Opinió

Es de bien nacidos ser agradecidos

Miguel-Angel Ibáñez | Viernes 12 de diciembre de 2014
A pesar de que algunos la responsabilizan de todos nuestros males, lo cierto es que la Constitución no es la culpable de la crisis, ni de la corrupción ni tampoco del independentismo.

Todo lo contrario. La Carta Magna es la garante de nuestros derechos individuales y el resultado de un éxito colectivo que nos ha permitido convivir en una sociedad justa, igualitaria y plural. Además, gracias a la Constitución del 78, España ha conocido el período de bienestar y progreso más duradero de toda su historia democrática.

Es paradójico, por tanto, que aquéllos cuyo cargo y retribuciones se lo deben a la Constitución, sean los mismos que se ausentaron de los actos de celebración por su 36º aniversario al entender que el texto constitucional se ha quedado obsoleto para afrontar los problemas del día a día. Desde Ciutadans entendemos, en todo caso, que la grave crisis institucional y política que asola al conjunto de España es consecuencia del incumplimiento reiterado de los preceptos recogidos en la Carta Magna. Y es que las leyes, las disposiciones y las normas ya existen, simplemente hay que aplicarlas.

Así pues, si actualmente la separación de poderes es inexistente, la independencia judicial brilla por su ausencia y los partidos son auténticas empresas de “colocación” se debe a la falta de voluntad política por cumplir y hacer cumplir lo acordado entre todos hace 36 años.

En definitiva, la Constitución – aunque reformable para adaptarla a nuestro tiempo y época- no es el problema, sino la solución.