Opinió

Medidas económicas eficaces

Medidas económicas eficaces
La incertidumbre provocada por la crisis económica y financiera internacional requiere un abordaje inmediato, sin más dilación por parte de las instituciones y organismos reguladores, principalmente de ámbito transnacional.
En principio, la crisis de deuda soberana, que amenaza a los llamados países periféricos, se ha convertido en protagonista principal. Algunos como Grecia, Irlanda y Portugal fueron intervenidos y en consecuencia se han visto obligados a ejecutar planes de ajuste de una envergadura considerable.

En Italia, un gobierno liderado por tecnócratas asumió las riendas del caballo de batalla contra la elevada tasa de deuda pública y una prima de riesgo desbocada.

En el caso de España, con un porcentaje de deuda pública respecto al Producto Interior Bruto que es casi la mitad del registrado en Italia, e incluso inferior al de Francia y Alemania, los mercados financieros castigaron notablemente la prima de riesgo, es decir, el diferencial del bono español respecto al más estable, el alemán a diez años.

Aunque resulte paradójico, la evaluación de los mercados no adopta el mismo parámetro, esto es, la deuda pública, sino el endeudamiento privado, y la desconfianza se extiende de manera aparentemente irreversible, generando una escalada del tipo de interés a pagar para financiar la deuda emitida.

El principal problema de la zona euro fue la creación de una moneda única sin un gobierno económico común a los países miembros. Además, en política internacional no existen interlocutores, ni líderes europeos que permitan establecer un diálogo fluido y eficaz con los distintos actores a escala mundial.

En primera instancia y para evitar un contagio de la crisis de deuda soberana, el Banco Central Europeo (BCE) debería comprar deuda de los países en situación crítica, de forma masiva, al igual que la Reserva Federal norteamericana. No obstante, esa acción provocaría una espiral inflacionista, de ahí la urgencia por modificar el régimen estatutario del BCE, de tal forma que no establezca como prioridad absoluta la inflación de la zona euro.

Otra alternativa a la compra de deuda soberana en el mercado secundario, consistiría en que el BCE realizara un préstamo al Fondo Monetario Internacional, y éste comprara deuda soberana de los países en riesgo en el mercado primario, eludiendo así la compra directa de deuda por parte del BCE.

Sin embargo, Alemania se opone a cualquiera de las opciones antes citadas y exige una armonización fiscal y financiera, además de la intervención en los presupuestos nacionales para aquellos países que la incumplan. Esta medida supondría la cesión de una parte de la soberanía nacional, por ello, cabría preguntarse si los integrantes de la zona euro estarían dispuestos a una renuncia de tal magnitud.

Sea como fuere, la gravedad de la situación económica y financiera internacional exige un papel más activo del BCE, sin las limitaciones impuestas desde Alemania. Además, apremia la creación de una deuda única soberana en la zona euro mediante la fórmula del eurobono y, fundamentalmente, la ansiada gobernanza económica que garantice una imagen de solidez en el ámbito exterior, todo ello unido a un control eficaz de las economías nacionales en la regulación del déficit público. ||