Opinió

El arte de renacer

Eva Jiménez Gómez | Miércoles 23 de julio de 2014
Vivimos en un mundo lleno de enormes contrastes que exigen una gran capacidad de adaptación. Y no hace falta fijarse en otros países ni tirar de estadísticas, no. Basta con mirar a nuestro alrededor. Esta semana se ha presentado el Reinassance Barcelona Fira Hotel, un edificio situado en una de las zonas más pujantes de L’Hospitalet, el llamado distrito económico o de la Gran Vía.

Una noche en este establecimiento de cuatro estrellas cuesta aproximadamente desde 100 euros hasta 2.000.

Casi al mismo tiempo, nos hemos enterado de que la parroquia de la Mare de Déu dels Desamparats, situada en el humilde barrio de La Torrassa, ha acondicionado un local para que las personas más necesitadas puedan disponer de ropa de segunda mano de manera totalmente gratuita.

Qué paradoja. Los arquitectos del hotel, Jean Nouvel y José Ribas, afirman que le han dado el aspecto de un bosque de palmeras, para evocar sensaciones de paz y placer. Los promotores del ropero solidario, por su parte, han dado a su local una apariencia de tienda, con sus estanterías y todo, supongo que para que los que acuden allí tampoco se sientan desosegados o incómodos.

Estos contrastes me dan mucho qué pensar y me llevan a preguntarme si lo estamos haciendo bien como sociedad. Comprendo perfectamente que uno quiera ganarse la vida trabajando en lo que ha estudiado (arquitectura, empresariales, hostelería, turismo, etc.), porque es lo que queremos todos. Y si encima se generan puestos de trabajo, como es el caso, mejor que mejor. Pero también entiendo a quien se ve en la necesidad de pedir ayuda y pasar vergüenza, cuando lo que más quisiera es poder mantenerse a sí mismo y a su familia por sus propios medios.

No sé cuál es la solución y creo que nuestros políticos tampoco la han encontrado, pero creo que todos deberíamos estar más abiertos a escuchar al otro –al neoliberal y al neosocialista, por decirlo en términos ideológicos- y más dispuestos a renacer, en el sentido de que las medidas a adoptar probablemente nos exijan cambios tan importantes que tengamos la sensación de que hemos de nacer de nuevo.

Unos, para rebajar nuestras expectativas de bienestar; otros, para demostrar que hay ganas de trabajar y no depender de la caridad.||