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La calidad democrática queda en entredicho con una prensa postrada ante el poder.
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La calidad democrática queda en entredicho con una prensa postrada ante el poder. (Foto: BCN Content Factory)

Frente a la aritmética absolutista, el reto de convencer

viernes 07 de junio de 2019, 08:31h
El 15 de junio se constituyen los ayuntamientos. En nuestro territorio se hará sin demasiados cambios porque en la mayoría de municipios se reeditarán los anteriores equipos de gobierno, incluso con más respaldo electoral.

Como el ego es el peor enemigo de los seres humanos, haber renovado con mayorías absolutas la confianza de los votantes no debería apartar a los/las triunfadores/as de su misión institucional, que no es otra que gobernar para el conjunto de la ciudadanía, con respeto a las minorías y tejiendo las máximas complicidades a partir de conjugar el verbo consensuar, base de la democracia participativa.

La joven activista sueca Greta Thunberg ha publicado un pequeño libro en el que recoge sus discursos bajo el título Cambiemos el mundo. Hace décadas que una expresión como esa no se utiliza en las conversaciones por miedo a recibir la acusación de idealista o ingenuo. Desde estas líneas reivindico que se utilice en el sentido de querer cambiar el mundo para mejorarlo. Y quien no quiera, que se aparte y nos deje en paz, porque es tiempo de transformaciones. Empezando por nuestros mundos más próximos, en nuestros municipios y pueblos del territorio Llobregat.

¿Qué importa más en la vida, la victoria del ego o la transcendencia del ego? En mi opinión, mucho más importante que ganar un puesto es conectar con propósitos más profundos y significativos basados en el servicio a los demás. Sin transformación personal no hay posibilidad de transformación social, de modo que las personas que quieran cambiar para mejorar la vida en nuestros municipios deberían reconectar con su parte más profunda, de compromiso, alegría y solidaridad. Solo así podrán fortalecer ese cambio social que pregonan desde la política.

Reflexiones pertinentes al comienzo de un mandato de cuatro años en que las mayorías absolutas pueden relajar a los gobernantes y alejarles de las reclamaciones de las minorías, base de la sociedad plural en la que vivimos. O lo que es peor, pueden caer en la tentación de pasarles el implacable rodillo de su poder, cuando la base de la democracia consiste en preservar la pluralidad y la diversidad, lo mismo que hacemos con la naturaleza. Por eso lamento que en muchos municipios se haya reducido el número de partidos políticos con representación, porque se traduce en menos pluralidad.

En busca de más y mejor información
Algunos de los alcaldes y alcaldesas socialistas que han cosechado mayorías absolutas en nuestra comarca, como es el caso de Antoni Balmón en Cornellà, han asegurado que seguirán buscando pactos y acuerdos con el resto de los grupos porque aspiran a convencer de que lo que plantean es bueno y necesario para todos. Nobles palabras que confío no sean mera propaganda y se traduzcan en hechos. Un buen comienzo sería fomentar el derecho a la información, base del resto de derechos, porque sin contraste, sin que una sociedad hable consigo misma a través de medios de comunicación libres y profesionales, la calidad democrática de nuestra sociedad se resiente.

En los cuarenta años de ayuntamientos democráticos, nuestras ciudades han dejado de ser periferia y hoy forman parte dignamente de la metrópoli barcelonesa. A diferencia de la capital, donde existen numerosos medios de comunicación que informan y analizan lo que ocurre en la Ciudad Condal, en nuestros municipios no existe un ecosistema mediático equivalente al barcelonés más allá de los medios de comunicación municipales, en su mayoría radios, boletines o revistas municipales que han acabado siendo instrumentos de propaganda al no estar sometidos al escrutinio público.

Los ayuntamientos han ido demasiado lejos a la hora de copar la información, y los medios de comunicación municipales deberían cambiar algunas cosas. Tres son los objetivos básicos para alcanzar una mejor calidad democrática en este campo. El primero de ellos es que la publicidad institucional se asigne a los medios de comunicación bajo criterios profesionales y no de sintonía política o amiguismo, puesto que proceder con el dinero público de esa forma es sencillamente prevaricar.

Nuestros mayores lo consiguieron
El segundo objetivo es que los medios de comunicación públicos locales no incluyan publicidad comercial pagada, porque actúan como monopolio y cercenan la posibilidad de que aparezcan o se sostengan otros medios independientes que no pueden competir con los que van a pérdidas porque paga el pueblo. El tercer y último principio consiste en que todos los medios de comunicación públicos de proximidad estén regidos por unos consejos de información plurales, representativos e independientes del gobierno local, integrados por personas expertas y representantes de la rica vida social.

Sé que no es fácil corregir la inercia de cuarenta años, que es incómodo abandonar el ámbito de confort, pero es la manera de que los medios municipales mantengan la dignidad, el servicio público y la neutralidad y no acaben siendo un panfleto propagandístico. Y también la vía para surjan y sean sostenibles más iniciativas independientes de prensa de proximidad. Desde la Asociación Española de Editoriales de Publicaciones Periódica (AEEPP), de la que El Llobregat forma parte de su junta directiva, se vigilará atentamente la evolución de esos puntos a través del Observatorio de la Publicidad Institucional.

La ética de la responsabilidad debe abrirse paso entre la ética utilitarista. Porque ante el nuevo tiempo político tenemos la obligación de conjugar los verbos anticipar, consensuar, ambicionar, avanzar y, por qué no, soñar. Aprovechar las oportunidades inacabables que ofrece nuestro variopinto territorio metropolitano es tarea de todos. Y la primera misión de los medios de comunicación es anticipar, compartir y dialogar en favor del progreso, el desarrollo, la convivencia y, sobre todo, la limpieza. Hace 40 años nuestros mayores lo consiguieron con mucho mérito y transformaron una periferia condenada en lo que hoy son nuestras ciudades y pueblos. Lo lograron con apoyos grandísimos que transcendían ideologías. Eso que se empezó a conseguir en junio de 1979 no debe suponer nuestro techo. Al contrario, debe ser el precedente de lo que podemos lograr juntos, si nos ponemos a trabajar por el bien común de este territorio metropolitano al sur de la gran Barcelona. Ese es el horizonte.

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