Baix Llobregat

China sin filtros: claves para entender al gigante del siglo XXI (2)

Vista de la plaza en el condado de Shanshan (Foto: Aguadero)

En verano: viajar y pensar. Diarios desde Xinjiang — 19 de junio, Durpan

El Butlletí Oficial del Parlament de Catalunya ha anunciado, para esta XV legislatura, una “Propuesta de resolución sobre la persecución del pueblo uigur por parte de la República Popular de China y de apoyo a sus derechos fundamentales” [250-01264/15. GP Junts].

Jorge I. Aguadero Casado | Lunes 06 de julio de 2026

En esta segunda entrega de la serie de artículos en exclusiva para El Llobregat, acompañaremos al escritor Jorge I. Aguadero Casado en su viaje por la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, en China, del 17 al 27 de junio. Hablaremos de uno de los enclaves más representativos de la Ruta de la Seda y de convivencia étnica en China. Xinjiang es, además, uno de los puntos de atención política mundial. (Nota: las fotografías, tomadas por Aguadero y por otros representantes de medios internacionales, proceden de sus teléfonos móviles)



Por Jorge Aguadero Casado.

Primer día oficial en el “Evento para medios de comunicación de aproximación a la zona central —Xinjiang— de la Franja Económica de la Ruta de la Seda” (2026).(Foto: Aguadero)

Eran las 8:00 h. y la salida del Xinjiang Kunlun Hotel (un 4 estrellas muy confortable en Urumqi) vino acompañada de un desayuno local en el autobús que me resultó de lo más exótico. No estoy acostumbrado a incluir huevo cocido con salsa de soja en mi dieta, aunque he de reconocer que, probablemente, sea más saludable que las tostadas de pan blanco.

El desayuno, en el autobús, para que los casi 50 invitados llegásemos a tiempo a la estación de tren de alta velocidad. (Foto: Aguadero)

Algunos invitados al “Evento para medios de comunicación de aproximación a la zona central —Xinjiang— de la Franja Económica de la Ruta de la Seda” denotaban sorpresa por el cambio de hotel, pues solo llevábamos unas horas en Urumqi. En verdad, era algo de lo más normal: en las delegaciones chinas los horarios suelen estar comprimidos, con movimiento constante y jornadas maratonianas. Es una forma de hacer distinta a la europea, que también se relaciona con la diferencia de magnitudes: para nosotros, ir de una a otra ciudad china es el equivalente a viajar por Europa; para los chinos, es un simple desplazamiento doméstico.

La llegada a la estación de tren de Urumqi nos proporcionó una visión más completa de las infraestructuras locales, pues era un día festivo y había multitud de personas. Los controles de seguridad, aunque estrictos, fueron rápidos, todo un alivio para mí, que suelo sentir cierto agobio cuando hay muchas personas en lugares cerrados. La estación era de construcción bastante reciente, por lo que no estoy en condiciones de valorar su mantenimiento. Sin embargo, viendo cómo luce la ciudad, me parece que va a mantenerse en buen estado durante bastante tiempo.

Estación de tren principal de Urumqi (Foto: Aguadero)

Fuimos directos a la ciudad de Durpan (pronúnciese Dúr-fan), una ciudad de nivel 3 o 4 según la clasificación china. En concreto, fuimos al condado de Shanshan. Y, concretando aún más, al desierto de Kumtag. A diferencia de lo que sucede en muchas zonas de Asia Central, en China vas al desierto de Kumtag en tren de alta velocidad. Uno de los objetivos políticos del Partido Comunista Chino es el de conseguir el establecimiento de condiciones de vida modestamente acomodadas para mil cuatrocientos millones de personas, incluyendo a las gentes del desierto. Para ello, es necesario conseguir un desarrollo armónico de los núcleos de población. Por tanto, aunque en cualquier lugar del planeta resulte sorprendente encontrar una estación de tren de alta velocidad en un desierto de dunas, en China es una silueta común. Claro que hay autobuses que han visto muchos paisajes y pasajeros, desde luego, pero para desplazarse entre ciudades los chinos prefieren la alta velocidad. Si me permiten compartirles el momento de asombro, al bajar del tren de alta velocidad me sentí como Odiseo, pues el suspiro del aire al bordear el mar de dunas es una llamada irresistible, que lo mismo te lleva a la perdición que a conocerte a ti mismo.

