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La reconquista metropolitana
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La reconquista metropolitana

viernes 05 de octubre de 2018, 02:32h
Analizamos la necesidad o no de potenciar el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y avanzar hacia un gobierno fuerte de los 36 municipios de la conurbación.

¿Se pregunta el congresista que llega al recinto de Fira Granvia de L’Hospitalet si está en una ciudad diferente de Barcelona? Él, que ha salido de un hotel del Eixample cerca de la Sagrada Familia, ha cogido un bus que en pocos minutos le ha dejado ante el recinto ferial. En todo momento, el autobús ha transitado por ciudad y el continuo urbano no se ha visto interrumpido. Este hipotético visitante no sabría decir cuándo el paisaje ha dejado de llamarse Barcelona para ser L’Hospitalet. De hecho, muchos vecinos tampoco sabrían establecer con exactitud dónde están las fronteras, antaño claras, pero hoy día diluidas en un conglomerado urbano que, con más o menos intensidad, comienza en Badalona y termina en Castelldefels. Aquella célebre ardilla que podía cruzar la península Ibérica saltando de árbol en árbol en época de los Reyes Católicos, hoy en día podría hacer lo propio de edificio en edificio entre estas dos localidades que marcan los límites del área metropolitana de Barcelona.

Una zona que alberga a más de la mitad de la población catalana y una parte importante del PIB de Cataluña. Los 36 municipios que la conforman –la mayoría de los cuales, del Baix Llobregat, 22 de 36, para ser más exactos- están agrupados alrededor del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), una entidad de reciente creación (2010) que recoge el testigo de la antigua Corporación Metropolitana de Barcelona (CMB). Aquel ente supramunicipal fue creado en 1974 y durante la Transición se convirtió en un auténtico contrapoder a la Generalitat, hasta que en 1987 fue disuelto por la Ley de Ordenación Territorial aprobada en el Parlament. Sus competencias fueron asumidas por la Entidad Metropolitana del Transporte, la Entidad Metropolitana de Medio Ambiente y a la Mancomunidad de Municipios del Área Metropolitana.

Se dice que la CMB firmó su sentencia de muerte cuando creó una bandera –de fondo azul con el escudo de Barcelona en el centro- e incluso un himno. El entonces President Jordi Pujol, tras un tajante “basta” y ayudado por la mayoría absoluta de la que gozaba en el Parlament, acabó saliéndose con la suya en el pulso que mantenía con Pasqual Maragall, alcalde de Barcelona y valedor de la CMB y de la idea de la Gran Barcelona. La Ley de Ordenación Territorial se tradujo en la división por comarcas y la creación de los Consejos Comarcales, una concepción acorde con el ‘rerepaís’ que defendía con ahínco Pujol ante el poder barcelonés.

Pero volvamos al presente. Hoy día, el área metropolitana de Barcelona es un conglomerado urbano continuo con problemáticas que se dan en todos o casi todos los municipios. Sin embargo, en algunas cuestiones, como es el caso de la vivienda, da la impresión de que cada ayuntamiento hace la guerra por su cuenta y que las políticas cambian radicalmente de un lado de la calle, que separa a dos municipios, al otro.

Diversas voces han salido a la palestra en los últimos tiempos para que se tengan en cuenta las áreas metropolitanas. Una de ellas la de Núria Marín, alcaldesa de L’Hospitalet que propuso en junio que la Constitución debería recoger esta figura para protegerlas y ampliar su papel institucional y político.

Por esta razón, desde El Llobregat hemos abierto un debate con los portavoces de los partidos políticos del Consejo Metropolitano para saber su opinión sobre la necesidad o no de potenciar los poderes del AMB y convertirla, así, en un auténtico gobierno metropolitano que dé una respuesta común a las cuestiones que afectan a todos sus integrantes. Y si consideran que el área metropolitana es simplemente un ente administrativo cuyos límites son difusos para una gran parte de la población o una idea que genera un vínculo emocional entre sus habitantes

