Opinió

Un porteño

Lluis M Estruch | Miércoles 23 de julio de 2014
Es alto ,desgarbado, y con su talar blanco, señala con largo dedo, agujeros negros en la banca vaticana y vicios seculares de la curia romana. Toses y murmullos, extrañeza y deseos de tergiversar, se oponen al deseo de cambio súbito de un septuagenario con prisas.

Y a su loable empeño a contrarreloj. Porque cuándo vemos en S.Boi , el absentismo improductivo de muchas propiedades eclesiásticas, nos sobrecogemos, ¿cuántos años lleva inactivo el teatro del Centro católico?. La exención del IBI debe autojustificarse con hechos, no con morosas palabras o sofismas legales. Los dones y legados a la iglesia y los beneficios concordatarios deben servir para algo más que para los quehaceres mínimos y formales de su propietario inmobiliario. Hay muchas carencias en nuestra suburbana ciudad y son manifiestamente graves: hambre, desahucio y paro, afectan a muchas familias. Y de la misma manera que las familias socorren a los suyos con el “tupperware” y los turnos de comedor entre parientes, la iglesia local, debería poner en valor todas sus propiedades y capacidades a favor de la necesidad más urgente y próxima de sus gentes que no viven en el lejano -tercer mundo- ,sino en el cercano -cuarto mundo-, donde la vergüenza por su inesperada miseria, les hace invisibles para todos.

Y si se quieren buenos ejemplos, los hay y no tan solo a nivel papal, vean que muchas iglesias recuperan ritos ancestrales como el “Canto de la Sibila”, pero ello no les impide celebrar también ágapes de acogida en la misma iglesia, donde van los necesitados y solitarios, porque estas fechas sirven entre otras cosas para hacer balance de uno mismo. En cualquier caso : ¡Bravo por el porteño!||