E n las ‘Memorias de un menestral de Barelona. 1792-1854’, Josep Coroleu trata de explicarnos de manera amena, unos años difíciles de la vida barcelonesa, desde la óptica de un sastre, hay poca ficción y mucha realidad en su relato. También en EEUU el periodismo local ha puesto en valor los puntos de vista de gente corriente que ha vivido desde una perspectiva especial acontecimientos de gran importancia histórica: sea el esclavismo, la guerra civil y otros grandes temas, que han llegado hasta el cine. En la antropología cultural y por supuesto en la sociología, abundan los apuntes biográficos que suministran datos de gran valor, de personajes aparentemente secundarios. Aparte, vamos a acercarnos a las vivencias de Frederic Borràs, un nonagenario (90 años) que ha alcanzado una edad que la mayoría de sus compañeros de ‘quinta’ no consiguen. Es un hombre casado, con dos hijos y cuatro nietos, y toda la familia vive en proximidad.
Frederic, nacido en la misma casa donde vive, en la plaza de la Vila, antes Plaza Bosch, nombre de un propietario generoso, es un lugar que ha cambiado poco en su paisaje urbano y humano. Tal vez el sedentarismo, sea un estímulo vital. Aunque sus padres emigraron de la Cataluña profunda hasta Sant Boi que les ofrecía más posibilidades. Su padre procedía de un pueblito, Ginestar de la Ribera del Ebre, mientras que su madre, por contra, venía de Tost, un pueblito montañés de cuatro habitantes en la zona del Alt Urgell. Tras conocerse y casarse se trasladaron a Sant Boi en 1935, donde su padre abrió la barbería en los bajos de su vivienda.
Frederic, naciste el 2 de abril de 1936, en vísperas de la Guerra Civil. ¿Era un tiempo convulso para, nacer?
Así es. Poco después sufrimos las consecuencias de todo el enfrentamiento armado.
¿Consecuencias?
Sí. Nos colectivizaron la barbería abierta en 1935 (la UGT) y optamos por irnos y refugiarnos en el Alt Urgell con mis parientes. Mi padre hizo la guerra con peripecias diversas.
Acabada la guerra, decidisteis volver a Sant Boi, ¿por qué?
Teníamos bienes que recuperamos y, aunque precariamente, las posibilidades de mejorar en la vida eran mayores que en la montaña del Alt Urgell.
Sant Boi durante la guerra hasta cambió su nombre por “Vilaboi”, emitió papel moneda, colectivizó fábricas, comercios, tierras y hasta el Canal Dreta y recibió la visita de Ilya Ehremburg, corresponsal de guerra sovietico, que se escandalizó de las graves desavenencias de anarquistas y comunistas. Lo relata en esus Memorias.
¿Percibías algún hecho especial? ¿Tienes algún recuerdo del periodo bélico?
Tenía tres años y la verdad es que no tengo recuerdos especiales fijados en mi memoria infantil. A posteriori, sí que evocas hechos como es el caso del reciente homenaje a los 3.000 enfermos mentales muertos en el manicomio por desnutrición (1936-39). Los veteranos siempre supimos la verdad. Recuerdo hasta 1943 el aislamiento de Sant Boi con dos puentes caídos por voladura. Y en 1971, por inundación.
Todo era muy precario en la post-guerra, ¿cómo salisteis adelante?
En 1941, mi padre ingresó como Pregonero en el Ayuntamiento de sant Boi con el alcalde Ferrán. Era un oficio muy necesario en aquel momento de nuevas disposiciones administrativas que afectaban a todos. Tocaba una trompetilla avisando de los Bandos. Hay que tener en cuenta los muchos analfabetos existentes. También ejercía como alguacil. Después fue administrativo en el matadero (21 años) y más adelante se convirtió en subjefe de la Guardia Urbana.
¿Tus estudios, tu periodo escolar cómo fueron?
Estudié cerca de casa en la Academia Llobregat muy severa en su orientación didáctica y optamos al final por la Academia Albella, donde hice los estudios primarios y de comercio.
En esta época proliferaron las academias libres, a cargo en ocasiones de ex-maestros nacionales, depurados, que preparaban para los exámenes oficiales de los Institutos. Sus cuotas eran asequibles para la clase trabajadora, aunque sus enseñanzas se impartían con mucha disciplina y castigos físicos.
Era una época de trabajar temprano, en tu caso ¿cómo te fue?
Traté de opositar como bancario, pero a los 15 años empecé a trabajar como barbero-aprendiz en una barbería cerca de la Estación del Norte de Barcelona. Era una zona de mucho trasiego humano y propio del momento. También existían duchas para un aseo completo.
En esta etapa, Barcelona se tuvo que dotar de Baños Populares, por orden del gobernador, para evitar las diversas epidemias debidas a la falta de higiene.
¿Cuánto tiempo duró tu aprendizaje?
Estuve aprendiendo el oficio, mucho más libre que en casa, y en este periodo a la hora de comer iba al cercano “parque de las fieras” (después, Zoo), que tenía la entrada libre. Allí recuerdo en especial las atenciones capilares que se dedicaban los grupos de chimpancés y mandriles entre sí. Por otra parte tan parecidos a nosotros en la escala evolutiva.