Falta conciencia metropolitana
En líneas generales, las formaciones del Consejo Metropolitano del AMB consideran que no hay suficiente conciencia metropolitana. Una falta en la que, según explica el alcalde de Sant Feliu y portavoz de Entesa en el Consejo Metropolitano, Jordi San José, incurren algunos regidores a nivel municipal. “A veces en los Plenos algunos concejales hablan como si el AMB fuera una cosa ajena, y somos nosotros mismos”, enfatiza a esta publicación el edil. Un fenómeno, asegura, que se extiende también entre los ciudadanos, que a menudo desconocen la labor del AMB. Aunque aquí San José hace autocrítica. “Puede que no hayamos hecho algo bien”, reconoce. En esta línea de mea culpa se mueve Isidre Sierra, portavoz del PDeCAT y alcalde de otra población de la comarca, Sant Climent, que cree que no hay suficiente conciencia metropolitana porque las políticas que se han implementado en este ámbito “no se han explicitado bien”. “Nadie sabe que el transporte está consensuado entre el AMB y la Autoridad del Transporte Metropolitano (ATM), y todavía hay mucho recorrido en la política de residuos”, pone como ejemplo Sierra, que considera que el AMB “está muy bien financiada” para dar servicios pero que hace “poca política metropolitana”. El portavoz demócrata considera que hace falta “más convencimiento del relato metropolitano”, el cual “da un valor añadido para salir de la crisis y aportar mejoras al territorio”.

¿Reinos de taifas?
Y los ayuntamientos, ¿se creen este relato? PP y Cs, en este sentido, son los más críticos, y lamentan que “a la práctica, a la hora de tomar decisiones los 36 alcaldes lo hacen pensando en su territorio, porque dependen de los votos de sus ciudadanos”, afirma Santiago Alonso, regidor de Barcelona y portavoz naranja en el Consejo. Coincide en el diagnóstico Alberto Fernández Díaz, también regidor barcelonés y voz cantante del PP en el AMB. “Seguimos anclados en una lógica local radical”, sentencia Fernández, que critica que, pese a que “todos hablan de política metropolitana”, en referencia a los alcaldes, “los ayuntamientos siguen siendo reinos de taifas inconexos”.

Quien se muestra más optimista con el papel del AMB, sin matices, es la portavoz socialista, la alcaldesa de Sant Boi Lluïsa Moret, que considera que el ente supramunicipal tiene “visión y acción de gobierno colectiva”, y que la voluntad es “planificar políticas integrales y globales comunes”. Preguntada sobre la sensación de que, en ocasiones, cada consistorio hace la guerra por su cuenta en cuestiones que afectan a todos por igual, y sobre la necesidad de avanzar hacia la unidad de acción, Moret reconoce que hay “aspectos a mejorar”, como son las políticas relacionadas con la vivienda, aunque remarca que “no son las competencias clásicas del gobierno metropolitano”.

Quien apuesta por cambiar el modelo del AMB con más decisión es la CUP. Su portavoz, la exdiputada en el Parlament y regidora del Ayuntamiento de Barcelona, Eulàlia Reguant, explica a El Llobregat que la solución a la “nula” conciencia metropolitana “no pasa por el AMB tal como la conocemos”. Critica que es una administración “alejada de la ciudadanía” y apuesta por una “mancomunación de municipios” y una “coordinación más efectiva”, más que por el actual modelo del AMB, que considera que fue creada como “contrapoder” a la Generalitat y a la Diputación y que, por lo tanto, “no responde a una voluntad clara de coordinación”.

En este sentido, los anticapitalistas querrían más “descentralización” que generara “herramientas de participación real” que rompieran con el estereotipo de una AMB prestadora de servicios, añade Reguant. Y aquí la CUP abre el debate de si es necesaria que la presidencia del AMB sea de elección directa por parte de los ciudadanos. Ellos opinan que podría ser posible e invitan a reflexionar sobre este aspecto. “Nos tendríamos que plantear el gobierno del área metropolitana para que los vecinos y vecinas tuvieran algo que decir”, afirma la portavoz cupera


Un debate a la espera
¿Tiene que ser siempre el presidente del AMB el alcalde de Barcelona? ¿Podría votarse de manera directa por parte de los ciudadanos, tal como se hace en otras megalópolis como Londres? Si la CUP es el partido del Consejo Metropolitano del AMB más dispuesto a coger esta vía, el resto no parece mucho por la labor o reconocen que es un debate que aún no se ha afrontado.
Hace un par de años, la actual presidenta del AMB y alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, abogó por escoger un alcalde metropolitano en las urnas, pero parece que tras aquellas declaraciones pronunciadas en la conferencia anual de la Cátedra Pasqual Maragall, no se ha dado ningún paso en esa dirección. Desde su propio grupo, San José reconoce que “en estos momentos, este debate no está muy presente”, ya que ve necesario “consolidar y poner el valor las políticas metropolitanas y explicarlas para que la gente las perciba como fundamentales”, haciendo referencia a medio ambiente, movilidad, transporte o vivienda. “Después”, prosigue, “ya se mirará quién lidera todo eso”.

