Si existe algún partido hegemónico en el Baix Llobregat desde el restablecimiento de la democracia municipal, hace ya 34 años, ese es el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC).
Los ayuntamientos más importantes de la comarca se mantienen como un bastión de los socialistas y una cantera de cargos públicos y de dirigentes orgánicos, aunque desde hace años han empezado a aparecer grietas con la progresiva pérdida de poder.
Es conocido que Carme Chacón fue teniente de alcalde del Ayuntamiento de Esplugues de 1999 a 2003 antes que ministra de Vivienda y de Defensa. Y que Celestino Corbacho, que llegó a ministro de Trabajo, fue alcalde de L’Hospitalet de 2004 a 2008 o que José Montilla estuvo 19 años de alcalde en Cornellà (de 1985 a 2004) antes de acabar en el Ministerio de Industria, primero, y después en la presidencia de la Generalitat.
Pero esta comarca ha generado también los principales cuadros que han gobernado el PSC en los últimos años. Desde el propio José Montilla, que fue primer secretario de los socialistas catalanes durante 11 años, hasta José Zaragoza, su mano derecha en este tiempo como secretario de organización o más recientemente, Antonio Balmón, que compatibiliza el cargo de alcalde de Cornellà con el de secretario de acción política del PSC.
La hegemonía de los socialistas en la comarca no se explica sin una dirección que ha gobernado el partido con mano de hierro, en el que las discrepancias de la línea oficial del PSC apenas afloraron en público y los cuadros díscolos han ido cayendo y han sido apartados. Un buen ejemplo de todo eso es la ex alcaldesa de Sant Boi de Llobregat Montserrat Gibert, quien en 2006 se posicionó en contra de la dirección comarcal del PSC por sus planteamientos nacionalistas y acabó barrida del cargo y sustituida como alcaldable en 2007 por Jaume Bosch, totalmente afín a la dirección.
Gibert como ejemplo
El ejemplo de cómo fue desbancada Gibert ilustra el funcionamiento del partido en muchas agrupaciones locales del Baix Llobregat. En la asamblea local del PSC de Sant Boi fue presentado un documento en el que se hablaba de un “proyecto renovador con un nuevo candidato y un nuevo liderazgo”, toda una declaración de intenciones hacia la alcaldesa. Acudieron 190 militantes, algo insólito en una reunión así y solo 10 apoyaron a la alcaldesa y hubo dos abstenciones. El proceso fue democrático, eso es indudable, pero no hubiera sido posible sin la capacidad de movilización de la militancia, siempre leal a las consignas de la dirección.
El PSC gobierna en la mayoría de las principales alcaldías. En algunas, incluso, con mayoría absoluta, como Cornellà y Sant Joan Despí, con Antonio Poveda de alcalde, que es también el primer secretario del partido en la comarca. Poveda forma parte de esa generación de cuadros del partido que se hizo con la dirección en el congreso de Sitges celebrado en 1994 y que aupó a José Montilla a la secretaría de Organización en sustitución de Josep Maria Sala. Seis años después, Montilla relevaría a Narcís Serra como primer secretario y José Zaragoza se encargaría de la secretaría de organización. El tándem funcionó de 2000 a 2011.
La bicefalia en la dirección del PSC se había ensayado anteriormente en la comarca del Baix Llobregat, donde la disidencia nunca estuvo bien vista y las corrientes de opinión brillaron por su ausencia, a excepción de la tolerada Izquierda Socialista. Con la marcha de Montilla a la presidencia de la Generalitat llegó el desencuentro con sus “hijos políticos”, a los que olvidó a la hora de formar gobierno en la plaza de Sant Jaume y para ocupar cargos de responsabilidad en el ministerio. Y no solo eso, sino que el presidente de la Generalitat desoyó las voces como las de Zaragoza que le reclamaban un menor peso de los sectores catalanistas del PSC en el Tripartito y sí consejeros más alineados con la dirección.
Los socialistas también tienen mayoría absoluta en Cornellà, con 14 de los 25 concejales, y ostentan las alcaldías de Sant Boi de Llobregat, Viladecans, con Carles Ruíz, además de Gavà, donde el primer edil, Joaquim Balsera, ha anunciado ya que no se presentará la reelección. También son alcaldes socialistas los de Sant Just Desvern (Josep Perpinyà), Sant Andreu de la Barca (Enric Llorca) y Esplugues de Llobregat (Pilar Díaz) y lo había sido Xavi Paz en Molins de Rei hasta que cumplió la mitad del mandato y fue sustituido por Joan Ramon Casals, de CiU, en aplicación del pacto de gobierno de hace dos años.
