A veces, cuando hablo de Dios con algunas personas que han abandonado la práctica religiosa, me doy cuenta que seguramente nunca han tenido la experiencia de encontrarse con él.
Me hablan del aburrimiento de las misas, del miedo al castigo eterno, los pecados contra el sexto mandamiento, la riqueza material de la Iglesia, etc. Sin embargo no recuerdan ninguna experiencia positiva de su fe anterior.
¿Para qué sirve creer?
Los creyentes tenemos los mismos problemas y sufrimientos que todo el mundo. La fe no dispensa a nadie de las preocupaciones y dificultades de cada día. Pero si un creyente cuida en el fondo de su corazón la confianza en Dios, descubre una luz, un estímulo y un horizonte para vivir.
En primer lugar, el creyente puede acoger la vida cada mañana como un regalo de Dios y sabe que no está solo en la vida.
El creyente conoce también la alegría de sentirse perdonado. En medio de los errores y mediocridad puede experimentar la inmensa comprensión de Dios.
El creyente cuenta también con una luz nueva frente al mal. La fe no es una droga ni un tranquilizante ante las dificultades y las desgracias. No se ve liberado del sufrimiento, pero le puede dar un sentido nuevo y diferente y sabe que Dios lo quiere ver feliz en la vida.
¿Por lo tanto, ¿por qué creer?
- Para sentirme acogido por Dios cuando me encuentro solo y incomprendido.
- Para sentirme consulado en el momento del dolor y la depresión.
- Para sentirme invitado a vivir, a amar, a crear vida a mi alrededor a pesar de mi fragilidad.
- Para defender mi libertad y no ser esclavo de ningún ídolo.
- Para vivir abierto a la verdad última de la vida.
- Para no vivir la vida “a medio gas”, a medias. ...
- Para no contentarme en “ir tirando” y no ser “un vividor”.
- Para vivir de una manera más digna y gratificante y no estancarme en la vida.
- Para no perder la esperanza en las personas.
- Para aprender, desde el evangelio, formas nuevas y más humanas de trabajar y disfrutar, de sufrir y de vivir.
El científico ateo Jean Rostand le gustaba decir a sus amigos cristianos: “Vosotros tenéis la suerte de creer” y añadía: “De lo que estoy seguro es que me gustaría que Dios existiera”. ||