Moret, del PSC, ofrece una opinión similar y añade que, si surgiera el debate de quién ha de presidir el AMB, “se afrontaría con normalidad”, aunque dice que desde el primer momento todos tuvieron claro que quien tenía que presidir el AMB era el alcalde de Barcelona. “Es la punta de lanza y tiene un papel estratégico”, asevera. Por su parte, Sierra del PDeCAT no vería mal un cambio en la elección, aunque lo supedita a un debate entre todos los actores implicados.

Los que se muestran más reacios a ello son el PP. Fernández tilda de “frivolidad” la propuesta que hizo Colau de elección directa del presidente del AMB, mientras que Alonso de Ciudadanos ve “lógico” que el alcalde de Barcelona sea el presidente del ente y que, en caso de que se quisiera cambiar, requeriría “un debate social, técnico y jurídico” al que no se cierran, no obstante.
¿Y qué dice la normativa? En ningún lugar está escrito que, por norma, el alcalde de Barcelona tenga que ser el presidente del AMB. Se trata, más bien, de una cuestión de población. El gerente del AMB, Ramon Torra, explica a El Llobregat que el Consejo de Alcaldes –uno de los órganos de gobierno del AMB, formado, como su propio nombre indica, por los alcaldes de los 36 municipios metropolitanos- es quien propone un candidato que sanciona el Consejo Metropolitano, y que este candidato ha de tener el apoyo de alcaldes que representen dos terceras partes de la población del área metropolitana. Así que, “sin Barcelona no se puede designar”, concluye Torra que, pese a remarcar que no se le elige “de manera automática”, el sistema de mayorías favorece que la cabeza visible del ente sea el primer edil de la capital catalana.

¿Identidad metropolitana?
¿Y los ciudadanos? ¿Existe una conciencia o identidad metropolitana? En un momento donde los sentimientos identitarios están a flor de piel a causa del proceso independentista, que una tercera identidad, más allá de la del municipio y la nacional -ya sea la española o la catalana-, se abra paso en el marasmo actual es complicado. De hecho, un estudio reciente del Grupo de Investigación en Estudios Locales de la Universidad de Barcelona (UB) certificaba esta realidad y ponía de manifiesto que la identidad metropolitana era algo “abstracto” relacionado más con un ente administrativo que con un vínculo emocional. Se trata de una opinión que comparten muchos de los portavoces entrevistados, que ven más el área metropolitana como una realidad “económica” o “administrativa” que “cultural”. No obstante, Moret hace un apunte y rompe una lanza a favor del sentimiento metropolitano, afirmando que “cada vez es más grande”, que hay una “conciencia positiva” de los beneficios que comporta formar parte del AMB e introduce el concepto de la Gran Barcelona. Aquí, el portavoz de Cs Santiago Alonso destaca que los municipios de los alrededores de la capital “tienen un sentido de pertenencia” a esta realidad que es la Gran Barcelona.

En este sentido, Reguant de la CUP explica que este sentimiento es patrimonio de los barceloneses y de los habitantes de las ciudades colindantes, pero que los vecinos y vecinas de lugares más alejados son “ajenos” al mismo. Por último, Torra, gerente del AMB, considera este sentimiento como algo “ambivalente” y que esta hipotética identidad tiene más que ver con la prestación de servicios comunes y la gestión de la cotidianidad.

Declaraciones e ideas para un proyecto como el AMB que, no olvidemos, tiene menos de una década de vida. “El hecho metropolitano es muy reciente y la institución se está consolidando”, recuerda Moret. ¿La reconquista metropolitana? Ya se irá viendo.

¿Y Vallirana, qué?

Una de las contradicciones del AMB tiene que ver con los municipios que forman parte y los que no. Una de estas anomalías es Vallirana, que pese a estar rodeada de localidades que sí que pertenecen al ente municipalista, queda fuera. La reivindicación de sus diferentes gobiernos para entrar a formar parte del AMB ha sido constante, y a finales de septiembre la presidenta de la administración metropolitana y alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, dio su apoyo para que Vallirana entrara en el club.

Así se lo hizo saber la misma Colau a la caldesa de la localidad, Eva Martínez, en un reunión que mantuvieron recientemente. “Es técnicamente factible y así se corregiría una anomalía histórica”, afirmó Colau. De esta manera, Vallirana suma otro apoyo a su entrada en el AMB, después del de la Diputación, el Consell Comarcal y la directora general de Administración Local, Rosa Vestit, que se ha comprometido a emitir un informe recomendando la incorporación de Vallirana, que se haría efectiva mediante una modificación en el Parlament de la Ley del Área Metropolitana.

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