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El Gran Hermano del transporte público
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El Gran Hermano del transporte público

jueves 15 de octubre de 2015, 03:34h
Los usuarios apoyan el uso de cámaras de seguridad pero piden un código ético para la reproducción y el control de las imágenes. Els Mossos d’Esquadra defienden la instalación de cámaras y aseguran que ayudan a resolver robos y otros posibles delitos

La intimidad está reñida con la seguridad. Eso es lo que piensan muchos usuarios del transporte público de nuestra comarca. Todos los vagones de metro, ferrocarriles catalanes y Renfe disponen de cámaras de seguridad para grabar la situación de sus pasajeros durante el recorrido. Gracias a ellas, se pueden reconocer agresores o ladrones. Un caso bastante popular lo vivimos en los Ferrocarrils de la Generalitat a su paso por Sant Boi, cuando un joven agredió a una pasajera en el interior de sus vagones. Quizás éste sea el caso más llamativo, pero no es la única ocasión que una cámara de seguridad ayuda a resolver una denuncia producida en el transporte público.

José Antonio es un joven de 34 años residente en L’Hospitalet. Hace dos años sufrió un robo con violencia en el metro, concretamente en la parada de Collblanc y gracias a unas cámaras de seguridad de la estación, pudieron reconocer al ladrón. “En mi caso, mi agresor parecía conocer muy bien la situación de las cámaras de seguridad y me acorraló en un punto de poca visibilidad. Los Mossos se tuvieron que fijar en su sudadera y revisar las cámaras de la entrada al metro para localizarlo, y como tenía antecedentes, no pudieron detener”, explica.

Sin embargo, muchos usuarios del transporte público sienten que viven en una especia de Gran Hermano. El mismo José Antonio piensa que, aunque en su caso sirvieron para detener a su agresor, en otras muchas ocasiones resultan inútiles. “A mí me parece bien que instalen cámaras de seguridad en los sitios públicos donde no voy a cometer nada transgresor o nada privado; otra cosa es el uso que se hace de esas cámaras. Quién hay al otro lado de las cámaras, pues se cometen delitos diarios en el metro y las cámaras no sirven de mucho”, nos asegura el vecino de L’Hospitalet.

La asignatura pendiente está en el bus
El mundo del subsuelo está bastante abastecido de cámaras de seguridad, muy probablemente porque es en el metro donde más delitos se cometen. Si entendemos que estas cámaras de seguridad sirven para nuestra seguridad, la asignatura pendiente está en el autobús. “Yo uso el transporte público cada día, concretamente el bus y es donde menos conflictos he vivido. Sin embargo, recuerdo que una vez, a una señora le robaron el monedero estando sentada en un autobús, concretamente en el L10 entre Sant Just Desvern y Esplugues, y la policía no pudo hacer nada porque no había cámaras que lo identificaran”, explica Alicia, del barrio Mas Lluhí de Sant Just. Prácticamente todos los autobuses disponen de carteles alertando de la existencia de cámaras de seguridad, aunque a la práctica, los usuarios aseguran que no sirven de mucho. Manoli, de Sant Boi, expone otra situación. “Me caí en un L77 yendo de Cornellà a Sant Boi al mediodía. Era un día de lluvia y el suelo del bus estaba mojado. Me resbalé y me rompí la muñeca. Puse la denuncia y en un principio, la empresa no quería pagarme ninguna indemnización. Yo reclamé y solicité que se usaran las cámaras de seguridad para demostrar que el pavimento estaba mojado; pero curiosamente las cámaras a esas horas no tenían nada grabado. Finalmente, me pagaron, pero las cámaras no sirvieron para mucho…”

Mossos defiende la instalación de cámaras
Los Mossos d’Esquadra aseguran que las cámaras de seguridad en el transporte público ayudan a resolver casos. Verónica es una agente de la policía catalana: “En la unidad en la que trabajo, las cámaras de seguridad, no sólo del transporte público, han permitido evidenciar agresiones de hombres a sus parejas y esto nos ha ayudado a demostrar delante de un juez un caso de violencia de género”.

Sin embargo, no todos los usuarios están contentos con ser grabados. “Yo entiendo que las cámaras ayudan a resolver casos, pero quién te dice a ti que hay un obseso que cada mañana se regodea mirando a mi mujer cuando va a trabajar en el metro… Estamos todos de acuerdo en la utilidad de las cámaras, pero creo que debería haber un código ético para los responsables de los puntos de control”, explica Jose María, de Esplugues. III

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