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La historia no se repite, pero rima
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La historia no se repite, pero rima

jueves 02 de marzo de 2017, 01:47h
La política es como el colesterol, que hay bueno y malo. Una buena política la hace una buena sociedad, cuando es exigente consigo misma, responsable. Por el contrario, donde no existe el ejercicio de la ciudadanía, la sociedad, en el mejor de los casos, se dispersa y, en el peor, se corrompe.

Tenemos que ser exigentes y responsables. Para lograrlo, la gente tiene que estar preparada, que no necesariamente tiene que coincidir con la titulitis de tener carreras. La verdadera igualdad debe garantizarse en las oportunidades de salida. Por ello, mejorar y ampliar la formación debe ser un objetivo prioritario.

El profesor Antón Costas, una de mis referencias en política económica, tiene la absoluta convicción de que la batalla de la próxima década se librará en el terreno de las ideas y no de las políticas. Porque los populistas, a izquierda y derecha y en todos los países, intentan vendernos que un retorno a los nacionalismos proteccionistas será una buena opción para los ciudadanos en respuesta a la globalización. Y no es cierto, porque para que una sociedad sea abierta, su economía lo tiene que ser también. Estoy de acuerdo en que debemos limar los aspectos exagerados de la globalización, como ese gigantismo financiero, desproporcionado respecto al resto de los factores económicos.

También hay que recuperar el pegamento del progreso social, para evitar que aumenten las desigualdades en países desarrollados como el nuestro, y frenar la aparición de nuevos monopolios. Abogo, como el profesor Costas, por reconciliar la economía de mercado con el progreso de la sociedad mediante la mejora de las oportunidades y el fortalecimiento de la democracia participativa. Porque ahora hay demasiados aspectos que riman con lo que ocurrió en Europa durante los años 30 del siglo XX. Y esta advertencia nos debe mover a corregirlos.

Soy hijo de una época en la que el crecimiento económico era sinónimo de progreso social, porque mejoraron las oportunidades, la esperanza de vida, la educación, etcétera. Ahora, aquel pegamento se ha secado o roto, porque es posible el crecimiento de la economía sin que por ello se favorezca al conjunto de la sociedad. En los años 60, España mejoró de una forma extraordinaria, no porque hubiesen cambiado las políticas, que en parte lo hicieron con los planes de desarrollo, sino porque en pleno franquismo se introdujo en la sociedad española la idea de que abrir la economía, abandonar el proteccionismo y abrazar Europa sería una fuente de riqueza para todos. Aquello fue una idea, no el resultado de una política. Por eso la batalla ahora tiene que volver a librarse en el terreno de las ideas.

Detrás del sentimiento populista de la gente hay algunos elementos objetivos. Porque en política económica siempre hay ganadores y perdedores. Nos vendieron en su día la globalización sin perdedores y que todos saldríamos beneficiados gracias a la libertad de circulación de capitales, mercancías y personas. Pero hubo perdedores, que permanecieron resignados hasta que en los años 2011 y 2012 salieron de la cuneta y empezaron a apoyar a dirigentes populistas. Es importante distinguir entre el sentimiento real de rechazo de los perdedores y esos dirigentes populistas autoritarios y megalómanos que aspiran a disolver los mecanismos de control de la democracia y van en contra de instituciones como la justicia, la prensa o la participación ciudadana, con el fin de que nada exista entre ellos y el pueblo.

Olfato para el malestar social
Lamentablemente, los líderes populistas tienen mejor olfato para identificar el malestar social. Las convulsiones políticas, como las que atraviesa Cataluña, no es una rareza, sino una manifestación más de lo que viven otros países, como las que han provocado el Brexit, el surgimiento de Beppe Grillo o la victoria de Donald Trump. El catedrático de Política Económica de la UB y ex presidente del Círculo de Economía, Antón Costas, cree que la frustración y el malestar social de la política económica sin control de los años 80 y 90 fomentó a partir de 2011 la aparición de nuevas fuerzas políticas. En el mismo mes que nace el movimiento de los indignados del 15-M, germen de Podemos, “se crea la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), que toma la utopía disponible del independentismo”, recuerda el profesor.

Costas cree que el independentismo es “el resultado de un exceso de expectativas”, aunque no tiene claro si esa “utopía disponible fue una opción del nacionalismo histórico catalán, de Convergencia, o nació a partir de grupos de izquierda, como el PSUC, que retornaron a la política a través de la ANC y tomaron la bandera de la independencia”. Ese es el caso, entre otros dirigentes, del actual presidente de la ANC, Jordi Sánchez.

En cuanto a la recuperación del pegamento social, la formación es uno de los elementos importantes. Porque la verdadera igualdad debe garantizarse en las oportunidades de salida, para que ninguna razón impida avanzar individualmente en cualquier campo por falta de posibilidades económicas. Mejorar y ampliar la educación debe ser un objetivo prioritario. Sin embargo, en el último Fórum FemLlobregat se puso de manifiesto que en materia de Formación Profesional (FP) y Bachillerato existe un exceso de conformismo. En ambos itinerarios, la transición hacia el mundo real no está resuelta y por el camino se pierde la motivación. Hasta el punto de que el 51% de nuestros alumnos salen del sistema educativo con una formación que habrá cumplido el objetivo de elevar la dignidad del ser humano, pero que no les conduce al empleo, en contraste con el 26% de media europea.

Algunos esfuerzos municipales nacen en ese sentido cojos, como Educateca GPS, del Ayuntamiento de L’Hospitalet, donde se ofrece información a los estudiantes de secundaria sobre la oferta educativa con la buena intención de orientar aquellos itinerarios formativos que responden a las vocaciones juveniles. Pero nadie informa suficientemente a los estudiantes, y a sus padres, sobre las necesidades laborales y profesionales de nuestra sociedad. De manera que hoy en día hay puestos de trabajo que no se cubren por falta de especialistas cuando, por ejemplo, tenemos más veterinarios que en Alemania, siendo los alemanes el doble de población. En España la oferta educativa es la más desajustada de Europa en relación a la demanda del mercado laboral, tal y como denunció en L’Hospitalet Francisco Belil, presidente de la Fundación Princesa de Girona y vicepresidente de la Fundación Bertelsmann, institución ésta última que acaba de presentar un estudio sobre la desigual distribución de las oportunidades sociales en Europa. Menos en sanidad, en España suspendemos en el resto de dimensiones: pobreza, educación, empleo, cohesión social y no discriminación. Y eso provoca un malestar social que se está convirtiendo en caldo de cultivo para dirigentes populistas autoritarios y megalómanos. Es la rima de la historia. III

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