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Barcelona pagó a L’Hospitalet hace cien años solo 102.871 euros por la mitad del municipio

Barcelona pagó a L’Hospitalet hace cien años solo 102.871 euros por la mitad del municipio

viernes 05 de junio de 2020, 04:00h
Las Cortes aprobaron el 10 de mayo de 1920 el decreto de expropiación de 947 hectáreas de la ciudad, desde la actual Ronda Litoral hasta el mar y desde la plaza Cerdà hasta el río Llobregat

El municipio de l’Hospitalet tenía hace cien años casi el doble de su actual superficie y llegaba al mar. El 10 de mayo de 1920, las Cortes aprobaron la Ley de Expropiación a l’Hospitalet de los terrenos que ahora ocupa el polígono de la Zona Franca de Barcelona, Mercabarna, la Zona Aduanera y el Parc Logístic. El objetivo de la expropiación de esas 947 hectáreas, en su mayoría explotaciones agrícolas, era destinarlas a la construcción un puerto franco y zona neutral, proyectos que nunca se llegaron a realizar. Tres décadas después, se construyó la factoría SEAT en esos terrenos, iniciando una paulatina conversión de esa zona en el mayor polígono industrial de España que ahora es.

Con la expropiación, l’Hospitalet vio reducido su término municipal a las actuales 1.240 hectáreas a cambio de una indemnización a su ayuntamiento de 85.000 pesetas, que al cambio vendrían a suponer en la actualidad 102.871 euros, según cálculos del INE a partir de la variación de precios decenal hasta 1954 y la interanual acumulada desde ese año, según fórmula de interés compuesto. Esa ridícula cantidad es la que pagó el Ayuntamiento de Barcelona a l’Hospitalet por sus terrenos municipales, porque los propietarios de las parcelas privadas, que tenían unas 70 casas diseminadas por la zona, llevaron a los tribunales la expropiación en unos litigios que se prolongaron años.

Apoyo económico unánime
El proyecto de puerto franco y zona neutral recibió un apoyo unánime, ya que al interés económico se unía la oportunidad de sanear el delta del Llobregat, con la consiguiente mejora de la salud de todos los habitantes y la elevación del nivel de vida de las poblaciones ribereñas y del llano de Barcelona, puesto que el curso fluvial del río estaba situado en desnivel respecto con su desembocadura, y la barrera de arenas retenía el agua y ejercía de obstrucción de la su salida natural al mar, razón por la que la zona se inundaba de forma constante.

El proyecto de puerto franco y zona neutra se acariciaba desde principios del siglo pasado, pero hasta 1914 no se reactivó. El 10 de octubre de 1915 hubo una gran movilización de la opinión pública, con una asamblea económica celebrada en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona, en la que estuvieron representados 499 municipios de Cataluña y 488 entidades patronales, obreras, cooperativas y culturales.

El todo Cataluña apoyaba la construcción en el delta hospitalense de un puerto franco y zona neutral, con canales de agua que se adentraban tierra adentro y rodeados de muelles y naves de almacén y tratamiento de las materias transportadas. Al año siguiente, el 24 de octubre de 1916, el presidente del Gobierno, Álvaro Figueroa, conde de Romanones, firma un real decreto ley autorizando la concesión de un depósito comercial otorgado a un consorcio (el hoy Consorcio de la Zona Franca de Barcelona) constituido por el Ayuntamiento de Barcelona y los presidentes o delegados de las corporaciones: Fomento del Trabajo Nacional, Junta de Obras del Puerto, Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, cámaras oficiales de Navegación, Comercio e Industria y un representante de las asociaciones obreras especialmente dedicadas a servicios marítimos. A un año de la finalización de la primera guerra mundial, con los principales puertos francos europeos (Génova o Hamburgo) implicados en la contienda bélica, la oportunidad del proyecto barcelonés adquiría mayor relevancia económica.

Administrador de fincas
La ley del 10 de mayo de 1920 declaró de utilidad pública toda la extensión de cerca de mil hectáreas del término municipal de l’Hospitalet para su expropiación. El ayuntamiento barcelonés se convirtió en la administración que debía realizar dichas expropiaciones y que habría de pagar las indemnizaciones correspondientes. La expropiación de terrenos, que se inició en 1927, se llevó a cabo de manera paulatina y, en muchas ocasiones, después de diversos pleitos. Sin embargo, los agricultores que estaban cultivando en estos terrenos continuaron haciéndolo como arrendatarios del Consorci, con lo que la institución pasó a realizar una labor de administrador de fincas, cobrando una renta anual por los terrenos, que se diferenciaban según se tratara de fincas urbanas, rústicas o huertos. En la actualidad, el Consorci cobra el alquiler de las naves que ocupan la zona y utiliza esas rentas para dinamizar la economía barcelonesa.

