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Ignacio Flórez, concejal de Cornellà durante 20 años por el PSUC, el PCC e Iniciativa

“No sé si la nueva política es tan nueva. Me parece que hay una desorientación tremenda”

“No sé si la nueva política es tan nueva. Me parece que hay una desorientación tremenda”

viernes 06 de julio de 2018, 23:15h
"Me he llevado bien con todos los alcaldes y concejales. Creo que me tienen bastante respeto y cariño, a pesar de todo”

Ya en la recta final de la vida, Flórez confiesa que ha vivido. Parece que se encuentra más a gusto hablando de su historia familiar que de sus vivencias políticas. “He estado muchos años en el Ayuntamiento, pero nunca dejé de trabajar en la Siemens”, la empresa en la que empezó en 1957, a los pocos meses de llegar a Cornellà, y en la que estuvo hasta su jubilación. Cuando entró en la fábrica no tenía ni el bachillerato, pero salió con el título de perito industrial.

Al poco de iniciar la conversación evoca sus orígenes familiares. “Mi padre era un maestro nacional y republicano que se lo llevaron al poco de iniciarse la guerra, después de despedirse de mí y de mi hermano encañonado”, explica. Había sido alcalde unos meses en Arahal y el fascismo quiso pasar cuentas con él. “Ahora vengo Ignacio. Me n’alegro de veure’t. Estoy aquí con una compañera”, le dice una mujer que pasa en cuanto empezamos a hablar.

“Yo aprendí diseño en una academia que había en Cornellà, que era precisamente de unos ingenieros de la Siemens. Con 27 años hice el bachiller elemental. Aprobé, ingreso, primero y segundo. De tercero y cuarto me quedaron algunas asignaturas, pero al final las aprobé y también hice la reválida”, explica este hombre de mirada afable y “la bondad en la cara”, como cantó Raimon del histórico dirigente del PSUC Gregorio López Raimundo. “El caso es que en alguien me dijo que por qué no hacía peritaje industrial, y al final acabé sacando la carrera”.

Elogios a una vida
Sus recuerdos del inicio de la democracia municipal tras las primeras elecciones de 1979 dice que son “relativos”, aunque admite una obviedad: “Estaba todo por hacer”. Y a renglón seguido, sigue evocando sus vivencias. “He traído unos documentos muy bonitos”, dice, al tiempo que se le entrecorta la voz y enseña unos folios con las palabras de despedida que le brindaron el 30 de abril de 2003 gentes tan dispares de sus posiciones ideológicas como la secretaria del Ayuntamiento de Cornellà, Carmen Alonso, el entonces concejal de Esquerra Republiana Joan Tardà y el edil socialista Vicenç Badenes, ya fallecido.

“Con Badenes habíamos trabajado mucho juntos e incluso habíamos ido juntos a Nicaragua, con un hospital que se hizo allí. Me pone por las nubes”, dice, y se le vuelve a entrecortar la voz. Luego saca la cartera, que esta repleta de fotos de sus familiares, y cuenta la historia de su madre, que se volvió a casar y acabó teniendo 12 hijos.

Una vida de militancia
Empezó a militar en el PSUC en 1957, en los años más duros de la represión franquista, cuando estaba concentrado en el trabajo y los estudios y con la novia se relacionaba por carta, porque se quedó en el pueblo y no se casaron hasta 1961. “Entonces la cosa era difícil, pero bueno, hicimos lo que había que hacer. Eso me sirvió para mucho. Cuando entré en el PSUC la organización en Siemens era numerosa.

Éramos un centenar de militantes y yo fui combinando la militancia con el trabajo. Aquí me fui situando y ganando amistades”.

Con 86 años sigue militando en el PCC. “No en el PSC, eh, en el PCC”, insiste al periodista para advertirle que no se confunda de siglas. “Con todo este jaleo del nombre no me habían dicho nada y me ha sorprendido que este mes me hayan cobrado la cuota no como PCC, sino como Catalunya en Comú”. Flórez parece sentirse más cómodo hablando de política presente que de pasada. “Yo no me he cambiado nunca la chaqueta, he tenido mis creencias y mis opiniones, pero he conocido a tantos que antes estaban en un sitio y ahora están en otro… Estos mismos de aquí del PSC”, dice, señalando el edificio del Ayuntamiento de Cornellà, “que antes eran del PSUC”.

Escisión
¿Cómo vivió la escisión del partido? “Pues mal, porque aquello para nosotros fue un golpe fuerte y perdimos la fuerza que teníamos al ir cada uno por su lado. Hemos ido como hemos ido y así estamos. Desgraciadamente, las cosas son así”. En Cornellà, la fractura personal y emocional se vio acentuada, admite, hasta el punto que, después de las segundas elecciones municipales de 1983, el PCC votaba con los socialistas en los plenos municipales y CiU con el PSUC liderado por el alcalde Frederic Prieto. Después llegó el pacto para repartirse la alcaldía durante dos años entre Prieto y José Montilla y se normalizaron las relaciones. “El PSUC se rompió y dejó de ser el PSUC cuando se llamó Iniciativa. Yo me fui al PCC, que es lo que creía que tenia que ser, aunque luego acabé siendo concejal por Iniciativa”.

