Cornellà

El valor de las palabras

El valor de las palabras
Joan Barrera Síndic de Greuges de Cornellà de Llobregat

Las instituciones vienen cargadas de simbología. La del Síndic de Greuges es sinónimo de derechos, de defensa de los derechos de las personas, de los Derechos Humanos. Se trata de una institución joven, pero útil.

  Incluso me atrevería a decir que necesaria en un momento en que numerosos ciudadanos, atenazados per incertezas y los efectos dramáticos de la crisis económica, muestran desasosiego  al comprobar que no siempre derechos y deberes discurren en paralelo.

No me gusta generalizar cuando explico cuál es la función del Síndic de Greuges de Cornellà, del Defensor de las Personas en esta ciudad del Baix Llobregat. Los ciudadanos, cuando acuden a la oficina a exponer su queja, tienen siempre nombres y apellidos, una dirección, un teléfono y  una circunstancia concreta de lo que genéricamente consideran una injusticia por parte de la administración local o de las administraciones en general. Piden amparo, que se les escuche y se les defienda.

Siempre les digo que el Síndic, el Defensor de las Personas en la ciudad de Cornellà, no tiene una varita mágica, ni la fórmula magistral para resolver positivamente aquellos casos en los que es evidente que se han conculcado derechos ciudadanos o se han producido flagrantes errores administrativos. Pese a todo, y cada vez que repito la frase para evitar falsas expectativas, la respuesta del interlocutor en un momento en que todo se mide por los resultados dimana esperanza.

Es extremadamente positivo que el ciudadano piense que las instituciones son útiles. Que sirven de freno a las desigualdades y  que son un instrumento para garantizar la dignidad de las personas. Lo he repetido más de una vez frente a los que piensan que cuantas menos interferencias mejor y que la ley de la jungla es el  método más eficaz para avanzar. Me parece muy importante poner esta idea sobre la mesa, que avala en primera instancia la función del Síndic y que pone en valor la iniciativa de aquellas ciudades que, como Cornellà, creen que esta figura, independiente y blindada ante las coyunturas políticas, es una garantía de calidad democrática y un acicate para la mejora de la administración municipal.

Utilidad, independencia, calidad democrática, puente con la administración, proximidad, defensa de los derechos de las personas de Cornellà. He aquí los ingredientes básicos de una propuesta al servicio de los ciudadanos, la que representa el Síndic.

Me interesa subrayar estos conceptos sin los cuales no se entendería, desde mi punto de vista, el trabajo cotidiano del Síndic, que va más allá del simple trámite administrativo cada vez que traslada una queja, toma la iniciativa ante situaciones que vulneran los derechos de las personas o recomienda cambios a la administración para mantener el principio de equidad.

Estamos ante una situación social compleja y difícil, de consecuencias económicas imprevisibles, de cambios que perdurarán en muchos años, de crecimiento de las desigualdades, de falta de futuro, de pobreza emergente, difusa y callada que afecta a todos los segmentos de la sociedad.  Y ante esta coyuntura, dramática para muchas personas, conviene que impregnemos la cotidianidad del día a día con los valores de la justicia, de la igualdad, del máximo respeto a las personas para que el futuro sea sinónimo de esperanza.

Cuando alguien me pregunta cuál es la función del Síndic mi respuesta es siempre la misma: evitar que los derechos acaben en palabras huecas.