La llegada de SEAT
Tras la constitución de SEAT en 1950, se decidió levantar la fábrica automovilística junto al puerto barcelonés porque FIAT, el socio tecnológico del proyecto, apostó fuerte por este emplazamiento y no otro en el resto de España, dada su proximidad a los puertos italianos y por la tradición industrial catalana, además de la idoneidad de unos terrenos junto a la Ciudad Condal, el puerto y el aeropuerto. Con esta iniciativa puntera, el Consorci inauguraba, sin ser consciente, un nuevo rumbo hacia el polígono industrial que ahora es y abandonaba el proyecto de zona y puerto francos.

El cambio de rumbo hacia el polígono industrial y el definitivo abandono del puerto franco quedó ratificado en una ley de 17 de julio de 1965 que desafectaba los terrenos anteriormente destinados al proyecto primigenio del puerto franco para destinarlos, una vez urbanizados, para acoger el mayor polígono industrial de España, tras el éxito de los primeros vehículos lanzados al mercado por SEAT. Hasta ese momento, los vecinos del barrio de Santa Eulalia iban a pasar el domingo al faro del Llobregat y a las playas de Can Turis o de la Farola, como entonces se conocían. La alcaldesa de l’Hospitalet, Núria Marín, reivindica ahora una pequeña porción de arena junto al faro como la playa de la ciudad.

En 1971 se instaló en el recinto de Mercabarna, el primer mercado mayorista, el Mercado Central de Frutas y Hortalizas, que antes operaba en el emblemático Mercado del Born. En la actualidad, este mercado vende anualmente más de un millón de toneladas de productos que se distribuyen por todo el mundo.

Una feria híbrida que en octubre acogerá cinco sectores de la nueva economía

La pandemia ha obligado a los promotores de ferias como el Salón Internacional de la Logística de Barcelona (SIL) a aplazar la edición de este año a 2021, al igual que ha ocurrido con otros eventos vinculados, como el eDelivery. No obstante, el Consorci se ha propuesto reinventar la celebración de los salones a partir del lanzamiento de un evento complementario y adaptado a la actual coyuntura socioeconómica: el Barcelona New Economic Week (BNEW), que se celebrará del 6 al 9 de octubre en la capital catalana.

“Se trata de un evento híbrido, tanto presencial como digital, dirigido a profesionales”, explica Pere Navarro, delegado especial del Estado en el Consorci. El evento se centrará en la nueva economía, basándose en cinco pilares: la logística, la industria digital, el real state, el ecommerce y las zonas económicas. La directora general del Consorci, Blanca Sorigué, detalla que el BNEW se basará en aspectos fundamentales, como el conocimiento, el networking, la innovación y el talento. “El evento se ha creado en un tiempo récord, adaptándonos al covid-19”, explica. “Es algo que hace cuatro meses no hubiéramos imaginado”. La idea “servirá para reactivar la economía y dar esperanza a muchas empresas y profesionales, lo que repercutirá en el mantenimiento y creación de puestos de trabajo”, apostilla Navarro.


Retrasada la inauguración de D-Factory 4.0

A finales de este mes de junio estaba prevista la inauguración de la primera fase del D-Factory 4.0, un edificio descrito por Pere Navarro, delegado del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZFB) como la “catedral de la industria del siglo XXI”. Los trabajos se han retrasado con el confinamiento, pero la estructura del D-Factory, levantada en los antiguos terrenos de SEAT, es visible desde la Ronda Litoral. Se inaugurará a finales de este año o principios de 2021, con 17.000 metros cuadrados, pero está contemplado que acabe teniendo 90.000 en una segunda fase. Además de desinfectar las instalaciones, durante la pandemia el Consorci se ha puesto en contacto con todas las empresas instaladas en el polígono para conocer sus necesidades, “no solo aplazando los alquileres a quienes tenían problemas de tesorería, sino también realizando gestiones ante el Gobierno de España para canalizar sus propuestas”, señala Navarro.

El Consorcio de la Zona Franca de Barcelona (CZFB) actúa como “motor económico y fábrica de oportunidades”. Su delegado mantiene desde el año pasado una negociación trilateral con Adif, el gestor de las infraestructuras ferroviarias, y el Ayuntamiento de l’Hospitalet, con el objetivo de dar un nuevo uso a la zona fronteriza con la ciudad, ahora un chatarrero. También insiste en “romper las barreras mentales”, porque “las distancias son relativas” y destaca que la recién inaugurada estación de la línea L10 de metro les acerca aún más.

En cuanto al plan estratégico de la institución, Navarro enumera tres ejes fundamentales: mantenimiento del patrimonio, participación en el desarrollo económico del territorio e integración urbana y sostenibilidad. Dentro de la participación en el desarrollo económico, destaca la incubadora de impresión 3D, la denominada 3D Factory Incubator, creada el año pasado con el objetivo de incubar 100 empresas en cinco años, y que en su primer año de vida ya tiene 35, por lo que en un lustro “quizás habremos superado el centenar”. La incubadora ha tenido un notable papel durante la pandemia, al desarrollar y fabricar un respirador para las UCIs a partir de impresoras 3D.

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