos. Porque el ascensor social al que Cuerpo se refiere ha funcionado para él, un meritócrata, pero ¡cuántos han ascendido por la vía del partido, sin formación ni trayectoria laboral, simples vendedores del marketing político! Carlos Cuerpo Caballero es por ello un personaje incómodo, porque va a contracorriente de lo que se lleva. Es un ministro para mejorar la situación, aunque le será difícil, por el “fuego amigo” que ya tiene. III