Llegada a la estación de alta velocidad en el desierto de Kumtag. (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

Estación de alta velocidad en el desierto de Kumtag (Foto: Aguadero)

En un desierto de dunas, al mediodía y en pleno verano: tenía claro que allí no debía separarme del grupo, especialmente conociendo mi alta capacidad para desorientarme. Era mi segundo día fuera de casa y aún no había perdido nada, pero convenía no tentar a la suerte. Sin embargo, me había dejado el sombrero en Urumqi, por lo que compré uno nuevo ahí mismo: al cambio, unos dos euros, lo que, descontando que era precio de turista y que tu única posibilidad para no abrasarte es comprarlo, me sorprendió gratamente. He de decirles que, aunque en algunos lugares de Xinjiang está establecida la costumbre de regatear los precios, el trato con los comerciantes locales ha sido excelente, en la atención y en el precio final.

En el desierto, siempre con sombrero (Foto: Aguadero)

Serían las 11:10 h. cuando, entre las dunas, divisamos la Base de Terapia con Arena y Preservación de la Salud del Hospital de Medicina Uigur del Condado de Shanshan, un centro de medicina tradicional perfectamente equipado, al que pueden ir los locales como parte de la atención sanitaria pública, si lo desean. Esa es otra de las cosas que tiene China que a mí me maravillan: la medicina tradicional china y la medicina occidental moderna no colisionan, sino que forman parte de un mismo sistema sanitario y se complementan.

Hospital de Medicina Uigur (Foto: Aguadero)

Hospital de Medicina Uigur (Foto: Aguadero)

Hospital de Medicina Uigur (Foto: Aguadero)

Los 2.250 m2 del centro se extienden sobre el desierto sin estridencias, comparten la misma esencia. No en vano el Kumtag goza de la ventaja geográfica única de ser un desierto ubicado justo en el corazón de una ciudad. Allí, los oficiales nos indicaron que “(…) se practican diagnósticos y tratamientos de rehabilitación fisioterapéutica, terapia de arena durante todo el año, divulgación científica sobre la medicina tradicional china, experiencia de patrimonio cultural inmaterial, ocio para padres e hijos, gestión integral de la salud y recreación del paisaje del desierto”.

Mientras los oficiales ofrecían su explicación, tuve la sensación (mi sensación, que no tiene por qué ser la de ustedes) de que en aquel lugar ni se perseguía ni se ocultaba la cultura uigur, sino todo lo contrario. La terapia con arena tiene larga tradición entre los uigures, que la aplican para “tratar la artritis, hiperostosis, frío excesivo en el cuerpo y reumatismo, además de ayudar a disipar los factores patógenos de viento, frío y humedad, facilitar la desintoxicación celular, mantener la salud y combatir el envejecimiento, regulando las funciones endocrinas y mejorando la circulación interna del cuerpo”, según nos indicaron.

Hospital de Medicina Uigur (Foto: Aguadero)

Hospital de Medicina Uigur (Foto: Aguadero)

Hospital de Medicina Uigur (Foto: Aguadero)

Durante la visita se nos ofreció la posibilidad de ser atendidos por los médicos uigures. Sentía enorme curiosidad y, al mismo tiempo, pensaba que mi compromiso con las crónicas para los lectores del Llobregat lo merecía, así que no le di más vueltas y me presenté voluntario. ¿Creen que hice bien o que pronto me arrepentí?

Para poder recibir el tratamiento (consistente en ser enterrado en las arenas del desierto), primero hay que pasar una rápida inspección física. Te toman el pulso y, en función de tus constantes vitales, puedes ser enterrado. Entonces, sucedió lo que les voy a contar:

Reconocimiento para ser enterrado (Foto: Wang Yiping (王一平))

El médico que me tomaba el pulso se puso serio y le dijo unas palabras a mi traductora, Eva (Wang Yiping (王一平)) me dijo:

- El doctor afirma que tus riñones están mal. Puedes ser enterrado, pero recuerda ir al médico cuando vuelvas a casa.