¿Quién le ha parecido el mejor alcalde? “Cada uno ha hecho su camino y la verdad es que yo me he llevado bien con todos. Creo que Prieto me tiene aprecio y yo a él también, pero las cosas fueron como fueron”, confiesa. “Con Montilla ya estaba más consolidada la democracia, era una política distinta, porque con Prieto era más difícil desarrollar el trabajo mínimamente, ya que te encontrabas con unos presupuestos que eran insuficientes. Con Antonio Balmón también tengo muy buenas relaciones, igual que con los concejales del Ayuntamiento. Me tienen bastante respeto y cariño, a pesar de todo”.

“Una lamparita para casa, para el coche, para leer, por si te levantas por la noche, de linterna, por si se va la luz, para lo que queráis, con un imán para engancharla en la nevera y su gancho. Todo esto que vale 15 euros en la ferretería yo la doy por cinco euros con sus pilas alcalinas y todo, cinco euros nada más. Pesa 160 gramos y la puedes tener donde quieras”. Un vendedor callejero se entremezcla en la conversación, en una escena que no hubiera imaginado el guionista más atrevido.

Un viejo rockero
Flórez es como los viejos rockeros y sigue en la lucha de sus ideales. Fue secretario de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y Democrática del Baix Llobrgat y continua en la entidad. Su preocupación, sin embargo, se centra ahora en el futuro del planeta y es el representante del PCC en el consejo municipal de medio ambiente. Su reflexión es que “la Tierra ya no puede soportar el ritmo de vida y de crecimiento que lleva y estamos viendo que hay una explosión demográfica que no sé a dónde nos va a llevar”. En lo concreto, se lamenta de que “poca gente hace una selección de los residuos. La mayoría van al contenedor de la boca grande, dan un pisotón y allá va todo en una bolsa, lo mismo da que sea plástico, que papel o residuos orgánicos. Yo en casa tengo seis cubos de basura: el de vidrio, papel y cartón, aceites, orgánico, plásticos y envases, y después el de rechazo, que es el único que va a la boca grande porque no se puede reciclar. Esa es una cuestión en la que se debería incidir más y así se lo decía al Balmón en una carta”.

La ciudad
¿Qué le falta a Cornellà tras 40 años de democracia municipal? “Una educación ciudadana más amplia. Hay cosas que se podían hacer de otra manera. La limpieza viaria, por ejemplo. La gente no se implica, cada uno va a lo suyo, pero dentro de todo, la ciudad va mejorando y se están haciendo cosas para mejorar la sensibilidad”. ¿Y qué piensa de la nueva política? “No sé si la política es tan nueva y si tiene un convencimiento real. Me parece que hay una desorientación tremenda y una falta de concreción con los partidos estos nuevos que han salido.

Después de la moción de censura ha habido una bajada tremenda de Cs, y los socialistas han subido, según las encuestas. Mucha gente va más a ver lo que sale en un momento determinado que a tener una conciencia o un proyecto político. Eso no es bueno”.

Lo dice él, que confiesa sin reparos que sigue estando donde siempre. “Seguiré siendo comunista los años que me queden de vida. Una cosa es lo que el régimen soviético haya hecho o haya dejado de hacer, y otra cosa es sentir el comunismo como una doctrina, como una manera de entender la sociedad. Me hice comunista porque creía en aquellos ideales. Seguramente las cosas serían ahora de otra manera, pero yo he estado en el partido y sigo siendo y seré comunista, pero comunista de los que han mamado una manera de pensar”. En definitiva, Florez considera que ser comunista en el 2018 es “luchar contra lo difícil, una manera de pensar y hacer. Otra cosa es que el comunismo esté ahora descafeinado y mucha gente va evolucionando, pero lo que yo aprendí es para que se aplicara”.

“Señor Flórez, ¿cómo está usted? Hacía seis años que no le veía. Lo veo muy bien”, interrumpe un ciudadano. “He ido al oculista”, responde con ironía el interpelado. “Normalmente un día sí y otro no bajo al parque de Can Mercader. A correr un poco y a andar otro poco. ¿Cómo se llama usted?”, pregunta. “Manolo Clavijo, usted me ha entregado algunos trofeos”. La mesa de la terraza empieza a parecerse al camarote de los hermanos Marx y llega Jordi Izquierdo, alma mater de tantos proyectos culturales de Cornellà, ahora ya jubilado. “¿Cómo está?”, le pregunta. “Al hijo lo veo de veo de vez en cuando haciendo fotos”, añade Izquierdo. Es el momento de volver a los recuerdos familiares. “Yo tuve dos hijos. Uno tiene 47 años, es soltero, y el otro es el aficionado a la fotografía, responsable de deportes de Sant Andreu de la Barca”, cuenta. “Mi madre tuvo 12 hijos y sin embargo solo ha habido 13 nietos”, explica, junto a otras vivencias menos agradables, como la muerte de dos de sus hermanas, una al nacer y otra con tres años. “Me sigo relacionando y aprecio mucho a gente que piensa distinto a mí, como los que han venido a saludarme. No he salido del barrio de la Gavarra y siempre he estado en un ambiente cercano, con personas que han entendido que yo tenía una manera de pensar”.

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