Años más tarde, el eminente etólogo inglés Desmond Morris (muerto el 19 abril 2026 con 98 años), zoólogo y notable pintor y amigo de Joan Miró, con su libro El mono desnudo revalorizó el papel de los barberos como figuras importantes y de confianza para el acicalamiento y atracción sexual. Los humanos somos primates evolucionados dentro del más puro darwinismo, según él y muchos otros.
¿El servicio militar lo hiciste en una barbería, tal vez?
Así fue. Lo hice en el cuartel de Santa Eulàlia, en Sant Boi, en la barbería del cuartel, donde siempre había trabajo, dada la importancia de la higiene cuartelaria y medidas disciplinarias.
Acabada la “mili”, ¿vuelves a vuestra barbería?
Sí, valía la pena el asunto. Sant Boi casi triplicó su población en poco tiempo. Aún así me saqué por oposición en 1971, por si acaso, una plaza de “mozo de matadero”. Eran dos trabajos, de hecho. El matadero, aún hoy en ruinas, era un edificio plano de 100 escasos metros, cedido por el barón de Jafre (familia Torrents). Yo allí me encargaba de los despieces y los recortes para el veterinario y de los recuentos de tasas por el uso de la instalación. Pero en 1976 se cerró la instalación por desfasada y la actividad se trasladó a Mercabarna. Fui recolocado en Reprografía.
La clau
“En el Ateneo bailábamos desde el tango al swing”
Llega el momento de hablar de tu gran afición a la música en intenso y en extenso...
Efectivamente. Sin gran tradición familiar, desde 1957 a 1962, fundé un trío de armónicas que actuábamos retribuidos en festejos populares. Muchos años después mi hijo creó un trío de canto a capella, con éxitos. Mi hija es profesora de música. Y mi mujer (62 años casados) tiene la carrera de piano. Yo sé solfeo y tengo voz de tenor. Digo todo esto porque la música es para mí clave, en mi entorno personal. Lo mío entronca con el movimiento coral iniciado por Clavé (1824-74) , un menestral que fue tornero y que, siguiendo el ejemplo inglés y alemán, arrancó a las clases trabajadoras del embrutecimiento gracias a los coros que tuvieron a veces proyecciones políticas. Yo cofundé la Coral “Renaixenca” en 1973 a través de la APA de las Vedrunas. Y ahí empezó un largo recorrido por el Este de Europa y España que nos sirvió para mejorar y establecer contactos.
A modo de improvisación musical, ¿quiénes son los mejores?
De canto: la Caballé, Carreras, la Netrebko, Alagna. Directores: Simon Rattle, Abbado, Barenboim, también Josep Pons. Canto popular: Gloria Lasso, Machín, Guardiola, Luis Mariano, Becaud. Permíteme evocar la pista de baile del Ateneo (hoy en ruinas) donde tantos bailamos desde el tango al swing.
¿Un hecho musical chocante ocurrido en Sant Boi?
Hubo dos actuaciones en el Ateneo de la banda musical del USS. Forrestal (portaviones) con un programa de marchas militares, que tuvo un gran éxito.
¿Y con la barbería que ocurrió?
Yo había destacado en Sant Boi como barbero con el corte esculpido a navaja, pero la irrupción de los Beatles, con sus melenas, me provocó un descenso de clientes muy importante, los jóvenes se apartaron de las barberías, para lucir el cabello muy largo y se hacían los arreglos mínimos ellos mismos. Decidí replegarme.
¿En ese momento clave, cuántas barberías había en Sant Boi?
Del orden de 15 barberías, que teníamos nuestra reunión anual para fijar tarifas en el sindicato vertical y se mantenían unos precios estables. Recuerdo los cortes para familias enteras en sus domicilios, en el seminario claretiano y otros grupos... Tuve un empleado fijo y diversos eventuales, según el momento.
¿Vale la pena considerar lo que significa el poste tricolor de las barberías para muchos hombres?
Es un lugar de alivio higiénico y hasta psicológico, para muchos. Se te atiende, se te escucha seguro y a la salida te sientes mejor. Durante el servicio, puedes callar o hablar con el cliente, según prefiera. Solía haber prensa y revistas para las esperas y hasta tertulias animadas.
¿Crees en la actualidad, que hay semejanzas entre las barberías de tu época y las actuales?
La hay en lo básico, el corte de pelo, pero existe un trasfondo muy diferente. (Fíjate en el Covid-19 como se flexibilizó la cuarentena). Para empezar el gran Iranzo introdujo la psicoestética: un servicio de imagen para el cliente que incluía extras: masajes, depilaciones, tintes diversos. Hay las peluquerías unisex, las étnicas, las cadenas de estilo y precios iguales. Sobre los precios hay una gran diversidad, desde los cinco euros hasta los 45 euros, precios sin regulación. Yo al retirarme regalé mis instrumentos a un barbero marroquí, es un ejemplo del cambio.
Respuestas rápidas en asociación libre: el mejor alcalde de Sant Boi, el mejor paisaje, el mejor escritor y el mejor compositor.
La mejor alcaldesa: Montserrat Gibert. Mejor paisaje: el Parque Marianao, de Sant Boi. El mejor escritor: Vicente Blasco Ibáñez y el mejor Compositor: Beethoven.
Menestral: persona que ejerce un oficio manual o artesano. En este caso no tan solo eso. III