Fue lacónico. Y, también, preciso. Asentí, fui al vestuario masculino y me cambié, poniéndome solo una suerte de pijama pintoresco y unas zapatillas que ni de lejos cubrían mi 48.

Los valientes que íbamos a ser enterrados (quizás “valientes” no sea la palabra adecuada) fuimos ovacionados por el resto de la expedición y, quizás por la determinación con la que íbamos a un achicharramiento seguro, el grupo se compactó emocionalmente: comenzábamos a ser una familia.

Sería a unos 15 metros de la base donde fuimos enterrados. Como les anticipé, las zapatillas eran más propias de pies orientales que de pies europeos, y caminar entre las dunas se hizo difícil (eso sí, nada comparado con salir de la tumba y volver a la base, experiencia que describo como “suplicio”). La arena del desierto, recibiendo el sol de mediodía, se filtra por la parte superior del pie al avanzar por la duna, como si fuese agua hirviendo. Por fortuna, me asistía Eva, quien (literalmente) me rescató. Mi amigo Andoni Corrales Betanzos, otro de los que fuimos enterrados, venció al desierto con solvencia, pero es de Bilbao y practica deportes tradicionales vascos, artes marciales… En cuanto a la experiencia de ser enterrado en el desierto, les confiaré un secreto: se está confortable. Quema un poco cuando te echan las primeras paladas de arena, pero luego podrías quedarte dormido, de lo bien que se está. Esa fue, también, mi primera entrevista en la Televisión Central de China: debí parecerles de lo más exótico.

Aguadero es entrevistado por la Televisión Central de China (Foto: Wang Yiping (王一平))

El camino al hotel, a las 13:00 h., nos ofreció vistas interesantes del condado de Shanshan, que en nada tiene que envidiar a una pequeña ciudad europea. Las construcciones son similares a las de un barrio de la ciudad mediterránea que tengan ustedes en mente, con abundante vegetación; el parque automovilístico, de gama media-alta, con bastantes coches de la marca Tesla. Me pareció, de nuevo, un prodigio de urbanismo y de logística.

Vistas del condado de Shanshan (Foto: Aguadero)

El hotel era muy similar al de Urumqi, con la salvedad de que me di la ducha que más he agradecido en toda mi vida. Les ahorraré los detalles, pero sentir el agua fresca deslizándose por tu cuerpo tras haber sido enterrado en el desierto es como ser bendecido por todas las musas.

Hotel en Shanshan (Foto: Aguadero)

Hotel en Shanshan (Foto: Aguadero)

A las 15:00 h. partimos en autobús hacia el ENERGY CHINA Xinjiang Turpan 1GW CSP & PV, Proyecto integrado llevado a cabo por China Energy Construction Group Zhejiang Thermal Power Construction Co., Ltd., una planta generadora de energía conectada a la red. A tal efecto, cruzamos la estepa. Y, si piensan que en el desierto hace calor, la estepa es como entrar en otra dimensión, donde las rocas del camino reflejan el sol y el aire se respira densamente caliente.

Paisaje estepario (Foto: Aguadero)

El parque de energía es inmenso. Para que se hagan una idea de sus dimensiones, uno de los periodistas de las Islas Maldivas me dijo que hace tiempo, cuando vio las fotografías en su teléfono, pensó que se trataba de una imagen generada con IA. ¡Hay tantos paneles…!

La inmensidad fotovoltaica (Foto: Aguadero)

El conjunto es la suma de dos proyectos integrados de 1 GW de "energía fotovoltaica (PV) + energía solar de concentración (CSP)”. Ya han logrado la conexión a la red a plena capacidad, lo que supone un hito en el desarrollo de proyectos de energías renovables en Turpan. Los heliostatos dispuestos alrededor de la imponente central termosolar, junto con los paneles fotovoltaicos, forman una espectacular matriz energética. Nos dijeron que se espera que ambos proyectos generen 4.130 millones de kWh de electricidad limpia al año, lo que equivaldría a ahorrar 1,08 millones de toneladas de carbón convencional y a reducir las emisiones de dióxido de carbono en 3,73 millones de toneladas. Por cierto, ¿saben cuál es el origen de esta tecnología? ¡España!

