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La legión vuelve a desfilar por las calles de L'Hospitalet, cada vez, con más seguidores | Eva Jiménez - BCN Content Factory
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La legión vuelve a desfilar por las calles de L'Hospitalet, cada vez, con más seguidores | Eva Jiménez - BCN Content Factory

La polémica vuelve a desfilar en Semana Santa

L'Hospitaleando

martes 29 de marzo de 2016, 09:53h
Pocos acontecimientos despiertan sentimientos tan profundos como la Semana Santa. Durante estos días, los cristianos conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, acontecimiento sobrenatural sobre el que se asienta toda su fe. Impedir que esta creencia se manifieste en público tan sólo consigue avivarla.

Es lo que pasó con la Cofradía 15+1 de L’Hospitalet, que desde 1977 hasta hoy no ha hecho más que crecer, a pesar de que el responsable de la iglesia Mare de Deu de la Llum, el padre Josep Murillo, negara su apoyo al grupo de andaluces nostálgicos que entonces se acercaron a él.

Es lo que podría estar pasando también con el desfile de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios de Barcelona, que ha congregado mucho más público que en los dos años anteriores en los alrededores de la iglesia Inmaculada Concepción, regentada por el padre Custodio Ballester.

En esta ocasión, las objeciones no vienen por parte de la Iglesia sino por parte del gobierno municipal, que en 2014 autorizó la procesión, pero cambió de opinión al conocer quiénes desfilaban y cómo lo hacían. En 2015 se pudo desfilar de manera legal porque la organización Maslibres.org la rebautizó como manifestación y, por tanto, ya no requería de autorización municipal, sino de una simple comunicación al Departamento de Interior de la Generalitat.

Este año se ha desfilado en situación legal más precaria aún, pues se ha vuelto a comunicar la intención de manifestarse a la Generalitat, pero esta no ha aceptado la denominación de manifestación y ha derivado la cuestión de la procesión al Ayuntamiento, según fuentes de la Generalitat. La delegada de la plataforma, Tania Fernández, ha explicado que esta decisión se comunicó con poca antelación y que se replicó por correo electrónico, pero que no recibieron ningún tipo de respuesta y que ya era demasiado tarde para desconvocarla.

Al desfilar sin autorización, la ley indica que el Ayuntamiento ha de abrir un expediente sancionador, según han explicado fuentes municipales. Entretanto, hemos sabido que la alcaldesa, Núria Marín, ha llamado al Arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, para manifestarle el rechazo del pleno del 28 de abril de 2015 a los legionarios (p. 91); y que el sindicato Manos Limpias ha denunciado a la primera edil por vulnerar el derecho de manifestación e incitar al odio y la discriminación.

Afortunadamente, la marcha del Jueves Santo ha transcurrido con normalidad, gracias a la sensatez de los presentes y al esforzado trabajo de los pocos efectivos de la Guardia Urbana que han regulado el tráfico y los Mossos que, de uniforme y de paisano, han velado por la seguridad de los ciudadanos.

Más allá de la razón

¿Cómo es posible que una fiesta religiosa haya derivado en un conflicto legal?, me pregunto. ¿Qué ha ocurrido para que quienes defienden la misericordia y el perdón, por un lado, y una cultura de paz y convivencia, por otro, vean las cosas de manera tan diferente?

Si lo pensamos de manera lógico-racional, no tiene demasiado sentido –o yo, al menos, no se lo encuentro-. Un párroco, exmilitar, quiere invitar a una hermandad conocida y querida a desfilar en una procesión de Semana Santa. Es cierto que quienes allí acuden tienen una visión positiva del ejército y se muestran partidarios de la unidad de España. No en vano, los gritos que más se han escuchado entre el público han sido “Viva la legión” y “Viva España”, a pesar de que los legionarios han desfilado con la bandera española y catalana, y de que el párroco ha entonado el “Visca Catalunya” al final de la manifestación-procesión.

Por el otro lado, está claro que no se le encuentra sentido a la institución del ejército –la moción fue presentada por ICV-EUiA- y que la unidad de España no les convence, y menos entendida al modo tradicional, centralista podríamos decir. No obstante, nadie les podría reprochar nada si organizaran una manifestación a favor de Catalunya y de los Mossos d’Esquadra o los trabucaires.

A mi modo de ver, las dos posturas son respetables en una sociedad de personas maduras y de espíritu democrático, donde se puede y se debe convivir con personas que piensan diferente. Si esto no se puede vivir con naturalidad, tal vez sea porque las dos partes se hallan en algún lugar más allá o más acá de la racionalidad. Tal vez pervivan heridas que todavía no se han curado. Estoy pensando en las familias del bando perdedor en la Guerra Civil, que sólo han experimentado el lado más oscuro del ejército y el lado más homogeneizador de la unidad española. Quizá, por reacción, se están repitiendo errores que se cometieron en el pasado. Estoy pensando en las familias que se sienten españolas y no encuentran lugar donde expresar su ideología y sacar la bandera sin ser tildados de fachas o ultraderechistas. O tal vez no haya que remontarse tan lejos y recordar que muchas veces uno ama algo simplemente porque lo aman los suyos. Pasa con el fútbol, no va a pasar con la bandera.

En todo caso, a mí me encantaría que alguien investigara este asunto, pues L’Hospitalet de Llobregat puede ser uno de los pocos lugares de Catalunya donde se experimentan creencias tan contrapuestas y, por eso mismo, podría encontrarse solución al conflicto entre quienes se sienten catalanes y españoles. En cualquier caso, está claro que se trata de algo muy profundo que, si no se aborda con delicadeza, podría enquistarse y derivar en algo mucho más conflictivo. Espero que no tengan que pasar 40 años para que alguna de las partes se trague el orgullo y se acerque a la otra, como parece que acaba de hacer el padre Murillo con la Cofradía 15-+1.

Termino como empecé. Estamos en Semana Santa, la forma en que se ha concretado la espiritualidad en nuestro país. Nos puede gustar más o menos, la podemos vivir más o menos, pero, revista la apariencia que revista, no deja de ser un homenaje a Jesucristo, aquel que, sabiendo lo limitados que somos los seres humanos, dedicó toda su vida a amar al prójimo, al que tenía más cerca, fuera quien fuera –samaritano, mujer, o marginado, como recuerda precisamente la lectura del Jueves Santo-. Creo que todavía podemos aprender mucho de él, independientemente de nuestra fe.

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