Declive electoral
De haber ocupado las más altas cotas de poder de su historia en todas las instituciones, los socialistas han experimentado un progresivo declive electoral que les ha llevado también a sus cotas más bajas. Y si existe un reducto donde, pese a todo, se mantienen relativamente, ese es el Baix Llobregat. Y no solo eso, sino que L’Hospitalet se ha convertido en la plaza política más importante del partido en Cataluña, al ser la segunda ciudad más poblada de Cataluña y tras la pérdida de Barcelona después de 32 años.
En L’Hospitalet se produce un curioso equilibrio interno en el PSC, después de que Celestino Corbacho abandonase la alcaldía tras 14 años en el cargo para pasar a ser ministro de Trabajo e Inmigración. Corbacho nunca se acomodó a su nueva vida en Madrid y en 2010 dimitió del cargo y regresó a Barcelona para acabar en las listas del Parlament. Ese escaño tampoco le provocó satisfacción política, pues como ha explicado él mismo, tras haber presidido algún consejo de ministros de la Unión Europea y entrevistarse con el presidente Obama, lo del parque de la Ciutadella es más plato de segunda mesa que otra cosa.
Pero la necesidad aprieta y el PSC no estaba para demasiadas alegrías ni cargos que ofrecer a Corbacho, quien amenazó a la dirección liderada por Pere Navarro de volver a desembarcar en L’Hospitalet y reclamar la celebración de elecciones primarias para la alcaldía. Eso le hubiera llevado a competir con la que fue su sustituta y actual alcaldesa, Núria Marín, por lo que Navarro decidió hacerlo presidente del consell nacional del PSC y poco después, asegurarle la continuidad como diputado autonómico.
Pacto de todos contra el PSC
El Prat sigue siendo la asignatura pendiente de los socialistas y algo tiene que ver en ello el carisma del alcalde de ICV Lluís Tejedor y la incapacidad de los socialistas para dar con un candidato acertado y mantenerlo un tiempo. Por lo demás, en estas más de tres décadas de democracia ha ocupado alcaldías en otras ciudades importantes durante algunos mandatos, pero si las ha perdido ha sido seguramente más por la incapacidad de sus alcaldes para gobernar que no por los méritos de los adversarios políticos. El caso de Sant Vicenç dels Horts, donde ha acabado de alcalde el líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, es más que paradigmático, pues en pocas poblaciones se ha producido un pacto de todos contra el PSC.
En todo eso algo tiene que ver la gestión de la que fuera alcaldesa de 2003 a 2011, Ámparo Piqueras, que en la actualidad está siendo investigada por la fiscalía tras el informe emitido por la Oficina Antifraude en que se sostiene que el incremento de sus bienes, valorados en 247.354 euros, no está justificado. Además, se sospecha que Piqueras pudo cometer un delito de falsedad documental, al no facilitar, de forma completa al Consistorio sus bienes patrimoniales, tal y como obliga la ley.
Sant Feliu de Llobregat dejó de ser un hueso duro de roer para el PSC en las elecciones de 2003 cuando Juan Antonio Vázquez se convirtió en el primer alcalde socialista. También imputado en un proceso judicial y acabó cayendo en desgracia, de manera que a mitad del mandato fue sustituido por Lourdes Borrell que acabó siendo desbancada de la alcaldía en 2011.
Castelldefels es otra alcaldía perdida por el PSC, pero en este caso a manos del PP, un hecho insólito en el Baix Llobregat. El histórico alcalde Agustín Marina, afiliado al PSOE desde 1963, dimitió por motivos personales en 2002 después de 23 años con la vara de mando y fue sustituido por el también socialista Antonio Padilla.
La división dentro de la agrupación socialista acabó entregando el ayuntamiento a Manuel Reyes, del PP, con el apoyo de CiU. Marina está imputado actualmente por la justicia por ocho delitos a partir de una información anónima que llegó al despacho de Reyes. Marina clama por su inocencia y asegura ser víctima de un “montaje político”.||