Central de Shanshan (Foto: Aguadero)

Central de Shanshan (Foto: Aguadero)

Central de Shanshan (Foto: Aguadero)

El día había sido agotador. Estar en Xinjiang era un privilegio, pero la dureza de mezclar desierto con estepa en nuestro primer día daba la medida de la intensidad del viaje. Regresamos al hotel a las 18:00 h. y, tras la cena, Andoni, la periodista italiana Federica Bianchi y yo salimos a dar una vuelta por nuestra cuenta. Recuerdo mi sorpresa cuando, siguiendo a Federica por un pequeño callejón, de pronto subimos unos escalones y, tras una puerta de metal… ¡había un supermercado inmenso! Inmenso. Lo diré otra vez: inmenso. Salir a la calle en una ciudad-oasis y saber que nada te va a faltar es una sensación difícil de describir, mas muy reconfortante.

Dulces en un supermercado de Shamsha (Foto: Aguadero)

Dentífricos en un supermercado de Shamsha (Foto: Aguadero)

Al salir del centro comercial, con la satisfacción de comprar a precios que nos costaba creer, nos llamó la atención un grupo de jugadores de go. Era una estampa típicamente china, que a mí me gustaría que abundase en mi ciudad con el juego del ajedrez.

Jugadores de go (Foto: Aguadero)

Seguimos caminando y llegamos a una gran zona ajardinada, ya muy entrada la noche. Miramos a nuestro alrededor, preguntándonos dónde estaban las personas. ¡No había nadie! Se había hecho el silencio a nuestro alrededor. Tuve dos pensamientos poco agradables:

a) ¿Era un lugar peligroso? Me preocupaba que nos asaltasen y nos robasen los pasaportes.
b) ¿Había represión y la gente huía de la policía y de los militares?

La calle estaba vacía… ¿Por qué? (Foto: Aguadero)

Pues, si esperan eso, se van a decepcionar, porque nos colamos por una verja y… ¡resulta que toda la gente estaba allí! ¡Y estaban de fiesta!

¿Alguna vez han participado de una fiesta uigur en un parque? Para comenzar, allí las plazas son preciosas. Están llenas de personas bailando y divirtiéndose, pero todo está reluciente. De hecho, a veces cuesta diferenciar el suelo llano de unos escalones, pues está todo tan limpio y tan bien conservado que puedes dar un tropezón (a mí me pasa). También puede parecer que el suelo está mojado, porque brilla, de lo limpio que está. ¡En una ciudad del desierto de arena!

Mucha gente en Shanshan; mucha limpieza (Foto: Aguadero)

El ambiente era de tanta felicidad que participé con los uigures de sus bailes. Al ser una ciudad musulmana no te encuentras con borrachos buscando problemas en las fiestas populares. Las mujeres, los niños… todos exhibían sonrisas de oreja a oreja.

Una cosa a tener en cuenta es que allí hay muchas personas que nunca han visto a un occidental más que en el cine, por lo que les van a pedir que se hagan fotos con ellos. En mi caso, siempre ha sido con respeto y afecto, en ninguna ocasión he sentido la más mínima incomodidad. He de aclararles que la primera vez que te ves envuelto por una nube de niños temes que te van a intentar robar la cartera, pero enseguida comprendes que estás en China. Esas cosas pasan en las ciudades europeas, no en Xinjiang. Son nuestras costumbres y hay que respetarlas.

Baile uigur (Foto: Andoni Corrales Betanzos)

¿Saben lo que más me impresionó de la fiesta popular? El hecho de que, en plena madrugada, muchos niños participaban de una actividad de artes plásticas como parte del festejo. A su alrededor había atracciones de todo tipo, destacando las más tecnológicas, con sus luces y sonidos atrayentes… pero todos esos niños preferían las manualidades. ¡Y no les faltaba de nada! Tenían, a lo largo del camino, amplios estantes con materiales escolares.

Artes manuales en la fiesta popular (Foto: Aguadero)

De regreso al hotel, puse en orden mis pensamientos antes de dormir: “¿Has visto algo que te haga sospechar que estas personas están siendo perseguidas?”. La única respuesta que puedo ofrecer a esa pregunta es la bella estampa de Shanshan, porque solo he visto a personas felices haciendo sus vidas.

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