Cada día es más difícil entrar o salir de Madrid; la ciudad se ha blindado a cal y canto para, en la medida de lo posible, proteger a sus habitantes del contagio de la enfermedad que ya ha causado estragos en media Europa”. Madrid, 1834.
Las crónicas de la época nos remiten a una enfermedad que está afectando con especial virulencia a las clases más desfavorecidas de la capital y los barrios más populares. El cólera, que ya había asolado Europa, se ceba especialmente con los más humildes, ya que el brote tiene mayor prevalencia en este sector de población.
En la búsqueda de “culpables” se elaboraron diversas teorías conspirativas acerca de los orígenes y causas del brote asesino. Para la todopoderosa jerarquía clerical de la época, los pobres eran los causantes de la expansión de la peste debido a “…su falta de higiene y la promiscuidad de sus relaciones.”
El clero abunda más en esta teoría haciendo hincapié en que “…el alejamiento de la iglesia por parte del “populacho” y de la vida espiritual… es lo que desencadena el castigo divino que los diezma.”
El pueblo, por su parte, identifica al clero como culpable de la propagación del cólera. Y basa su creencia en que han querido castigarlos, envenenando las aguas que utilizan en el extrarradio, por no haber apoyado a los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón en contra de Isabel II y la regente María Cristina en la 1ª. Guerra Carlista por la sucesión al trono de España.
Lo cierto es que, según estudios de la UNED (Florentina Vidal Gabache, 1989): “La epidemia se cebó entre los más pobres; murieron 4.463 personas, siendo las parroquias que más fallecidos contabilizaron las situadas en los barrios habitados por clases populares (Madrid tenía en 1834 unos 220.000 habitantes).”
En este contexto se desarrolla la trama de esta novela, La Bestia, de Carmen Mola, Premio Planeta 2021. Carmen Mola es el pseudónimo de tres escritores (Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero) que publicaron la trilogía La novia gitana a partir de 2018; algunos críticos y opinadores les señalan como oportunistas por presentarse con nombre de mujer dando a entender que “vende” más un pseudónimo femenino y que priorizan el márketing por encima de la calidad literaria.
Autoría al margen, La Bestia es una gran novela. Muy bien documentada, con rigor histórico, construye una trama con todos los ingredientes de un thriller: suspense, intrigas, tensión emocional…
Cuerpos de niñas aparecen mutilados en los arrabales de Madrid. Diego Ruiz, periodista de El Gato Irreverente, siempre en busca de noticias con las que alimentar a su insaciable editor; Lucía, que junto a su hermana Carla encarnan a dos verdaderas supervivientes de todo; Donoso, policía desengañado de la vida. Todos ellos se acompañarán en la búsqueda de la verdad para desentrañar el misterio de tan terribles crímenes… y en la lucha por sobrevivir en medio de tantas adversidades y condiciones de vida muy hostiles.
El papel preponderante que en la historia que se cuenta tienen las sociedades secretas de carácter religioso, explica de por sí el poder omnímodo que ejercían sobre las vidas de los ciudadanos de a pie.
Para estas organizaciones sectarias las personas eran meros instrumentos a su entero y total servicio en la consecución de los objetivos propuestos que, en puridad, no eran otros que los de siempre: perpetuar el dominio absoluto de los pudientes sobre el pueblo, al cual solo contemplan como útil para servirles incondicionalmente y prescindibles cuando no los necesitan. Nada nuevo en las perturbadas mentes de quiénes a lo largo de la historia se han constituido en defensores acérrimos de las verdades absolutas de la fe que profesan. En ello les iba, y les va, conservar privilegios y prebendas que intentan perpetuar para su exclusivo beneficio.
Tales son los actores de este drama que Carmen Mola construye con ritmo trepidante, combinando la situación propiciada por la epidemia de cólera con las azarosas vidas de unos personajes, que tienen en común ser perdedores, sin más afán que sobrevivir en medio de condiciones trufadas de injusticias y adversidades.
Lo expuesto hace de La Bestia, a mi entender, una novela que merece la atención de los lectores más exigentes.
Por José A. Garrido.