Es lo mismo estar solo que sentirse solo? Evidentemente no, aunque bien pueden darse las dos circunstancias al mismo tiempo. A buen seguro que este interrogante no es original ni ha surgido en la época actual. Desde los inicios de la humanidad el ser humano, en su complejidad, ha evolucionado en todos los aspectos y, por supuesto, el territorio de las sensaciones y de los sentimientos lo ha hecho acompañando al crecimiento personal de cada individuo. Cada época, cada civilización, representa un universo de cambios en la forma de vida y en la manera de transitar por la existencia. Con muchas coincidencias, pero también con gran variedad de matices que hacen que la orteguiana frase “yo soy yo y mis circunstancias” adquiera un valor unipersonal puesto que cada uno de nosotros vive su propia realidad.
Actualmente, el vértigo de los acontecimientos cotidianos hace que no siempre seamos conscientes de las “circunstancias” que acompañan a personas que, aun formando parte de nuestro entorno familiar o vecinal, se diluyen entre el marasmo de actividad en el que la mayoría estamos instalados en nuestro día a día.
Es este frenético transcurrir el que con frecuencia camufla las condiciones en las que viven tantas personas que, estando en nuestro paisaje vital, apenas reparamos en su presencia. Y aquí empieza a adquirir categoría de drama el estado en el que viven muchas de ellas. No solo están solas, sino que sienten sobre sí todo el peso de la soledad no buscada, aunque haya casos que así lo han decidido como opción de vida.
Este es el territorio propicio para aquellos que, aprovechando la falta de acompañamiento que muchos padecen, buscan en esa ausencia la oportunidad de asediar la intimidad emocional de personas muy vulnerables por las características que reúnen: solos…y sintiendo con angustia esa soledad.
Oportunistas, embaucadores, estafadores, gente sin escrúpulos y con total falta de ética los ha habido, hay y habrá en todas las épocas históricas. Pero, en los tiempos presentes, en la edad dorada de los avances tecnológicos, en el mundo virtual y casi anónimo que nos ofrecen las redes sociales, estos especuladores y timadores han encontrado el caladero y el acceso directo a la vida de personas que, de repente, “encuentran” tanta compañía y comprensión como necesiten. Así de fabuloso es el universo que se abre ante aquellas criaturas que creían que no interesaban a nadie. Y comienza el drama…
ROSA RIBAS (El Prat de Llobregat, Barcelona, 1963) en su última novela, LOS VIEJOS AMORES (Tusquets editores, 2025) profundiza en esa soledad, buscada o sobrevenida según los casos, para construir un relato que pone de relieve algunas de sus consecuencias más dramáticas.
Ribas, escritora con una trayectoria exitosa desde que en 2006 publicó su primera novela, El pintor de Flandes, ha encontrado en la novela negra su hábitat literario más propicio. Con la reportera Ana Martí, protagonista de una trilogía, alcanza un notable éxito entre los amantes del género. Es en 2019 cuando aparecen los Hernández, una familia de detectives privados del barrio de Sant Andreu, en Barcelona, que se convierten en los protagonistas de las tramas que desarrolla Rosa Ribas alrededor de tan peculiar familia. Mateo (el padre), Lola (la madre), Nora y Amalia (las hijas), Ayala (socio, amigo y pareja de Amalia), la tía Claudia (hermana de Mateo) …conforman el elenco que hacen de las investigaciones que llevan a cabo el motor que mantiene el trepidante ritmo de vida en el que están instalados
En LOS VIEJOS AMORES convergen varias tramas que hacen de la vida de los Hernández un circuito pleno de obstáculos.
Estafadores del amor, como hilo conductor de la novela, empleados desleales, personas que necesitan saber de los éxitos y fracasos de la vida de sus conocidos para evaluar la propia…son las historias alrededor de las cuales la autora proyecta, en paralelo, las variadas miserias personales que habitan en la sociedad. También en la familia Hernández y sus allegados.
En resumen, Los viejos amores, de Rosa Ribas, me ha parecido una lectura muy recomendable para que l@s lector@s empedernid@s disfrutemos de felices momentos lectores…y nos mantengamos alerta de lo que acontece en nuestro entorno de proximidad. Tal vez podamos ayudar a mejorarlo. III
